De inmigrantes anónimos en los parques a héroes deportivos en la India
November 10, 2010
Nueva Delhi, 6 abr.- Un grupo de emigrantes indios que se reúne los sábados en un parque de Barcelona compone la primera “selección” española de “kabaddi”, un curioso deporte que concita estos días a decenas de miles de espectadores en el noroeste de la India.
El capitán, Malkit Singh, y sus muchachos han viajado hasta la región india de Punjab, donde su “selección” se está enfrentando con solvencia pero sin suerte a potentes equipos de la disciplina, como Canadá o Pakistán, en la Copa del Mundo Kabaddi-Punjab 2010.
“Jugamos en un parque cerca de la Plaza de España de Barcelona. Nuestra nacionalidad es india. Lo que pasa es que el Gobierno de España no nos ayuda. En España sólo interesa el fútbol, y a mí me gusta, pero mi deporte es el kabaddi”, dijo a Efe el capitán, contactado telefónicamente.
Todos los integrantes del equipo “español” se apellidan Singh, como es tradicional entre los fieles de la religión sij, concentrada en el Punjab, y reparten su residencia entre Barcelona, Alicante o Palma de Mallorca.
Su afición, el “kabaddi”, es un deporte de contacto en el que, por turnos, un equipo de cinco a siete miembros dispuesto en una mitad del campo intenta atrapar a un atacante solitario del equipo contrario, cuya tarea es “eliminar” con un “toque” a cada uno de sus oponentes.
Durante sus maniobras en terreno del contrincante, el atacante debe contener la respiración, por lo que es tradicional que el jugador repita sin cesar la palabra “kabaddi” como forma de demostrar que no respira, antes de volver a su campo.
Esta versión sofisticada del “pilla-pilla” hispano está atrayendo a los estadios, según la organización de la Copa de Punjab, una media de 22.000-25.000 espectadores, aficionados a un juego que concitará, si acaso, la atención de algunos curiosos en los parques de Barcelona.
Y quizá porque su único requisito es disponer de un campo abierto, el “kabaddi” es popular sobre todo en las áreas rurales de Punjab, donde el Gobierno regional ha decidido organizar el primer mundial para “apartar a los jóvenes de las drogas”, según la organización.
“Hay pueblos donde el 50 por ciento de los jóvenes consumen drogas, así que pensamos en el deporte como alternativa. Además, así podemos unir a nuestra gente de la diáspora”, dijo a Efe por teléfono el director de Deportes de Punjab, Pargat Singh.
Según el director, la organización se vio obligada a contactar con equipos no profesionales en áreas del mundo con presencia significativa de la comunidad punjabí, ya que el “kabaddi“, de amplia tradición en varias zonas de Asia, sigue siendo desconocido en Occidente.
Por eso, dice la organización, los equipos se ajustan como un guante a las zonas del mundo con más emigrantes punjabíes, y aparte de la India y Pakistán, provienen de los países receptores tradicionales de esta etnia, como Canadá o EEUU.
Aunque digna, la andadura de estos “españoles de adopción” está siendo insuficiente: el equipo cayó ante Canadá por 68-28 en el partido inaugural del campeonato y más tarde fue derrotado por el Reino Unido, aunque con un más ajustado 37-28.
“Sí, hemos perdido los dos primeros partidos, pero es que tuvimos problemas con el equipo. Muchos no han podido venir porque habrían perdido sus trabajos”, se lamentó el capitán, que ha pasado tres años en España pero tiene aún dificultades con el idioma.
El campeonato comenzó el pasado día 3 y acabará el 12 con un suculento premio de diez millones de rupias (unos 167.000 euros) para el ganador, aunque el equipo de Malkit Singh se embolsará 500.000 rupias por el mero hecho de participar.
Y luego, llegará la vuelta a sus vidas: “Me gusta jugar al kabaddi, pero lo que de verdad necesito es ayuda para conseguir un empleo”, dijo a Efe el jugador “español” Shamsher Singh, pocas horas antes de enfrentarse hoy a los “kabaddistas” de Pakistán
El críquet sirve de excusa para enzarzar a la India y Pakistán
November 10, 2010
Nueva Delhi, 30 ene.- Manifestaciones, protestas contra actores y suspensiones de visitas bilaterales son las caras de la última polémica entre la India y Pakistán, a raíz de un boicot de la Liga india de críquet (IPL) contra los jugadores paquistaníes.
El críquet, indiscutible “deporte rey” en el sur de Asia, ha servido en el pasado para limar asperezas y reducir tensiones bilaterales a ambos países, que disponen del arma atómica y se han enfrentado en varias guerras desde su independencia del Imperio Británico, en 1947.
Pero la “diplomacia del críquet” quedó torpedeada la semana pasada durante la subasta de jugadores para la popular IPL, cuando ninguno de los criqueteros paquistaníes -de calidad contrastada- fue seleccionado por los clubes indios.
“En cualquier sociedad civil debería haber un diálogo, y jugar al críquet como parte del diálogo con Pakistán es importante”, valoró a la agencia india IANS el ex secretario de Exteriores paquistaní Shyam Saran durante una visita a la India.
El jefe de la IPL, Lalit Modi, se apresuró a desmentir cualquier “conspiración” y más tarde la organización dejó entrever que los clubes no pujaron porque temían no disponer de los jugadores, a causa de las malas relaciones entre la India y Pakistán.
Pero sus explicaciones no parecieron convencer a decenas de paquistaníes que se manifestaron en las calles de Lahore (este) y quemaron muñecos con la figura del ahora non grato comisario, al que consideran el auténtico responsable de lo sucedido.
Y, lejos de contribuir como hasta ahora en la distensión de las relaciones bilaterales, el boicot ha traspasado las fronteras deportivas y ha llevado a un nuevo rifirrafe a los Gobiernos de Pakistán -cabreado por la “falta de respeto”- y de la India.
“India o cualquier otro país que no respete a Pakistán será tratado por nosotros de la misma manera”, dijo en caliente el titular de Interior, Rehman Malik, a varios canales paquistaníes tras conocer el resultado de la subasta liguera.
“Si existe un deseo para mejorar la amistad indo-paquistaní, hay que dar respeto a los deportistas paquistaníes”, añadió.
Desde la India compareció el ministro de Exteriores, S.M. Krishna, quien afirmó que el país concedió visados a 17 jugadores paquistaníes y dijo que su Gobierno no tuvo “nada que ver con la IPL ni la selección de los jugadores”.
“No sé por qué los equipos de la IPL han actuado así. Los amantes del críquet están enfadados. Podría haberse evitado”, terció al canal Timesnow el ministro indio de Interior, P. Chidambaram.
La nueva controversia del críquet ha dificultado las perspectivas de un diálogo bilateral, ya muy debilitado tras el ataque terrorista de Bombay en noviembre de 2008, atribuido por la India a grupos insurgentes que operan desde Pakistán.
Tras la subasta del críquet, Pakistán ha cancelado la prevista visita a la India de una delegación parlamentaria porque, según dijo la presidenta del Parlamento paquistaní, Fahmida Mirza, los jugadores fueron víctimas de una “conspiración planeada”.
Y la posible última -y curiosa- víctima colateral de la polémica ha sido la feria del libro de Nueva Delhi, que comienza hoy en la capital india pero sin la presencia de la Fundación Nacional del Libro de Pakistán, que se descolgó a última hora.
Sobre el boicot del críquet se han pronunciado escritores y activistas destacadas, como la paquistaní Asma Jahangir, y, por supuesto, los actores de Bollywood, el otro gran imán para las masas del subcontinente.
Se han mostrado tibiamente a favor del boicot Shilpa Shetty y Preity Zinta, actrices co-propietarias de dos equipos de la liga, pero lo ha criticado otro actor, Shah Rukh Khan, que se ha ganado de paso un boicot de los integristas hindúes de la formación Shiv Sena.
En una ocasión y en pleno auge de la diplomacia del críquet, el primer ministro indio, Manmohan Singh, afirmó ante el Parlamento de su país que nada acercaba tanto a la gente del subcontinente como su “amor por el críquet y Bollywood“.
Pero Nueva Delhi e Islamabad se han visto obligados estos días a hilar fino para no romper su curioso canal de diálogo en las pistas y dejar que las cosas, como ha dicho el primer ministro paquistaní, Yusuf Razá Guilani, “vuelvan a estar bien con el tiempo”.
De castas y colores en la India urbana
October 19, 2009
Cuando las ciudades se hagan con la centralidad cultural de la civilización india, las castas perderán su preponderancia, asentada con más solidez en la India rural. En las grandes ciudades -indias o euroamericanas-, los contactos personales cotidianos son mucho más flexibles y menos identitarios. Con un mero intercambio visual o una breve transacción de servicios, no hay manera de adscribir una persona a la casta rajputa, por poderoso que fuera su sentimiento de pertenencia o mi deseo de averiguarlo. La casta no deja marcas étnicas y opera como un magma que supera brechas lingüísticas, regionales y, en algunos casos, hasta religiosas y laborales. Por eso se diluirá cuando deje de ser útil. Pero esta verdad, intuitiva si no fuera porque la suscribe una parte no desdeñable de los sociólogos indios, no significa que vaya a desaparecer la desigualdad, así, de un plumazo.
En los últimos años, la élite india se precia de que su poder adquisitivo y cultural ha acortado la distancia con respecto a Occidente. Y en un sentido, tienen razón: en la India urbana es mucho más efectiva la clase como instrumento de segregación social (¡si me escuchara Lenín!), el tradicional cleavage entre el rico y el pobre, más atento a las disquisiciones de bolsillo y consumo que de cuna e hidalguía. Esto lo comprobé de lleno en la pasada fiesta del Dashera, apología del bien sobre el mal. Cada año, la autoridad de la barriada monta un escenario improvisado, con unos centenares de sillas de terraza y tres gigantescos diablos cabezones que irán directos a la pira fallera una vez que el dios Ram concrete su victoria sobre el demonio Rávana.
De la suma de representación teatral, parafernalia religiosa y final quema de los malísimos, el resultado es la típica riada humana que colorea cada festival religioso de la India. Pero esta vez había guardas vigilando el paso y requiriendo selectivamente un supuesto ticket gratuito. Esto lo supe luego –pasé la barrera improvisada sin saber nada de la historia. Al ver cómo se organizaba el respetable, empecé a comprender que lo estaba pasando: el parque se llenaba de “kameez” de seda, jóvenes en vaqueros y niños con criada. Y contra la verja, se apiñaba luchando por ver algo la casta de los sirvientes: los ruidosos adolescentes con ropa chillona, los saris de tela mala, o sea, la gente repeinada con el cabello apegotado de bañarse en barreños sin bote de champú.
Los guardas, más que organizar el acceso, estaban separando el grano de la paja, la India que manda de la que no cuenta, con la excusa de un ticket que a mí ni me pidieron porque no existía. Es que tú no tienes mala pinta, llegó a decirme un vecino con un argumento de garito nocturno. This is India, my son. Es verdad que con el tiempo de espera, la alerta del guarda se relajó y los chavales más avispados lograron, de una forma u otra (escalando verja, despistando al vigilante) entrar en el parque y apuntarse al jolgorio, aunque sin derecho a silla. Pero para entonces, yo ya había olvidado al dios Ram y me encontraba ocupado observando a los sirvientes Ram y Sita Prasad, de Nueva Delhi.
Los Ram y Sita que harían suyas las palabras de Balram, el chófer de la novela premiada con el Booker británico “Tigre Blanco”, hablando de la camiseta de su jefe: “No era como la camiseta que yo llegaría a comprar en una tienda. La mayor parte de ella estaba vacía y blanca, y había un pequeño diseño en el centro. Yo habría comprado algo muy colorido, con un montón de palabras y diseños en ella. Más valor por el mismo dinero”. A los tigres blancos se les reconoce por su ropa de diseños recargados, líneas turbulentas de inequívoco bajo precio; y también por la piel más oscura, de trabajar a pleno sol, empleados como chicos de los recados, chóferes, limpiadoras. En todos los casos, con sueldos que causan sonrojo y una vida que sólo excepcionalmente se eleva por encima del rasero de dignidad.
La primera mención histórica de las castas o varnas (“colores”) primordiales está en el mítico “Rig Veda“, cantos con más de 3.000 años. Pero en la India actual de las ciudades septentrionales, la brecha visual no es de varna, sino de ropa y sobre todo de sol, en función de la bien valorada tez suave de las clases sociales altas –hay cremas blanqueadoras en cada tocador para esta lucha constante- y la tez agromán de la gente de sueldos por debajo de 100 euros, que tiene tan prohibida la entrada en los centros comerciales como la mención de su existencia en la India de la “historia de éxito”, es decir, la versión que sus élites se esfuerzan por vender en el exterior y ser así tomadas en serio en los foros internacionales.
“En la India –decía el otro día el sociólogo Dipankar Gupta- los ricos dependen de los pobres. No podrían vivir en su nivel sin ellos. Tome como ejemplo el sector de las tecnologías de la información, supuestamente una historia de éxito. Ellos mismos reconocen que sus beneficios provienen de los escasos costes laborales, y que se basan en tareas de nula formación técnica. Conozco grandes ricos que dan dos dólares de propina al portero del hotel y al mismo tiempo se enfurecen cuando un sirviente les pide un pequeño aumento”.
Campañas propagandísticas y libros de mantra empresarial aparte, ahí van los datos: según el Banco Mundial (2005), el 41,6 por ciento de los indios viven con menos de 1,25 dólares diarios, la línea internacional de pobreza (según el indicador nacional indio, el porcentaje baja hasta el 27,5 por ciento). Las cifras son alarmantes, pero además hay que ponerles dos cláusulas. La primera es que vivir con más de 1,25 dólares al día no significa que uno viva con desahogo. Si ponemos el límite en 2 dólares diarios, resulta que el 75,6 por ciento de la población india no lo rebasa: esto quiere decir que en la India, 800 millones de personas viven con menos de dos dólares al día. La “great indian middle class” (gran clase media india) es menos grande en una sociedad donde sólo el 3 por ciento de la población posee un coche.
La segunda puntualización se refiere al modelo indio. Como recuerda el propio Gupta en su libro “The caged phoenix“, esa forma de medir la pobreza es un triste eufemismo, porque lo que marca la línea es si la gente puede comprar la comida suficiente como para garantizar su propia supervivencia. Esto quiere decir que ese 27,5 por ciento de la población incapaz de llegar a la cantidad fijada por el rasero no está solo en condiciones de pobreza, sino de pura inanición. O sea, mal que bien, pasando hambre.
En la ciudad, aun siendo refugio del cuarto mundo, la situación no es tan dramática y urgente como en las zonas rurales más depauperadas. El grueso del crecimiento indio en los años postreforma se lo ha llevado la cúspide de la pirámide, es decir, las empresas manufactureras y del sector servicios. Pero esto no quiere decir que los pobres de las urbes no estén sometidos a un drama brutal. En plena fiesta del Dashera supe de la muy ilustrativa historia de una de las planchadoras de la zona: tuvo la suerte o mala suerte de dar a luz a una niña de piel muy blanca, una característica tan apreciada –a las chicas de piel clara se les presupone un futuro marido mejor posicionado y mayor consideración social- que su vecina la raptó y trató de arrebatársela, hasta que intervino la Policía para poner paz y nada más .
Miento, para algo más: sólo unos días después de la fiesta en el parque, tuve ocasión de presenciar qué tipo de plaga aqueja a la Policía. Era noche de mercado y una patrulla de agentes andaba apostada junto a los tenderetes, especializados en los petardos del Diwali (la fiesta de las luces). A las diez de la noche, hora de cerrar, se entabló una susurrante discusión entre las vendedoras –todas mujeres, en un ir y venir silenciosamente agitado- y uno de los agentes, apoyado discretamente en un poste junto a la carretera. “Nos piden –me confesó una de las ellas- 500 rupias para dejarnos continuar una hora más de venta”. Haciendo honor a la demoledora reputación policial entre los pobres, víctimas principales de la corrupción y el pago de sobornos, una pasó un billete al bolsillo del policía, apellidado Bhardwaj (según la placa), al fin y al cabo otro superviviente.
El poder de los agentes de barrio –piel curtida bajo el sol, para más señas- llega a la gente del barrio: la Policía no hablaría jamás de la misma forma a los tigres blancos sometidos al jornal diario que a sus amos. Ricos y pobres están estrechamente conectados, pero la segregación social es la del calibre que separa al ciudadano del súbdito, cierto que con el paréntesis ocasional de las elecciones: unos salen de los centros comerciales, los otros siguen fieles –no pueden elegir- a sus polvorientas “dhabas” de tés a cinco rupias.
Un país tan grande –se indignarán con razón los estudiosos- es mucho más que la brecha de clase, es simplista reducirlo a una dicotomía de ricos y pobres. Vale, la desigualdad por razón de riqueza explica sólo una parte de la India, pero tiene una importancia fundamental: las castas, las religiones, las lenguas, los dimes y diretes regionales operan en el interior de la India y fundamentan la organización del país. También las clases: pero además, añaden que de cara al exterior son los más pudientes –entre quienes se cuenta la muy poderosa diáspora- quienes actúan como embajadores del país, porque con sus usos más cercanos a Occidente manejan la estrategia de su relato nacional.
Me explico con un ejemplo: al poco de llegar a la India, me sorprendían los abracadabrismos de la prensa anglófona, que es la que usan (usamos) los occidentales para tomar el pulso al país. En la calle, yo veía riadas de gente bregando por la supervivencia, el constante recurso a los trucos de Lazarillo de Tormes. Pero los medios estaban muy lejos, más ocupados de los hechos consuetudinarios que acontecen en la rúa: ayer ganamos el mundial de críquet, hoy llegamos a la luna, todo el mundo admira el poder de la India, la pobreza –les falta decir- es un invento de Pakistán para desestabilizar al país. Luego comprendí el truco: para muchos lectores (los lectores de élite, que son los que se expresan en inglés), la pobreza ha pasado a formar parte del atrezzo, es un elemento del paisaje con la que uno lleva conviviendo (“estrechamente conectados”) desde el nacimiento, y por lo mismo, en general no es material-noticia. Lo que hay que contar -vienen a decir- es que la India ya es una historia de éxito.
La gran paradoja de las élites indias a este respecto es que, mientras practican un salvaje dumping social dentro de sus fronteras y aprovechan los bajos costes de la sirvienta de la cocina y del botones de la empresa, intentan a la vez silenciar o bajar el ruido de su existencia y de la de los cientos de millones de pobres que todavía hay en el país. El propio ministro de Interior –antes de Finanzas-, Palaniappan Chidambaram, llegó al malabarismo de decir que la India no es un país pobre, sino un país en el que “el grueso de la población es pobre”. También dijo –le doy la razón- en que si la administración añade a 200 ó 300 millones de personas al mercado productivo, el producto interior bruto del país saldrá disparado. El dilema está en si para ello las autoridades empezarán a enviar tickets a los tigres blancos para la próxima función teatral. Porque hasta ahora, la mejor forma que tienen todavía los sirvientes de disfrutar la fiesta es tirando los petardos del Diwali comprados por el amo, para que su heredero se divierta sin peligro.
Supuestas torturas del Ejército de Pakistán
October 3, 2009
El vídeo muestra la paliza que supuestos soldados del Ejército paquistaní propinan a varios residentes de áreas bajo control/o con actividad talibán. Se desconocen el lugar y la procedencia del vídeo, pero las tropas paquistaníes emprendieron hace meses intensas operaciones en el valle de Swat (norte) y se preparan para lo mismo en las áreas tribales fronterizas con Afganistán. Se calcula que varios miles de insurgentes y civiles han muerto, y que cientos de miles de personas perdieron momentáneamente sus hogares. Los talibanes de Pakistán habían adquirido un poder inimaginado hace una década; la cuestión es si con el trato que el Ejército da a la población no se les espolea más que se les debilita. El Ejército ya ha abierto una investigación para determinar la autenticidad del vídeo y, si las hubiere, depurar responsabilidades. Pakistán sigue siendo el eslabón más débil de la cadena.
Desierto de Thar
September 16, 2009
En la imagen, el Desierto de Thar, sobre el que discurre la frontera entre la India y Pakistán. Ambos países mantienen un contencioso fronterizo que data de la Independencia y partición del subcontinente, en el año 1947. Pero en Thar la tensión no alcanza el nivel que tiene en Cachemira. Esta zona, en la región india del Rajastán, cuenta con una población escasa y dispersa. Las estribaciones de Thar fueron el lugar elegido por India para sus pruebas atómicas de 1998, que fueron condenadas por la comunidad internacional.
Se casa la mujer paquistaní violada en masa que denunció a sus agresores
April 10, 2009
Nueva Delhi, 19 mar 2009.- Fue violada en masa por orden de un consejo tribal pero, a diferencia de muchas mujeres paquistaníes, Mukhtar Mai lo denunció y acudió a los tribunales de Pakistán, donde, tras años de lucha contra el tabú de la violación, acaba de casarse con el policía que la protegía.
“Es el sueño de cada mujer: casarse y tener una vida normal y asentada”, dijo a Efe en entrevista telefónica Mukhtar Mai, de 37 años, desde su casa en el pueblo de Meerwala, situado en la provincia oriental paquistaní del Punjab.
El sueño de vida normal de Mukhtar se esfumó el día de junio de 2002 cuando fue secuestrada para pagar un “crimen de honor” de su hermano adolescente, acusado de mantener relaciones sexuales con una chica de un clan más poderoso.
Su hermano fue sodomizado como castigo y Mukhtar fue encerrada y violada en serie por varios hombres, pero en lugar de guardar silencio -por vergüenza- o suicidarse, como marca alguna tradición en Pakistán, esta mujer decidió llevar a sus agresores a los tribunales.
Tras años en distintas cortes y recursos para obtener justicia, Mukhtar elevó su caso hasta las altas instancias del Gobierno y se convirtió en un símbolo de la lucha femenina para acabar el estigma social que una violación lleva consigo.
Su matrimonio, contraído este domingo, es ya parte de los tabúes rotos por Mukhtar, pero no ha estado exento de turbulencias, porque su flamante marido, un policía encargado de su protección, ya está casado con otra mujer.
“Nos conocimos durante el caso. Hablábamos mucho. Un día, acudió a mis padres y les dijo que quería casarse conmigo. Mis padres intentaron convencerme de que era lo mejor para mí, pero yo me negué en un principio”, aseguró a Efe Mukhtar.
Esa negativa llevó al policía, Nasir Abbas Gabol, a intentar suicidarse, según cuenta esta brava paquistaní, que ha hablado ante Naciones Unidas, ha visto publicada su biografía y fue nombrada Mujer del Año por una revista estadounidense.
A raíz del intento de suicidio, a casa de Mukhtar acudieron la mujer y los hijos del policía con el fin de que aceptara la propuesta -legal en el Islam-, pero Mukhtar sólo dio el sí cuando la primera esposa le explicó que su marido abandonaría a su familia de no conseguir el amor de la activista.
“Mi familia decía que era lo mejor para mí, y al final yo misma sentía que no había nada malo en ello. No puse condiciones, salvo que mantengo el derecho de divorciarme”, dijo Mukhtar.
Según la activista, el matrimonio no pondrá en peligro su organización social, que incluye una escuela de niñas en Meerwala desde la que promueve la educación femenina y lucha para erradicar los crímenes de honor, comunes en las áreas rurales del sur de Asia.
Según la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, cada ocho horas se produce una violación en serie en el país, a menudo como consecuencia de castigos ordenados por consejos rurales para pagar por crímenes cometidos por parientes masculinos de las mujeres.
“Por nada del mundo -adujo Mukhtar- dejaré la lucha. Mi marido tiene su propio espacio y yo tengo el mío, así que no vamos a romper el lugar del otro. Y además, todos en la familia de mi marido están dispuestos a apoyarme. Esa es mi misión”.
Tras romper con sus acciones el tabú de la violación y a la espera de que el Tribunal Superior de Pakistán decida qué hacer con los acusados en el caso, ahora Mukhtar Mai se prepara para un nuevo desafío: la vida en familia.
“Mantengo muy buenas relaciones con la otra esposa de mi marido. Yo ahora estoy en mi pueblo y ella vino a visitarme ayer. Estoy muy contenta”, concluyó.
La Conferencia Nacional se impone en los comicios de Cachemira
February 4, 2009
Nueva Delhi, 28 dic (EFE).- La nacionalista Conferencia Nacional de Cachemira se ha hecho con la victoria en los comicios regionales, cuyos resultados fueron conocidos hoy, aunque se quedó lejos de la mayoría absoluta y necesitará el apoyo de otras fuerzas.
“No tenemos dudas de que seremos el mayor partido, pero tenemos que ver lo cerca que nos quedamos de la barrera mágica de la mayoría absoluta”, declaró esta semana en entrevista a Efe el candidato y presidente del partido, Omar Abdullah.
Abdullah acertó en su predicción: la Conferencia Nacional ha obtenido 28 escaños, seguido del nacionalista Partido Democrático Popular, con 21, el panindio Partido del Congreso (17) y los radicales hindúes del Bharatiya Janata Party, que dan un salto hasta los 11 escaños.
Con la mayoría absoluta situada en 45 escaños, la única posibilidad para el partido vencedor, que mantiene su resultado de 2002, es pactar con alguna de las otras fuerzas, entre las cuales el Partido del Congreso parece la mejor situada.
“Hablaremos formalmente con ellos mañana para formar una alianza y mañana llegaremos al poder en la región”, dijo ya hoy a la prensa Abdullah tras conocer los resultados.
La pasada legislatura, en manos de una alianza compuesta por el Congreso y el Partido Democrático Popular, terminó de forma turbulenta este verano por la crisis del templo de Amarnath, que desembocó en disturbios protagonizados por hindúes y musulmanes.
El Gobierno decidió conceder tierras a un organismo encargado de las peregrinaciones al templo hindú, lo que desató protestas entre los musulmanes, una posterior revocación de la decisión, y subsiguientes manifestaciones entre los hindúes de Jammu.
Esta polarización es la razón que los analistas citan para explicar el espectacular resultado alcanzado por los radicales hindúes del Bharatiya Janata Party, que pasan a tener 11 diputados, frente al único escaño ganado en el año 2002.
Su ascenso -exclusivamente en el área hindú- pone de manifiesto la existencia de un “voto comunal” (en función de la religión) y las diferencias que existen entre el valle de Cachemira, musulmán y bastión del independentismo, y las sureñas zonas hindúes, de Jammu.
“Tenemos razones para estar contentos con los resultados de Jammu y Cachemira. Lo hemos hecho muy bien en Jammu y hemos tenido nuestro mejor resultado. Desempeñaremos un rol de oposición nacional en la Asamblea”, dijo el dirigente Arun Jaitley a la agencia india PTI.
Los comicios de 2008 han sido los menos violentos de las últimas dos décadas en esta región del norte de la India cuya soberanía también reivindica Pakistán, y contaron además con una participación del 61,5 por ciento, casi 20 puntos más que en 2002.
Los separatistas de la Conferencia Hurriyat habían instado al boicot de las elecciones, pero el seguimiento de su llamada quedó limitado a la capital cachemir, Srinagar, donde sólo un 20 por ciento del electorado ejerció su voto.
Aunque Hurriyat ha reconocido que los resultados deben servir para reflexionar, sus líderes denunciaron al mismo tiempo irregularidades: casos, principalmente, de votantes falsos y de votos forzados por las fuerzas de seguridad en las áreas rurales.
La India estima en 800 los insurgentes que continúan activos en la región, escenario de varias guerras y objeto de disputa y reparto con Pakistán tras la independencia y partición del subcontinente, en el año 1947.
Sin embargo, en el territorio cachemir hay desplegados cientos de miles de soldados y las autoridades recurren con contundencia a frecuentes toques de queda para controlar las llamadas a la huelga y las protestas de los independentistas.
En una línea moderada, la Conferencia Nacional defiende una mayor autonomía para la región “en las dos partes de la frontera”.
“La India y Pakistán serían sólo responsables de tres o cuatro cosas: moneda, comunicaciones, defensa y relaciones exteriores. Se dice que las fronteras no pueden ser rediseñadas, pero al menos podemos convertirlas en irrelevantes”, dijo a Efe Abdullah.
Los propios partidos nacionalistas habían desligado los comicios de la lucha por la independencia, y se habían centrado en las propuestas de desarrollo -mejores carreteras, más escuelas- tras dos décadas de conflicto en esta región de diez millones de habitantes.
Cachemira, la vida bajo el toque de queda
February 4, 2009
Srinagar (India), 27 dic 2008.- Volver a casa antes del anochecer, evitar el contacto con los paramilitares y hacer acopio de productos de primera necesidad son algunas de las normas informales empleadas por los cachemires para hacer frente a los constantes toques de queda.
“Si a las seis y media no estoy en casa, mi familia vive un auténtico drama. Su primer pensamiento es que haya tenido algún problema con los soldados, así que se ponen a llamar como locos”, cuenta a Efe Altaf, un economista de Srinagar.
En el corazón de Cachemira, la capital de verano es escenario corriente de los toques de queda, decretados por las autoridades para hacer frente a los llamamientos a la huelga -”hartaal”- de los separatistas de la Conferencia Hurriyat.
En días de protestas o de restricción de movimientos, las tiendas, bancos o escuelas echan el candado y los ciudadanos no se alejan de casa, así que la ciudad ofrece un aspecto desolador, sólo alterado por la masiva presencia de miles de paramilitares.
“Hay que devolver a los soldados a los cuarteles. La insurgencia ha bajado mucho y, sin embargo, el número de soldados sigue siendo el mismo. No hay equilibrio”, se queja en entrevista a Efe la presidenta del Partido Democrático Popular, Mehbooba Mufti.
Según datos de la Cámara de Comercio, el valle de Cachemira ha vivido en los últimos seis meses cien días de toques de queda oficiales u oficiosos, lo que supone unas pérdidas diarias de 14 millones de dólares.
El centro de Srinagar suele ser además escenario de manifestaciones convocadas por la separatista Conferencia Hurriyat, que pidió a sus seguidores el boicot de las elecciones regionales recién concluidas.
“Es que en Cachemira -explica un dependiente- hay cientos de miles de soldados. Es fácil de entender: sales a la calle y lo primero que ves es un rifle. No es muy agradable”.
Sin embargo, los cachemires han terminado por acostumbrarse a los toques de queda, como lo demuestran los diarios partidos de críquet que disputan los niños, indiferentes a la presencia de los soldados que descansan a sólo unos metros.
Desde el año 1989, decenas de miles de personas han muerto o desaparecido víctimas de la violencia insurgente o de los expeditivos métodos empleados por las fuerzas de seguridad.
“Sirva este mes como ejemplo -relata Mufti-. Ha habido un caso de violación, una chica de 16 años a manos de un soldado. Y en otro pueblo un hombre trató de defender a su hija de los paramilitares, y a los dos días apareció muerto. ¿Cómo aceptarlo?”.
La cultura popular cachemir está llena de historias siniestras respecto a cuerpos como el Séptimo Batallón o las Fuerzas Especiales, acusados de múltiples violaciones de los derechos humanos por parte de los activistas de Srinagar.
En su defensa, sin embargo, las autoridades indias mencionan la necesidad de combatir a los distintos grupos insurgentes que operan en suelo cachemir y que en su desafío violento contra el Estado no han dudado en atacar a la población civil.
Escenario de varias guerras, Cachemira es un territorio que se disputan y reparten tres potencias nucleares -la India, Pakistán y China- a raíz de la independencia y partición del subcontinente indio, en el año 1947.
Y además, su suelo ha sido pasto de una violenta rebelión insurgente desde el año 1989, tras un proceso electoral fraudulento que llevó a los separatistas a empuñar las armas contra la India, con el apoyo tácito de Pakistán.
En los últimos años, la violencia insurgente ha decrecido -quedan, según la India, 800 rebeldes-, pero los cachemires siguen usando la protesta callejera como vía para reivindicar la independencia y mostrar su enfado por la falta de oportunidades.
“Aquí, todos dicen luchar en nuestro nombre, pero nadie se preocupa por nosotros. Llevamos veinte años pagando el desinterés de unos y de otros, y todavía esperan que votemos”, se lamenta un camarero en un hotel, tras asegurarse de que nadie más le escucha.
Hoy no hay toque de queda, así que podrá volver a casa.
Los hoteles-barco del lago Dal luchan por recuperar el turismo perdido
February 4, 2009
Srinagar (India), 26 dic 2008.- Dicen de ella que es el paraíso en la tierra, y sin embargo los languidecientes hoteles-barco del turístico lago Dal, en el corazón de la Cachemira india, son la mejor estampa de los veinte años de conflicto en la región.
Situado en Srinagar -la capital cachemir en los meses cálidos-, en pleno lago Dal hay 900 casas barco a las que se llega en una embarcación conocida como “shikara”, una especie de góndola que navega por las tranquilas aguas -demasiado en paz.
“Siendo optimistas, la tasa de ocupación actual rondará el 20 por ciento. Parecía que este año la campaña sería muy buena. La verdad es que las protestas de los últimos meses nos han afectado”, cuenta a Efe uno de los propietarios, Altaf Dongola.
Su casa barco, en el interior del lago, está decorada con gusto pero anda vacía de clientes, debido según Dongola a la inestabilidad que ha sufrido en los últimos meses la capital cachemir, uno de los lugares donde es más potente el independentismo.
Tras una primera mitad de año esperanzadora, el verano cachemir fue escenario de disturbios entre hindúes y musulmanes, a cuenta de una cesión gubernamental de terrenos a la organización encargada de gestionar las peregrinaciones del templo hindú de Amarnath.
Los choques, que causaron 40 muertos, dieron paso a la precampaña electoral, boicoteada por los separatistas de la Conferencia Hurriyat y marcada por huelgas y toques de queda de las fuerzas de seguridad, que se cuentan por cientos de miles.
“Esperábamos recibir un gran número de turistas y así fue hasta junio, pero los disturbios y las elecciones han reducido las llegadas virtualmente a cero”, reconoció por teléfono el director del turismo regional, Faruq Shah.
Según sus datos, el conjunto de la región ha registrado 1,1 millones de llegadas este año, lo que casi duplica las 600.000 del año anterior, aunque sólo 50.000 de ellas proceden del extranjero.
“La gente escucha noticias del conflicto cachemir y siente miedo de venir. Pero aquí está ahora todo muy tranquilo, nada que ver con la peor fase de la insurgencia, en la década de 1990″, cuenta Dongola.
Partida entre la India y Pakistán, Cachemira lleva veinte años siendo pasto de la actividad insurgente y los excesos de las fuerzas de seguridad indias, demasiado expeditivas en las áreas rurales, según distintas fuentes.
“La violencia era tanta que el sector turístico no pudo resistirlo. En ese período muchos amigos, y yo entre ellos, tuvimos que marcharnos a Nueva Delhi porque aquí en Srinagar no había ni un puesto de trabajo”, cuenta un guía turístico junto al lago.
Aunque la India sostiene que quedan activos sólo 800 insurgentes en toda la región, Srinagar mantiene un aire marcial por la masiva presencia de soldados y paramilitares, una sensación sólo rota por la tranquilidad de las casas barco del lago.
“Aquí el Ejército nunca ha entrado, entre otras cosas porque tampoco hacía falta. La gente viene a relajarse con la visión de las montañas y con el aire limpio que le falta en la ciudad”, se anima en su curiosa góndola Dongola.
De un llamativo color amarillo y cómodos asientos acolchados, la lenta “shikara” es el único medio de acceso a estos atractivos hoteles, cuyos dueños se esfuerzan por atraer un turismo que se resiste a volver.
Durante la campaña electoral recién terminada, los líderes de los principales partidos se han comprometido a trabajar duro para mejorar las infraestructuras turísticas y reducir la violencia, dos de las reivindicaciones de los hosteleros.
Un tercer factor escapa sin embargo a su voluntad: la reducción de la tensión entre la India y Pakistán tras los atentados de noviembre en Bombay, atribuidos por la primera al grupo separatista cachemir Lashkar-e-Toiba, que opera desde suelo paquistaní.
Cachemira es el eje sobre el que han pivotado las relaciones entre las dos potencias nucleares desde la independencia y partición del subcontinente, en el año 1947.
Su suelo ha sido víctima de varias guerras desde entonces y la mayoría de sus gentes, nostálgicas de su “paraíso” perdido, luchan todavía hoy por revertir la definición que Bill Clinton dio del territorio en 1999: “el lugar -dijo- más peligroso de la tierra”.
Terminan las elecciones regionales de Cachemira con menos violencia
February 4, 2009
Srinagar (India), 24 dic (EFE).- La Cachemira india cerró hoy su cita electoral con una alta participación, en un ambiente marcado por una menor violencia, una masiva presencia policial y una llamada al boicot de los separatistas que afectó a la capital regional, Srinagar, aunque menos que en anteriores comicios.
La séptima y última fase de las elecciones, que tuvo lugar hoy en 21 circunscripciones, llamaba al voto de 1.638.000 cachemires de Srinagar y de las áreas sureñas de mayoría hindú que rodean la capital de invierno, Jammu, donde la participación fue alta.
Allí, según datos de la Comisión Electoral india, un 68 por ciento de los electores acudieron a las urnas, mientras que un 20 por ciento lo hizo en Srinagar, donde en las anteriores elecciones -también boicoteadas- apenas había votado un 5 por ciento.
“Con estos datos, la participación en el total de las siete fases ha sido de un 61,5 por ciento, frente al 43 por ciento del año 2002″, dijo en rueda de prensa el jefe de la Comisión, B.R. Sharma.
La ligera niebla con la que se despertó Srinagar dio paso a un día soleado, aunque la mayoría de los votantes decidió quedarse en casa en un ambiente enrarecido por la férrea presencia de miles de efectivos de las fuerzas de seguridad.
Los independentistas de la Conferencia Hurriyat, potentes en la ciudad, habían llamado al boicot electoral y habían convocado para hoy una marcha de protesta que debía partir de la céntrica Plaza Roja, aunque el dispositivo policial paró el intento separatista.
“Será difícil manifestarse en la Plaza Roja. Todos los accesos están cerrados. Han puesto controles, lo han bloqueado todo. Está muy claro que el Gobierno no quiere que la marcha tenga lugar”, había dicho a Efe en la víspera el presidente de Hurriyat Umar Faruq.
En previsión de incidentes, las autoridades habían decretado ya este martes un toque de queda en la ciudad, por lo que las calles amanecieron desiertas de viandantes y con un tráfico rodado muy restringido y sometido a controles.
Al menos catorce personas resultaron heridas en disturbios registrados en algunos barrios de las áreas civiles de Srinagar, donde algunos grupos separatistas se enfrentaron a los paramilitares, que custodiaban fuertemente las urnas.
“No he votado. Tenemos a 700.000 soldados en nuestra región. ¿A esto lo llaman elecciones? Ni Pakistán ni la India tienen interés en solucionar el conflicto cachemir. Y quien sufre es la gente”, declaró a Efe un tendero afectado por el toque de queda.
Aunque la campaña ha estado marcada por las promesas de desarrollo de los principales candidatos, en los últimos días también han adquirido importancia las tensiones entre la India y Pakistán, tras los atentados de Bombay de fines de noviembre.
La India atribuye esos atentados al grupo separatista cachemir Lashkar-e-Toiba, que opera desde Pakistán, el país con el que se disputa -y reparte- el territorio de Cachemira desde la independencia y partición del subcontinente, en 1947.
“He votado porque quiero paz. No quiero guerra. Llevamos 20 años de guerra que sólo han servido para hundirnos y dejarnos sin trabajo”, comenta un viejo guía turístico frente al hermoso Lago Dal, la principal atracción de la ciudad.
Cachemira lleva sumida casi dos décadas en conflicto, y aunque en los últimos años la situación había mejorado, una disputa por la propiedad de unas tierras de peregrinación motivó en verano una ola de protestas de hindúes y musulmanes que dejó 40 muertos.
Esa renovada tensión hizo temer que estas elecciones marcarían una vuelta a la violencia, pero según la Comisión Electoral ha sucedido justo lo contrario: cinco civiles han muerto en estos comicios, frente a los 63 que perdieron la vida en el año 2002.
“Estas elecciones han sorprendido a muchos por la alta participación y la ausencia de violencia. No hay temor de represalias por votar. Y además la gente quiere una solución para sus problemas del día a día”, dijo en entrevista a Efe el candidato de la nacionalista Conferencia Nacional, Omar Abdullah.
De acuerdo con Hurriyat, sin embargo, la alta participación es fruto de un fraude en las áreas rurales cachemires, donde, dijo Faruq, el Ejército indio tiene un gran poder y empuja a los ciudadanos a las urnas.
La Comisión Electoral india, que ha desmentido tajantemente esa posibilidad, prevé contar los votos el próximo día 28; los aguardan tanto la Conferencia Nacional como los otros favoritos, el Partido del Congreso y el Partido Democrático Popular.


























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