Cachemira, la vida bajo el toque de queda
February 4, 2009
Srinagar (India), 27 dic 2008.- Volver a casa antes del anochecer, evitar el contacto con los paramilitares y hacer acopio de productos de primera necesidad son algunas de las normas informales empleadas por los cachemires para hacer frente a los constantes toques de queda.
“Si a las seis y media no estoy en casa, mi familia vive un auténtico drama. Su primer pensamiento es que haya tenido algún problema con los soldados, así que se ponen a llamar como locos”, cuenta a Efe Altaf, un economista de Srinagar.
En el corazón de Cachemira, la capital de verano es escenario corriente de los toques de queda, decretados por las autoridades para hacer frente a los llamamientos a la huelga -”hartaal”- de los separatistas de la Conferencia Hurriyat.
En días de protestas o de restricción de movimientos, las tiendas, bancos o escuelas echan el candado y los ciudadanos no se alejan de casa, así que la ciudad ofrece un aspecto desolador, sólo alterado por la masiva presencia de miles de paramilitares.
“Hay que devolver a los soldados a los cuarteles. La insurgencia ha bajado mucho y, sin embargo, el número de soldados sigue siendo el mismo. No hay equilibrio”, se queja en entrevista a Efe la presidenta del Partido Democrático Popular, Mehbooba Mufti.
Según datos de la Cámara de Comercio, el valle de Cachemira ha vivido en los últimos seis meses cien días de toques de queda oficiales u oficiosos, lo que supone unas pérdidas diarias de 14 millones de dólares.
El centro de Srinagar suele ser además escenario de manifestaciones convocadas por la separatista Conferencia Hurriyat, que pidió a sus seguidores el boicot de las elecciones regionales recién concluidas.
“Es que en Cachemira -explica un dependiente- hay cientos de miles de soldados. Es fácil de entender: sales a la calle y lo primero que ves es un rifle. No es muy agradable”.
Sin embargo, los cachemires han terminado por acostumbrarse a los toques de queda, como lo demuestran los diarios partidos de críquet que disputan los niños, indiferentes a la presencia de los soldados que descansan a sólo unos metros.
Desde el año 1989, decenas de miles de personas han muerto o desaparecido víctimas de la violencia insurgente o de los expeditivos métodos empleados por las fuerzas de seguridad.
“Sirva este mes como ejemplo -relata Mufti-. Ha habido un caso de violación, una chica de 16 años a manos de un soldado. Y en otro pueblo un hombre trató de defender a su hija de los paramilitares, y a los dos días apareció muerto. ¿Cómo aceptarlo?”.
La cultura popular cachemir está llena de historias siniestras respecto a cuerpos como el Séptimo Batallón o las Fuerzas Especiales, acusados de múltiples violaciones de los derechos humanos por parte de los activistas de Srinagar.
En su defensa, sin embargo, las autoridades indias mencionan la necesidad de combatir a los distintos grupos insurgentes que operan en suelo cachemir y que en su desafío violento contra el Estado no han dudado en atacar a la población civil.
Escenario de varias guerras, Cachemira es un territorio que se disputan y reparten tres potencias nucleares -la India, Pakistán y China- a raíz de la independencia y partición del subcontinente indio, en el año 1947.
Y además, su suelo ha sido pasto de una violenta rebelión insurgente desde el año 1989, tras un proceso electoral fraudulento que llevó a los separatistas a empuñar las armas contra la India, con el apoyo tácito de Pakistán.
En los últimos años, la violencia insurgente ha decrecido -quedan, según la India, 800 rebeldes-, pero los cachemires siguen usando la protesta callejera como vía para reivindicar la independencia y mostrar su enfado por la falta de oportunidades.
“Aquí, todos dicen luchar en nuestro nombre, pero nadie se preocupa por nosotros. Llevamos veinte años pagando el desinterés de unos y de otros, y todavía esperan que votemos”, se lamenta un camarero en un hotel, tras asegurarse de que nadie más le escucha.
Hoy no hay toque de queda, así que podrá volver a casa.
Terminan las elecciones regionales de Cachemira con menos violencia
February 4, 2009
Srinagar (India), 24 dic (EFE).- La Cachemira india cerró hoy su cita electoral con una alta participación, en un ambiente marcado por una menor violencia, una masiva presencia policial y una llamada al boicot de los separatistas que afectó a la capital regional, Srinagar, aunque menos que en anteriores comicios.
La séptima y última fase de las elecciones, que tuvo lugar hoy en 21 circunscripciones, llamaba al voto de 1.638.000 cachemires de Srinagar y de las áreas sureñas de mayoría hindú que rodean la capital de invierno, Jammu, donde la participación fue alta.
Allí, según datos de la Comisión Electoral india, un 68 por ciento de los electores acudieron a las urnas, mientras que un 20 por ciento lo hizo en Srinagar, donde en las anteriores elecciones -también boicoteadas- apenas había votado un 5 por ciento.
“Con estos datos, la participación en el total de las siete fases ha sido de un 61,5 por ciento, frente al 43 por ciento del año 2002″, dijo en rueda de prensa el jefe de la Comisión, B.R. Sharma.
La ligera niebla con la que se despertó Srinagar dio paso a un día soleado, aunque la mayoría de los votantes decidió quedarse en casa en un ambiente enrarecido por la férrea presencia de miles de efectivos de las fuerzas de seguridad.
Los independentistas de la Conferencia Hurriyat, potentes en la ciudad, habían llamado al boicot electoral y habían convocado para hoy una marcha de protesta que debía partir de la céntrica Plaza Roja, aunque el dispositivo policial paró el intento separatista.
“Será difícil manifestarse en la Plaza Roja. Todos los accesos están cerrados. Han puesto controles, lo han bloqueado todo. Está muy claro que el Gobierno no quiere que la marcha tenga lugar”, había dicho a Efe en la víspera el presidente de Hurriyat Umar Faruq.
En previsión de incidentes, las autoridades habían decretado ya este martes un toque de queda en la ciudad, por lo que las calles amanecieron desiertas de viandantes y con un tráfico rodado muy restringido y sometido a controles.
Al menos catorce personas resultaron heridas en disturbios registrados en algunos barrios de las áreas civiles de Srinagar, donde algunos grupos separatistas se enfrentaron a los paramilitares, que custodiaban fuertemente las urnas.
“No he votado. Tenemos a 700.000 soldados en nuestra región. ¿A esto lo llaman elecciones? Ni Pakistán ni la India tienen interés en solucionar el conflicto cachemir. Y quien sufre es la gente”, declaró a Efe un tendero afectado por el toque de queda.
Aunque la campaña ha estado marcada por las promesas de desarrollo de los principales candidatos, en los últimos días también han adquirido importancia las tensiones entre la India y Pakistán, tras los atentados de Bombay de fines de noviembre.
La India atribuye esos atentados al grupo separatista cachemir Lashkar-e-Toiba, que opera desde Pakistán, el país con el que se disputa -y reparte- el territorio de Cachemira desde la independencia y partición del subcontinente, en 1947.
“He votado porque quiero paz. No quiero guerra. Llevamos 20 años de guerra que sólo han servido para hundirnos y dejarnos sin trabajo”, comenta un viejo guía turístico frente al hermoso Lago Dal, la principal atracción de la ciudad.
Cachemira lleva sumida casi dos décadas en conflicto, y aunque en los últimos años la situación había mejorado, una disputa por la propiedad de unas tierras de peregrinación motivó en verano una ola de protestas de hindúes y musulmanes que dejó 40 muertos.
Esa renovada tensión hizo temer que estas elecciones marcarían una vuelta a la violencia, pero según la Comisión Electoral ha sucedido justo lo contrario: cinco civiles han muerto en estos comicios, frente a los 63 que perdieron la vida en el año 2002.
“Estas elecciones han sorprendido a muchos por la alta participación y la ausencia de violencia. No hay temor de represalias por votar. Y además la gente quiere una solución para sus problemas del día a día”, dijo en entrevista a Efe el candidato de la nacionalista Conferencia Nacional, Omar Abdullah.
De acuerdo con Hurriyat, sin embargo, la alta participación es fruto de un fraude en las áreas rurales cachemires, donde, dijo Faruq, el Ejército indio tiene un gran poder y empuja a los ciudadanos a las urnas.
La Comisión Electoral india, que ha desmentido tajantemente esa posibilidad, prevé contar los votos el próximo día 28; los aguardan tanto la Conferencia Nacional como los otros favoritos, el Partido del Congreso y el Partido Democrático Popular.



















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