021 La edad de las cosas

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Pasamos mi hijo y yo andando por la acera
junto a un hombre sentado en un banco
con un cartel que decía “El poeta en la calle”.

El hombre miró a mi hijo y sin decir nada, solo por señas,
comenzó a doblar un papel hasta formar un origami,
y se lo dio ante sus ojos asombrados

Luego me miró a mí y saqué unos céntimos
para pagar esos segundos de felicidad de mi pequeño,
así son estas cosas.

Mi hijo tomó el origami con ambas manos
protegiendo ese milagro recién acaecido ante sus ojos
como un frágil pollito.

“Acaba de nacer, papá”, decía el muchacho.

Así es como se lo trajo a casa,
mientras yo venía pensando en el día
en que, siendo yo todavía niño,
mi abuelo sacrificó un pavo, en plena Navidad,
en mi terraza.

Han pasado doce días
y el origami está en una estantería de su habitación,
cubierto de polvo.

A ver cuánto dura.

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04 Bosque de Soignes

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EL CAMINO serpentea y se desliza cuesta abajo
oculto pero seguro hacia su fin concreto.
Muchas ramas, tan tupidas hacia las copas de los árboles,
casi no dejan paso al punto de luz,
mientras otras se inclinan a mi ritmo.
Como arterias finas que tiemblan al menor viento
se lanzan hacia la linde,
despejadas de flor en pleno verano,
con todo el bosque ocupado en avanzar
su segura decadencia.

Han ocurrido cosas estos días;
La sonda New Horizons,
invisible a los ojos, acaba de sobrevolar
los áridos montes de Plutón
-su color terroso, su mar helado
al límite del sistema planetario.
Habrá sido el suyo un paso fugaz,
maravillado, apenas con el tiempo de sacar
Un par de fotos desde la ventanilla
y luego pensar mientras las ves
en el milagro de la vida,
en cómo por los bosques abrimos paso
a nuestro propio deseo
mientras amenaza la espesura.

Camino abajo, un largo tronco duerme atravesado
sobre un lecho de hojas secas.
Echado sobre él, podría casi certificar
que su madera ya quebrada irá pronto
deshaciéndose, en cada vez más austeros tonos,
rumor hueco de una vieja canción.

De dónde viene esta armonía,
el viento a su velocidad justa
que nos permite no ser arrancados
y estar en comunión con el temblor de estas ramas,
en la dicha de su memoria vacía.
Y a la vez, en qué le sirve al bosque mi punto de vista,
si salgo de mí mismo, como un animal
escarbando su semilla a punto de nacer.

Algún chapoteo se escucha ya no lejos, en el lago.
Sé que todo ha de estar bajo control:
los caminos anchos, pensados bien,
Las lindes valladas,
la justa señal para escapar de la duda.
Antes de llegar a los muchachos,
el camino corre junto a una cuenca seca,
abrupta y cortada,
por la que en invierno desaguará un torrente.

El bosque no espera:
árboles muertos de camino a Plutón,
erosión milenaria y sin piedad
que se responde a sí misma y también a los hombres.

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Soneto a Cáceres

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CÁCERES CHICA! (circa 1997)

Cáceres rica tan llena de años:
Cáceres sola, pausada, desnuda;
Sutil muchacha tu muralla escuda
Tus ojos ocultos y besos extraños.

Cáceres alta, elevada hacia antaño:
Cáceres suave, tu boca tan muda;
Cáceres ríes por dentro y saluda
tu alma de flor al agua del caño.

Gozan mis sueños los cuentos que cuentan
nobles blasones tus pechos inventan
besos y escudos, amores y espadas.

Joyas las piedras para tu figura,
dame las rosas de tu parte oscura,
tú chica linda de torres mochadas.

D. Agundez

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