Kiran Bedi

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Popular en toda la India desde que hizo que la grúa retirara el auto de Indira Gandhi, la primera mujer policía india, Kiran Bedi, luchó durante 35 años por crear una cultura de honradez en un cuerpo tremendamente impopular y aún vela desde fuera por la diligencia policial. Bedi trabajaba en el departamento de Tráfico cuando, en 1982, la grúa se llevó el vehículo mal aparcado de la entonces primera ministra, una “osadía” que le granjeó la enemistad de gente poderosa y un mote que aún se recuerda en la India, “Grúas Bedi“. Aunque ya conocía la fama como tenista, aquel suceso y sus logros en distintos destinos le dieron el cariño de los ciudadanos, que la citaron como la “mujer más admirada” en una encuesta de 2002, algo que ella asocia con su “honradez”, “justicia” y “juego limpio”. Paradójicamente, con sus propuestas de reforma y su fama de rectitud, Bedi (1949) ha alcanzado la popularidad en una de las instituciones más impopulares de la India, salpicada por acusaciones de corrupción, ineficacia y desatención hacia los más pobres. Bedi dirige desde el año 2007 la Fundación Visión India (IVF, según sus siglas en inglés), que tiene su sede en Nueva Delhi.

–  Se han hecho encuestas y los indios han dicho que usted es la mujer más admirada de la India. ¿A qué atribuye usted este hecho?

No puedo responder por la gente, puedo responder por mí misma. Si me gusta alguien, y confío en él, tengo mis razones. Que esa persona sea digna de confianza, que no solo mire por sí misma sino haciendo mucho por los otros, siempre pensando en el bien, haciendo casar el mundo con la ley. ¿Qué encuentran en mí? Ellos lo saben, yo no. El asunto es que si lo hacen tienen sus razones. Si yo admiro a alguien lo hago por el quiénes son, cuáles son sus principios, qué hacen por la sociedad, qué tipo de estilo de vida viven., y hasta qué punto son dignos de confianza.

– Saber esto es una especie de paradoja. Porque usted es muy popular y admirada, pero al mismo tiempo lo ha hecho sirviendo en un cuerpo que sigue siendo muy impopular y criticado en la India, la Policía. ¿Cómo lo explicaría?

Porque para mí, la Policía es la parte más importante de una sociedad. Sea lo que sea lo que he conseguido, lo he conseguido siendo una buena policía. Esto básicamente significa que incluso si la gente no confía en el departamento de Policía, si confían en mí, confían en mi forma de ejercer la Policía. Y esto significa que la Policía puede ser también la profesión más admirada. Es la forma de hacerlo. Como el profesor. Profesores, policías, gobernantes… Es como el médico, que no solo se receta medicinas a sí mismo, sino que sirve a otros. En el momento en que empiezas este sentido generoso, este sentido de amor, respeto, compasión, profesionalismo, la cosa comienza a ser la más admirada y respetada. La Policía puede ser la profesión más respetada del país, con la condición de que sea realizada con integridad, honradez, sinceridad, y cuidado.

–  ¿Cómo pondría usted esto que dice en práctica para la Policía india? ¿Qué reformas necesita el cuerpo para ser confiable?

Debe rendir con justicia, de forma honesta y transparente. Si ese es el parámetro, debe ser honrada, justa, y sin temor. La gente amaría esto. Ser justos con todos, honrados con todos…

–  Pero esto no está sucediendo…

Es una cuestión de gente. La gente tiene que ser justa y honrada para darte justicia y honradez. No puedo no ser honrada si quiero darte honradez. Los policías, hombres y mujeres, y la jefatura, deben creer en la justicia no sólo para sí mismos, sino para otros. Se necesita la gente correcta.

Entonces, ¿cómo pondría usted esto en práctica? Es difícil cambiar a la gente.

Yo debo creer en la honradez. Tengo que creer en la justicia y en el juego limpio, y tengo que creer en brindar un servicio rápido. Debo ser sensible. Esto quiere decir que cuanto más justa, sensible y honrada sea la gente que ostenta el liderazgo, mejores serán sus departamentos. Tú darás lo que eres. No puedes dar lo que no eres. Es una cuestión de selección, el país debe seleccionar a los mejores.

Así que este es el cambio…

Esto debe ser inculcado. Aplicado. Medido. ¿Cómo lo mides? Con la perspectiva de la gente. Si el Gobierno de la India de verdad quiere una buena Policía, no te va a medir por el número de arrestos que has hecho, sino por lo que la gente piensa de ti. Hay que basarse en la perspectiva del pueblo para poder juzgar la labor policial.

– ¿Diría usted que esta obsesión por lo cuantitativo es una de las razones por las que se producen los “asesinatos extrajudiciales”?

Sí. Es la forma en la que la gente te percibe. En mi país, no hay investigaciones sociológicas sobre las perspectivas del pueblo. La gente se queja continuamente de la Policía en los medios. Pero eso no tiene ninguna consecuencia seria. La admiración por un oficial de Policía no tiene consecuencias, y de modo similar, el disgusto contra un oficial en los medios o la percepción de la gente no tiene consecuencias serias. Debemos respetar ambos casos. Pero el pueblo como totalidad, no votando, sino sus perspectivas. Quieres vender un producto y construir confianza, pues obtén la opinión de la gente. Así es como se vota. ¿Por qué se me votó como la mujer más admirada? He sido votada como la mujer más digna de confianza de la India en el Readers Diggest. ¿Por qué? Pues simplemente sirviendo. Cuando quieres algo así, realiza un sondeo, y si no lo quieres, no lo haces. Hagamos análisis regulares y anuales, y sabrás quién está haciendo qué. En ese mismo sondeo del Readers Diggest, las profesiones de profesor y enfermera fueron votadas como las más dignas de confianza. La Policía, el Gobierno, y los políticos están al fondo. Es la percepción de la gente, y esto debería preocuparnos, porque si no hay confianza en la Policía, el Gobierno y los políticos, ¿en qué vamos a confiar?

– Si usted estuviera ahora dentro de la Policía, ¿cómo pondría fin a este asunto de los asesinatos extrajudiciales?

¿Has leído mi libro? (No.) Hay un capítulo en el que he desarrollado un modelo gandhiano de Policía. Esa es mi respuesta para la Policía (muestra dos modelos en su libro: un gráfico con la organización jerárquica, actual, y otro con su propuesta, centrada en un mando fuerte en torno al que giran los demás puestos). Si yo fuera comisaria de Policía, este (el segundo) sería el modelo. El líder estaría en el centro, y se trabajaría como un equipo magnífico. Un modelo es jerárquico, el otro es transformador. Lo llamo, el “Modo transformador de Policía”, donde sólo la verdad prevalece.

¿Cómo lo implementaría? Imagino que si el líder es malo…

Entonces no hay policía gandhiana, sino el primer modelo. Es un modo de hacer policía pacífico y digno de confianza. Y no habrá asesinatos extrajudiciales ni escapará el crimen. No habrá arrestos falsos, pero tampoco escapará nadie criminal o deshonesto. Haría falta reclutar a buenos policías. Quienes entren siendo buenos, seguirán siéndolo. Recluta a los mejores en el país, no a los deshonestos. Lo único que hay que hacer es analizar su labor por entero, no por el número de arrestos que realizan, y por cuánta gente confía en ellos.

Está muy extendida la creencia de que la Policía actúa con más dureza contra los pobres, ¿es cierto?

Sí, lo es. En cualquier sitio, no hay siempre un oficial justo. Y cuando alguien es injusto, se comportará de modo más injusto con los pobres y se alineará con los fuertes y no siendo neutral. Pero sólo mostrando que eres igual para todos, la gente confiará en ti. Ahora, si lo que dices es que quieres tener más amigos entre los ricos y los fuertes, los pobres no confiarán en ti. Los pobres confiaban en mí, porque yo trabajaba para todos, también para ellos. Incluso ahora, toda mi actividad de ONG es para los pobres. Era sensible a sus demandas, y sentía que los pobres te necesitan más que los ricos y poderosos.

Buen ejemplo el suyo con la multa al coche de Indira Gandhi.

Sí. No tenía miedo de los ricos y los poderosos.

¿Cree que el país aprendió algo de aquella anécdota?

Volvería a hacerlo si estuviera allí. Como te he dicho, mi pilar es la justicia, así que no hago diferencias entre los ricos y los pobres, entre quienes tienen poder y quienes no lo tienen.

Imagino que sufrió alguna represalia por ello.

Bien… perdí amigos, entre el sector de los poderosos, pero hice muchos otros amigos entre la gente. La gente confió más en mí, pero a los poderosos no les gustó mucho, porque aquello significaba una amenaza para ellos, de que no disfrutarían los favores. Indira Gandhi no interfirió, pero sus secretarios y su personal se sintieron tan ofendidos que se aseguraron de sacarme de la policía de tráfico tan pronto como se acabaron los Juegos de Asia, cuando en realidad debería haber continuado para alcanzar algunos procedimientos e innovaciones. Pero eso no les importó. Me echaron cuando la Policía de Delhi estaba en su segundo año, fase de consolidación, con las medidas adecuadas que había introducido. ¿A quién le importaba el futuro? Sencillamente, me echaron.

–  ¿En qué ve ud. que los pobres sufren más los efectos de la mala Policía? ¿Qué ocurre en las zonas rurales?

La Policía rural es muy inadecuada. El estado de la Policía es muy débil. Cuando necesitas un número determinado de agentes, no hay suficientes. La movilidad, la conectividad, la infraestructura de la Policía india rural es débil, muy débil. Por eso hay mucho más desorden y caos. El ratio de policía rural comparado con la urbana es muy bajo. Está muy por debajo de los estándares internacionales. Porque… esa es la policía del hombre pobre. Y creen que es normal. La Policía rural está muy desatendida. India debería pedir más. Ahí es donde hay que prestar más atención, y donde la pelota está en el tejado de los Gobiernos regionales. En las regiones, mejoraría la Policía si cambiara la forma de medir el rendimiento general. Pero ese rendimiento general está ligado al nivel de integridad.

¿Fue su forma de pensar la que finalmente le impulsó a abandonar el cuerpo?

Eso no importa. El sistema tiene que valorar los valores, y no las estadísticas, o la casta y el credo, las relaciones… Tiene que valorar un rendimiento basado en valores. No arrestes a nadie, e impide más el crimen. En mis cargos anteriores eso es lo que hice yo. Cuando paré la venta de alcohol ilegal, por ejemplo. Otros tenían muchos más arrestos, pero seguían con ese problema. Arrestas a cien, pero hay cien más que siguen vendiendo. Yo no arresté a nadie, porque ya no hacía falta: nadie vendía alcohol ilegal. Claro, se premiaba a quienes arrestaban a más gente. Mi jefe terminó por reconocer que no había arrestos porque estábamos logrando prevenir el crimen. ¿Qué es mejor?

Supongo que los “malos” siguen prevaleciendo.

Hay ambos tipos de gente en el cuerpo. Debemos cambiar la línea organizativa, y valorar cosas diferentes. No habría que valorar el número de arrestos, sino la prevención, más que solo la detección. Esta no es la política que se sigue en la India, o mejor dicho, es una política que siguen algunos individuos, pero no una política seguida a nivel nacional.

¿Y cree usted que se están poniendo las bases para que ese cambio pudiera suceder? ¿Hay deseo político?

Bueno, esto es parte del entrenamiento teórico de la Academia Nacional de Policía. Pero como dije, tú puedes leer o aprender, pero además hay que implementar. Debes ser evaluado por los líderes de tu región. Cada región tiene sus propios líderes. El señor (Palaniappan) Chidambaram es sólo un ministro de Interior, pero también hay treinta ministros regionales de Interior, y debemos valorar esto.

Ud. Cree que Mr. Chidambaram lo está haciendo bien.

Mr. Chidambaram está modernizando la fuerza de Policía. Está proporcionando sistemas a la fuerza de Policía, pero lo hace desde arriba. Yo estoy hablando de una reforma del sistema desde abajo. Y para eso se necesita (la acción de) los Gobiernos regionales y los jefes de Policía a niveles regionales, los ministros de Interior a niveles regionales.

–  ¿Con la situación actual, cuánto tiempo cree ud. que necesita la policía india para estar en una situación aceptable?

Mucho tiempo. Las regiones están en niveles distintos. Algunos están mejor, otros peor.

Esto viene a demostrar que hay cosas que no funcionan…

Por supuesto. Hay gente luchando por ello, y quizá por ello el primer ministro está siempre hablando de gobernanza. Nuestro primer ministro es conocido por su integridad y la gente confía en él. Es el noveno indio en quien la gente más confía, según el Readers Diggest.

Detecto que también le gusta (el primer ministro) Mr. Manmohan Singh… ¿Lo conoce personalmente?

Sí, me he reunido con él. Me conoce, lo conozco. Él proviene de la misma ciudad donde yo nací, Amritsar. Bien, tengo un gran respeto por su integridad. Y por eso mismo es el más votado y la gente confía en él. El asunto es que debería haber mucha más gente como él.

¿Cómo funciona su sistema Safer India (“India más segura”)?

Créame, la India lo necesita. Es un modelo para la India, para cada Policía regional. Hay una página web… Si la denuncia no recibe la atención debida por parte de la Policía, deja que llegue a nuestro centro, y deja que nosotros lo difundamos a nuestra asociación regional.

¿Y entonces, lo dan a conocer?

No, lo ponemos en conocimiento de la Policía local. Tenemos voluntarios en los diferentes estados. Les conectamos con la Policía. Telefoneamos al voluntario y le decimos que una persona necesita ayuda. Así que o le ponemos en contacto con la Policía, y hablamos con el oficial al mando, o le ponemos en contacto con el voluntario o con la comisión regional de agravios o las comisiones de derechos humanos regionales, o con el gobierno regional. Hacemos mucho ruido.

¿Y la Policía actúa?

Si no fuera así, no recibiríamos tanta atención. Recibimos veinte llamadas o correos diarios, al menos.

Supongo que su ímpetu es también el de una mayor transparencia… como el RTI (Ley de Derecho a la Información).

Sí. Y responsabilidad.

¿Puede el RTI aliviar el estatus de los más pobres? Es algo paralelo a su iniciativa del Safer India.

Antes no tenían nada, hoy tienen sólo el RTI. Pero es bueno. Si los pobres pueden usarlo adecuadamente, y se organizan para usarlo, puede actuar como un elemento de temor para las autoridades.

– Déjeme cambiar de tercio. Usted fue la primera mujer que entró en la Policía. ¿Encontró ud. resistencias en aquel tiempo?

No había nada adaptado para mí. Todo estaba pensado para los chicos, no había nada para una mujer: ni sitio para vivir, ni lugares de formación y entrenamiento, ni traje femenino, ni calendario adaptado para mujeres, no había nada llamado “mujer”. Así que cuando me incorporé, me preguntaron sobre el traje que llevaría, qué uniforme vestiría. Dónde viviría. Qué ejercicios haría y cuáles no… Y mi respuesta fue muy simple: puedo estar en cualquier lugar, y puedo compartir cualquier instalación. Entonces me dieron una habitación separada, pero dije que no tenía necesidades especiales. ¿Sobre el uniforme? Puedo vestir la misma camisa y calzonas que los hombres. Ese uniforme sigue siendo el mismo hoy en día para hombres y mujeres. Hacía el mismo trabajo, los mismos ejercicios, el mismo entrenamiento. Superaba los desafíos de igual a igual. No tenía que rediseñar, simplemente me convertí en parte del grupo entero. Eso es.

¿Y no había discriminaciones, no ya legales, sino en el día a día?

No sufrí, porque era mejor que muchos de ellos. Esa es la razón. Si esto no hubiera sido así, entonces seguro que habría sufrido burlas, por qué has venido, no estás en forma, deberías hacer otra cosa. Entré en el servicio en 1972, julio. Yo era una tenista campeona de Asia. ¿Qué campeona de tenis elige entrar en la Policía? Y bueno, al ser campeona, eso significa que seguía entrenamientos diarios, carreras de cuatro o cinco kilómetros al día para estar en forma. Muchos chicos no hacían lo mismo. Así que yo era mejor que muchos, muchos colegas masculinos, bien es cierto que muchos otros eran muy buenos. Pero entonces no había muchos campeones… Realmente era respetada y mis colegas masculinos me tenían en alta estima.

¿Cuál sería su mejor momento durante sus 35 años de servicio, algún recuerdo especial?

Cada día. Cada día. No puedo tomar uno, porque cada vez que he tenido alguna tarea, he estado sirviendo a la gente, ya sea a cargo del tráfico, gestón de prisiones, formación de agentes, control de crimen. Mi día a día estaba lleno de logros… La mayoría de mis experiencias en prevención se convirtieron luego en parte de mis actividades en la ONG, que continúa muchos de estos programas. Mis reformas de prisiones se convirtieron en ley y reglas y módulos de formación. Mi refuerzo del tráfico se ha convertido en una práctica en toda la India. Las grúas vienen donde sea para retirar los coches mal aparcados. Unos 30 libros de entrenamiento policial son parte del plan de estudio. Y los programas de ordenador que introduje están ya para toda India. Cualquier práctica buena… Se trataba de crear capacidades: allí donde fui, intenté acrecentar las capacidades. Y cuando subes el nivel de las capacidades, estas permanecen luego para que otros construyan sobre ellas.

Pero por ejemplo, en prisiones, hay mucho que hacer…

Pero a la vez está mejor que antes… Se ha construido 50 veces lo que era antes. Si yo estaba en nivel 0 y lo dejo en nivel 3,  quien venga lo aumentará desde ese punto… Si la fundación es fuerte, podrán llegar muchos más niveles.

Y en el polo opuesto, ¿tiene ud. algún momento especialmente amargo?

Esa no es mi actitud. No miro las cosas así. Me centro en “qué hago con esto”. Mi energía no es la de “qué  mal que esto pasó”, sino la de “esto ha pasado, ¿cómo lo arreglo?”.

Pero ud. dejó la Policía. Supongo que de algún modo se desencantó.

Si no me hubiese ido, me habría desencantado. Pero seguí adelante, y comencé a hacer tantas otras cosas que me estaban esperando. Y lo amo, porque me hizo trabajar todavía más. Yo quiero estar en algún lugar donde haya una sensación de altos logros y cumplimientos de objetivos. Eso no hubiera sucedido si me hubiera quedado donde estaba. Pero al obtener esa libertad, había tantas cosas para empezar a trabajar… radio, televisión, ONG, generar recursos, viajar a otros sitios, hacer un documental (Yes, Madam sir). Tanto… En los últimos dos años he viajado por el mundo un montón de veces y llegando a millones en todo el mundo… Ha sido increíble. Si me hubiera quedado, me habría venido abajo. Al tomar la libertad, me di cuenta de que podía ser una ciudadana global.

Pero seamos claros… ¿no se sintió usted desplazada al no obtener la posición desde la que poder cambiar las cosas?

No era para cambiar las cosas, sino para hacer más. He hecho más en mi ONG, llegando a la gente, escribiendo. Escribí más, enseñé más, intervine más en televisión y radio… Estoy sintiéndome realizada en muchos campos. Literalmente, hoy trabajo 17 horas al día. Literalmente.

–  Y siendo ud. un ejemplo de realización femenina, ¿qué pasos cree que hay que dar para fortalecer a la mujer en este país?

Una educación de calidad. Una educación de calidad que les haga libres. Después de todo, yo soy producto de una educación que me fortaleció y me dio libertad. Tomar decisiones, adquirir conocimiento, habilidades. Si no tienes educación, es difícil que tengas esas capacidades. No hablo de alfabetismo, sino de educación con destrezas. Destrezas espirituales, físicas, coraje mental, toma de decisiones, conocimientos… Para poder crear cosas en mi cabeza con mis propias manos.

¿Cuánto tardarán las mujeres en llegar a un punto aceptable?

Dos décadas, unos veinte años. Las cosas serán diferentes. Estarán en primera línea.  Hoy la Policía no es muy sensible con asuntos como la violencia doméstica. En Safer India, son la mayoría de los casos. La violencia doméstica es grave. La ley es muy buena, pero la gente no la conoce muy bien, así que les damos asesoría.

Mujer y pobre, mala combinación…

Sí, la ignorancia y la pobreza van a menudo de la mano.

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De castas y colores en la India urbana

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Cuando las ciudades se hagan con la centralidad cultural de la civilización india, las castas perderán su preponderancia, asentada con más solidez en la India rural. En las grandes ciudades -indias o euroamericanas-, los contactos personales cotidianos son mucho más flexibles y menos identitarios. Con un mero intercambio visual o una breve transacción de servicios, no hay manera de adscribir una persona a la casta rajputa, por poderoso que fuera su sentimiento de pertenencia o mi deseo de averiguarlo. La casta no deja marcas étnicas y opera como un magma que supera brechas lingüísticas, regionales y, en algunos casos, hasta religiosas y laborales. Por eso se diluirá cuando deje de ser útil. Pero esta verdad, intuitiva si no fuera porque la suscribe una parte no desdeñable de los sociólogos indios, no significa que vaya a desaparecer la desigualdad, así, de un plumazo.

El cuarto mundo de Bombay

El cuarto mundo de Bombay

En los últimos años, la élite india se precia de que su poder adquisitivo y cultural ha acortado la distancia con respecto a Occidente. Y en un sentido, tienen razón: en la India urbana es mucho más efectiva la clase como instrumento de segregación social (¡si me escuchara Lenín!), el tradicional cleavage entre el rico y el pobre, más atento a las disquisiciones de bolsillo y consumo que de cuna e hidalguía. Esto lo comprobé de lleno en la pasada fiesta del Dashera, apología del bien sobre el mal. Cada año, la autoridad de la barriada monta un escenario improvisado, con unos centenares de sillas de terraza y tres gigantescos diablos cabezones que irán directos a la pira fallera una vez que el dios Ram concrete su victoria sobre el demonio Rávana.

De la suma de representación teatral, parafernalia religiosa y final quema de los malísimos, el resultado es la típica riada humana que colorea cada festival religioso de la India. Pero esta vez había guardas vigilando el paso y requiriendo selectivamente un supuesto ticket gratuito. Esto lo supe luego –pasé la barrera improvisada sin saber nada de la historia. Al ver cómo se organizaba el respetable, empecé a comprender que lo estaba pasando: el parque se llenaba de “kameez” de seda, jóvenes en vaqueros y niños con criada. Y contra la verja, se apiñaba luchando por ver algo la casta de los sirvientes: los ruidosos adolescentes con ropa chillona, los saris de tela mala, o sea, la gente repeinada con el cabello apegotado de bañarse en barreños sin bote de champú.

Demonios cabezudos del Dashera

Demonios cabezudos del Dashera

Los guardas, más que organizar el acceso, estaban separando el grano de la paja, la India que manda de la que no cuenta, con la excusa de un ticket que a mí ni me pidieron porque no existía.  Es que tú no tienes mala pinta, llegó a decirme un vecino con un argumento de garito nocturno. This is India, my son. Es verdad que con el tiempo de espera, la alerta del guarda se relajó y los chavales más avispados lograron, de una forma u otra (escalando verja, despistando al vigilante) entrar en el parque y apuntarse al jolgorio, aunque sin derecho a silla. Pero para entonces, yo ya había olvidado al dios Ram y me encontraba ocupado observando a los sirvientes Ram y Sita Prasad, de Nueva Delhi.

Los Ram y Sita que harían suyas las palabras de Balram, el chófer de la novela premiada con el Booker británico “Tigre Blanco”, hablando de la camiseta de su jefe: “No era como la camiseta que yo llegaría a comprar en una tienda. La mayor parte de ella estaba vacía y blanca, y había un pequeño diseño en el centro. Yo habría comprado algo muy colorido, con un montón de palabras y diseños en ella. Más valor por el mismo dinero”. A los tigres blancos se les reconoce por su ropa de diseños recargados, líneas turbulentas de inequívoco bajo precio;  y también por la piel más oscura, de trabajar a pleno sol, empleados como chicos de los recados, chóferes, limpiadoras. En todos los casos, con sueldos que causan sonrojo y una vida que sólo excepcionalmente se eleva por encima del rasero de dignidad.

La primera mención histórica de las castas o varnas (“colores”) primordiales está en el mítico “Rig Veda“, cantos con más de 3.000 años. Pero en la India actual de las ciudades septentrionales, la brecha visual no es de varna, sino de ropa y sobre todo de sol, en función de la bien valorada tez suave de las clases sociales altas –hay cremas blanqueadoras en cada tocador para esta lucha constante- y la tez agromán de la gente de sueldos por debajo de 100 euros, que tiene tan prohibida la entrada en los centros comerciales como la mención de su existencia en la India de la “historia de éxito”, es decir, la versión que sus élites se esfuerzan por vender en el exterior y ser así tomadas en serio en los foros internacionales.

Grupo indio de danza

Grupo indio de danza

En la India –decía el otro día el sociólogo Dipankar Guptalos ricos dependen de los pobres. No podrían vivir en su nivel sin ellos. Tome como ejemplo el sector de las tecnologías de la información, supuestamente una historia de éxito. Ellos mismos reconocen que sus beneficios provienen de los escasos costes laborales, y que se basan en tareas de nula formación técnica. Conozco grandes ricos que dan dos dólares de propina al portero del hotel y al mismo tiempo se enfurecen cuando un sirviente les pide un pequeño aumento”.

Campañas propagandísticas y libros de mantra empresarial aparte, ahí van los datos: según el Banco Mundial (2005), el 41,6 por ciento de los indios viven con menos de 1,25 dólares diarios, la línea internacional de pobreza (según el indicador nacional indio, el porcentaje baja hasta el 27,5 por ciento). Las cifras son alarmantes, pero además hay que ponerles dos cláusulas. La primera es que vivir con más de 1,25 dólares al día no significa que uno viva con desahogo. Si ponemos el límite en 2 dólares diarios, resulta que el 75,6 por ciento de la población india no lo rebasa: esto quiere decir que en la India, 800 millones de personas viven con menos de dos dólares al día. La “great indian middle class” (gran clase media india) es menos grande en una sociedad donde sólo el 3 por ciento de la población posee un coche.

La segunda puntualización se refiere al modelo indio. Como recuerda el propio Gupta en su libro “The caged phoenix“, esa forma de medir la pobreza es un triste eufemismo, porque lo que marca la línea es si la gente puede comprar la comida suficiente como para garantizar su propia supervivencia. Esto quiere decir que ese 27,5 por ciento de la población incapaz de llegar a la cantidad fijada por el rasero no está solo en condiciones de pobreza, sino de pura inanición. O sea, mal que bien, pasando hambre.

Dhobi Ghat de Bombay

Dhobi Ghat de Bombay

En la ciudad, aun siendo refugio del cuarto mundo, la situación no es tan dramática y urgente como en las zonas rurales más depauperadas. El grueso del crecimiento indio en los años postreforma se lo ha llevado la cúspide de la pirámide, es decir, las empresas manufactureras y del sector servicios. Pero esto no quiere decir que los pobres de las urbes no estén sometidos a un drama brutal. En plena fiesta del Dashera supe de la muy ilustrativa historia de una de las planchadoras de la zona: tuvo la suerte o mala suerte de dar a luz a una niña de piel muy blanca, una característica tan apreciada –a las chicas de piel clara se les presupone un futuro marido mejor posicionado y mayor consideración social- que su vecina la raptó y trató de arrebatársela, hasta que intervino la Policía para poner paz y nada más .

Miento, para algo más: sólo unos días después de la fiesta en el parque, tuve ocasión de presenciar qué tipo de plaga aqueja a la Policía. Era noche de mercado y una patrulla de agentes andaba apostada junto a los tenderetes, especializados en los petardos del Diwali (la fiesta de las luces). A las diez de la noche, hora de cerrar, se entabló una susurrante discusión entre las vendedoras  –todas mujeres, en un ir y venir silenciosamente agitado- y uno de los agentes, apoyado discretamente en un poste junto a la carretera.  “Nos piden –me confesó una de las ellas- 500 rupias para dejarnos continuar una hora más de venta”. Haciendo honor a la demoledora reputación policial entre los pobres, víctimas principales de la corrupción y el pago de sobornos, una pasó un billete al bolsillo del policía, apellidado Bhardwaj (según la placa), al fin y al cabo otro superviviente.

El poder de los agentes de barrio –piel curtida bajo el sol, para más señas- llega a la gente del barrio: la Policía no hablaría jamás de la misma forma a los tigres blancos sometidos al jornal diario que a sus amos. Ricos y pobres están estrechamente conectados, pero la segregación social es la del calibre que separa al ciudadano del súbdito, cierto que con el paréntesis ocasional de las elecciones: unos salen de los centros comerciales, los otros siguen fieles –no pueden elegir- a sus polvorientas “dhabas” de tés a cinco rupias.

Manmohan Singh, junto a Barack Obama

Manmohan Singh, junto a Barack Obama

Un país tan grande –se indignarán con razón los estudiosos- es mucho más que la brecha de clase, es simplista reducirlo a una dicotomía de ricos y pobres. Vale, la desigualdad por razón de riqueza explica sólo una parte de la India, pero tiene una importancia fundamental: las castas, las religiones, las lenguas, los dimes y diretes regionales operan en el interior de la India y fundamentan la organización del país. También las clases: pero además, añaden que de cara al exterior son los más pudientes –entre quienes se cuenta la muy poderosa diáspora- quienes actúan como embajadores del país, porque con sus usos más cercanos a Occidente manejan la estrategia de su relato nacional.

Me explico con un ejemplo: al poco de llegar a la India, me sorprendían los abracadabrismos de la prensa anglófona, que es la que usan (usamos) los occidentales para tomar el pulso al país. En la calle, yo veía riadas de gente bregando por la supervivencia, el constante recurso a los trucos de Lazarillo de Tormes. Pero los medios estaban muy lejos, más ocupados de los hechos consuetudinarios que acontecen en la rúa: ayer ganamos el mundial de críquet, hoy llegamos a la luna, todo el mundo admira el poder de la India, la pobreza –les falta decir- es un invento de Pakistán para desestabilizar al país. Luego comprendí el truco: para muchos lectores (los lectores de élite, que son los que se expresan en inglés), la pobreza ha pasado a formar parte del atrezzo, es un elemento del paisaje con la que uno lleva conviviendo (“estrechamente conectados”) desde el nacimiento, y por lo mismo, en general no es material-noticia. Lo que hay que contar -vienen a decir- es que la India ya es una historia de éxito.

Tráfico en una ciudad india

Tráfico en una ciudad india

La gran paradoja de las élites indias a este respecto es que, mientras practican un salvaje dumping social dentro de sus fronteras y aprovechan los bajos costes de la sirvienta de la cocina y del botones de la empresa, intentan a la vez silenciar o bajar el ruido de su existencia y de la de los cientos de millones de pobres que todavía hay en el país. El propio ministro de Interior –antes de Finanzas-, Palaniappan Chidambaram, llegó al malabarismo de decir que la India no es un país pobre, sino un país en el que “el grueso de la población es pobre”.  También dijo –le doy la razón- en que si la administración añade a 200 ó 300 millones de personas al mercado productivo, el producto interior bruto del país saldrá disparado.  El dilema está en si para ello las autoridades empezarán a enviar tickets a los tigres blancos para la próxima función teatral. Porque hasta ahora, la mejor forma que tienen todavía los sirvientes de disfrutar la fiesta es tirando los petardos del Diwali comprados por el amo, para que su heredero se divierta sin peligro.

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Ocho muertos por disparos de la Policía contra una manifestación comunista

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Nueva Delhi, 28 jul 2007.- Una protesta comunista que buscaba un mejor reparto de las tierras en la región india suroriental de Andhra ocasionó al menos ocho muertos cuando la policía abrió fuego contra los manifestantes.
Los enfrentamientos tuvieron lugar en la localidad de Modigonda, a unos 250 kilómetros de la capital regional, Hyderabad, y entre los muertos hay una mujer y un niño de ocho años, mientras que hay ocho heridos más, de los cuales tres se encuentran en estado crítico, informó la agencia india IANS.
En una jornada de huelga, los activistas bloquearon carreteras y vías de tren en demanda de tierras para los más pobres, y los servicios públicos quedaron suspendidos como medida de precaución, según otra agencia india, PTI.
Pero en Modigonda, las protestas tomaron un derrotero violento cuando varios activistas del Partido Comunista de India Marxista (CPI-M), que bloqueaban una carretera, arrojaron piedras a un vehículo de la policía, e hirieron a dos policías.
En respuesta a las pedradas, la Policía abrió fuego sobre los manifestantes y sobre un grupo de mujeres que se encontraban sentadas a la sombra.
Las imágenes de la televisión local mostraron a los policías disparando armas automáticas sobre varios manifestantes, cuyos cuerpos quedaron ensangrentados y tendidos en el suelo, rodeados por una multitud que gritaba pidiendo ayuda.
La situación continuó siendo tensa, ya que varios activistas del CPI-M tomaron los cadáveres de los fallecidos y los llevaron a la oficina de los funcionarios del distrito, donde destruyeron muebles y archivos cegados por la ira.
Los activistas alegaron que los disparos de la Policía se produjeron sin mediar provocación, y que buscaban matar a manifestantes inocentes.
En Hyderabad, el ministro regional de Interior, K. Jana Reddy, anunció una investigación sobre los hechos, y envió un Inspector General de Policía para dirigirla.
“Si algún policía es encontrado culpable, tomaremos medidas”, dijo el ministro del Interior, citado por IANS.
Mientras, el jefe del Gobierno regional, Y.S. Rajasekhara Reddy, se reunió con carácter de urgencia con el Director General de Policía, para analizar la situación.
Las muertes en Andhra tuvieron lugar durante la huelga de un día convocada por dos formaciones comunistas para protestar por la violencia empleada el pasado jueves por la Policía contra activistas comunistas en varios puntos de la región.
Los disparos de la Policía han generado ya una ola de críticas entre las fuerzas políticas de Andhra, donde el principal partido de la oposición, el Telugu Desam Party (TDP), que apoyaba la huelga, tildó la actuación de los agentes de “bárbara” e “inhumana”.
Durante casi tres meses los partidos de izquierda han pedido la distribución entre los pobres de tierras y construcciones gubernamentales, unas protestas que han incluido incluso las ocupaciones de terrenos.
El pasado jueves, las manifestaciones de los comunistas causaron violentos disturbios contra la Policía, un asunto que ha dominado la última sesión parlamentaria de la Asamblea Regional, este viernes.
El Gobierno regional se encontraba en conversaciones con las formaciones comunistas para resolver las protestas; el diálogo quedó inconcluso el pasado viernes, aunque estaba previsto que fuera retomado hoy.
El secretario regional del CPI, K. Narayana, y otros nueve líderes locales, que se encuentran en huelga de hambre indefinida desde hace una semana, fueron trasladados hoy a un hospital, porque su estado de salud se está deteriorando.
Los disturbios de hoy en Andhra recuerdan en buena medida a los registrados el pasado 14 de marzo en la región de Bengala (noreste), donde murieron 14 personas y otras 40 resultaron heridas en disturbios entre la Policía y miles de agricultores que protestaban porque sus tierras estaban siendo expropiadas.
La Policía abrió entonces fuego contra los campesinos, que habían bloqueado carreteras y vías férreas en la zona para protestar contra la implantación de una zona económica exclusiva que servirá para instalar fábricas.

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Hyderabad, en calma tensa tras atentado en mezquita y brutalidad policial

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Nueva Delhi, 19 may 2007.- La ciudad sureña india de Hyderabad amaneció hoy con un clima de tensa calma tras el atentado registrado este viernes en una mezquita y después de saber que algunos de los 16 muertos fallecieron por disparos de la Policía.
“Once personas murieron en la explosión dentro de la mezquita durante las oraciones, y cinco fallecieron bajo fuego policial en la ciudad vieja tras el atentado”, dijo hoy el gobernador de la región de Andhra Pradesh, Y.S. Reddy, en declaraciones citadas por la agencia india PTI.
En Hyderabad, las tiendas permanecieron cerradas y los exámenes públicos fueron pospuestos, tras una huelga convocada en protesta no por la explosión de la bomba, sino por la brutalidad policial.
El atentado se produjo en el interior de la Mezquita Macca, una de las más grandes y antiguas de la India, cuando miles de devotos se disponían a efectuar las preceptivas oraciones del viernes, en torno a la una y media de la tarde.
En la mezquita había cuatro bombas ocultas en fiambreras, aunque finalmente sólo una de ellas estalló, mientras que las otras fueron desactivadas posteriormente por la Policía.
La explosión desató el pánico entre los devotos, quienes huyeron en estampida y, ya fuera del centro religioso, se manifestaron violentamente en la ciudad vieja contra las fuerzas de seguridad, que reprimieron a tiros y con material antidisturbios las protestas.
Mientras esto sucedía, los muertos y heridos -estos últimos 61 en total- fueron trasladados a un hospital cercano, en el que un examen posterior reveló que algunos de ellos presentaban heridas de bala, informó el canal de televisión NDTV.
El gobernador regional, que había reconocido en un comunicado previo la muerte de “dos o tres personas” debido a la actuación policial, se disculpó más tarde por la acción de la Policía, asegurando que pedirá una investigación “si los hechos lo requieren”.
Reddy, que se hallaba en Nueva Delhi cuando ocurrió el atentado, adelantó su regreso a Hyderabad tras tener noticia de lo sucedido y hoy visitó el lugar del atentado, donde aprovechó para anunciar compensaciones para las familias de las víctimas y pedir calma.
El anuncio de Reddy se produce tras las primeras averiguaciones de la Policía, que anunció hoy el hallazgo de la tarjeta de un teléfono móvil junto a uno de los artefactos sin estallar.
Con esa tarjeta, que pertenece supuestamente a un miembro del grupo terrorista islámico “Harkat-ul-Jihad” (HUJI), los investigadores aseguran ahora que existe una conexión directa entre el atentado de este viernes y las explosiones que tuvieron lugar en la ciudad de Malegaon (oeste) el 8 de septiembre de 2006.
En esa ocasión, dos bombas colocadas cerca de una mezquita, también en día de oración, causaron la muerte de 31 personas en una localidad que ya había sufrido graves conflictos religiosos en el pasado.
“Es un atentado terrorista que busca provocar enfrentamientos entre las distintas comunidades religiosas de la India”, afirmó hoy en Hyderabad el ministro de Interior, Shivraj Patil, quien visitó hoy junto a Reddy la mezquita.
La Mezquita Mecca, aparte de uno de los centros islámicos más grandes y antiguos de toda la India, es considerada sagrada por los devotos de esta religión en Hyderabad, capital de la región de Andhra Pradesh, donde los musulmanes suponen el 10 por ciento de la población.
Las autoridades han anunciado ya una ayuda de unos 9.000 euros, una casa y un trabajo gubernamental para cada una de las familias de los fallecidos, incluidas las de los muertos en los disparos de la Policía.
En Hyderabad, mientras, la búsqueda del pequeño de 10 años Salman, que desapareció tras la explosión en la mezquita, concluyó hoy con un final feliz tras un día de incertidumbre: el niño estaba solo -y herido leve- en otro hospital.

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El ataque maoísta más poderoso de los últimos años revela una tragedia civil

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Nueva Delhi, 16 mar 2007.- El ataque maoísta que dejó 55 efectivos policiales en un puesto policial del distrito de Dantewada, en la región india de Chatisgarh (centro), ha mostrado el poder de la guerrilla, pero sobre todo la desoladora situación de una población civil atrapada entre dos fuegos.
El ataque se produjo en la madrugada del jueves, cuando unos 500 naxalitas (insurgentes maoístas) atacaron con granadas y cócteles molotov un puesto en el que dormían 80 agentes de seguridad, en un área de difícil acceso dentro del “Corredor Rojo”, unos 100.000 kilómetros cuadrados controlados en parte por la guerrilla.
Aunque los orígenes de los naxalitas, que tomaron su nombre de una rebelión de 1967 en la aldea bengalí de Naxalbari, aparecen ligados a la universidad, más tarde su mensaje adquirió popularidad en las áreas rurales y empobrecidas, donde suelen lanzar pequeños ataques escondidos en áreas boscosas.
Pero el poder de los maoístas no radica sólo en su buena organización, sino también en su fuerza de atracción para los jóvenes de las regiones más pobres del país, quienes, frustrados por la falta de empleo y oportunidades, se animan a engrosar las filas de los grupos guerrilleros.
Preocupado por el auge de los rebeldes, el Gobierno había contribuido en 2005 al establecimiento en Chatisgarh de un movimiento antimaoísta llamado “Campaña por la Paz” (Salwa Judum), en el que se enrolaron unos 50.000 aldeanos.
Y, de hecho, la mayoría -39- de los 55 agentes muertos pertenecen a la “Policia especial” (SPO, siglas en inglés), en realidad un cuerpo formado por aldeanos que colaboran por las fuerzas de seguridad con un rifle, una paga mensual del equivalente de 25 euros o 33 dólares y un uniforme consistente en una pegatina con las siglas escritas a mano.
“Los maoístas no son más fuertes que antes, lo que ocurre es que se defienden del cerco al que les sometemos, que es cada vez más estrecho”, declaró a Efe desde Dantewada el portavoz de ese cuerpo policial, M. Mishra.
Con este panorama, los empobrecidos jóvenes del distrito de Dantewada, en su mayoría “adivasis” (población tribal), apenas tienen tres opciones de futuro: echarse al monte con la guerrilla, colaborar con las fuerzas de contrainsurgencia organizada por el Gobierno o tratar de sobrevivir en el fuego cruzado de ambos bandos.
En Dantewada no hay nadie libre de peligro, pues los maoístas atacan a quienes participan en las actividades y mítines de la “Campaña por la Paz”, mientras quienes se niegan a ello son atacados por las fuerzas paramilitares, denunció a Efe Amnistía Internacional.
“Nos preocupa la seguridad de los “adivasis”, la gente normal en medio del conflicto. Pedimos al Gobierno que investigue los asesinatos cometidos por paramilitares y revise sus leyes de seguridad. Y los maoístas deben saber que la violencia no soluciona nada”, declaró a Efe Soumya Bhaumik, delegado de la organización.
Sólo el año pasado, la huida fue el único camino para más de 100.000 civiles del “Corredor Rojo”, resistentes a la presión de los dos bandos.
Pero como hasta en la mayor desesperanza brillan luces, un director adjunto de la Policía, Abhyanand, de la más pobre región india, Bihar, ha recurrido a la imaginación con una iniciativa que pueda romper la espiral de violencia que ha dejado cientos de miles de desplazados y miles de muertos en las últimas décadas.
Su idea es poner en marcha un circuito turístico en las zonas dominadas por los maoístas, para crear “oportunidades de trabajo y desarrollo” y “sacar algo positivo de un hecho malo”.
“Si los simpatizantes y partidarios desempleados de la guerrilla prueban las mieles del desarrollo, abandonarán a sus temibles dirigentes”, dice Abhyanand.
El “turismo maoísta” consiste en establecer puntos turísticos en las áreas golpeadas por la violencia de la guerrilla.
“Incluiremos algunos de los escondites de los rebeldes y lugares donde se cometieron masacres, siempre con la Policía garantizando la seguridad de los turistas”, declaró el agente.
Pero, con ataques a gran escala como el de esta semana, lo cierto es que los turistas deberán tener un desarrollado sentido del peligro en el “Corredor rojo”, el violento feudo de maoístas, contrainsurgentes y los sufridos “adivasis”, la gente corriente.

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Polémica por labor policial en el caso de los 17 niños violados y asesinados

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Nueva Delhi, 31 dic 2006.- Los dos acusados por la violación y asesinato de un mínimo de 17 niños de la ciudad de Noida, próxima a Nueva Delhi, continúan bajo custodia de las autoridades, mientras crece la polémica sobre la posible negligencia policial en la investigación del caso.
A pesar de que en un primer momento el peso de la acusación recayó sobre un empleado del hogar de 30 años, Satinder, que confesó los asesinatos, a última hora de ayer la Policía informó de que el principal cerebro de los crímenes era presuntamente el empleador de Satinder, el empresario Mohinder Singh Pandher.
La Policía ha descartado también la relación del caso con el tráfico de órganos, una hipótesis manejada en un primer momento, y se centra ahora en el móvil sexual, que llevó presuntamente a los acusados a violar y asesinar a los pequeños.
“Mohinder estaba separado, y solía llamar a chicas de compañía. Cuando no conseguía ninguna, pedía a Satinder que atrajera algún niño y lo invitara a la casa, donde el dueño abusaba de ellos”, declaró citado por la agencia PTI el superintendente de Policía R.K. Rathore.
El empleado, calificado por la Policía como “mentalmente enfermo“, violaba a los niños después de su jefe, tras haberlos atraído, según confesó, “con chocolatinas”, y más tarde los estrangulaba, descuartizaba y arrojaba los restos en bolsas al desagüe de las traseras de la casa.
Entre golpes y gritos de una turba que amenazaba con lincharlos, ambos pasaron ayer a disposición judicial acusados formalmente de asesinato, ocultación de pruebas y conspiración, lo que en la India puede acarrear la pena de muerte.
Mientras, decenas de padres y madres continúan hoy por tercer día frente a la casa donde aparecieron los restos, situada en un área repleta de humildes trabajadores, a la espera de que las labores de exhumación de la Policía aporten más pistas sobre la suerte de sus hijos desaparecidos, unos 38 pequeños en los últimos dos años.
Tras descubrir ayer una nueva bolsa con restos en un desagüe, no se descarta que aumente la cantidad de víctimas, que el periódico “The Times of India” cuantificó hoy en 22, asegurando que podría elevarse incluso a 30.
A medida que avanzaban ayer las tareas de excavación, crecía la ira entre los varios cientos de personas reunidas en torno a la vivienda, en el popular barrio de Nithari, hasta el punto de que la Policía tuvo que cargar contra la multitud, que trató de destruir la casa donde vivían los acusados.
Sin embargo, la tensión en torno a la casa dio paso a la desolación cuando Satinder, durante el interrogatorio policial celebrado ante los padres de los niños, identificó mediante fotografías a diez de los pequeños.
Algunos de los afectados no se habían atrevido a denunciar las desapariciones porque la mayoría de los habitantes de Nithari son inmigrantes que tenían miedo de la Policía, pero la población se muestra en todo casos muy crítica con la actuación de las fuerzas de seguridad.
“Trabajo en una fábrica y no gano dinero suficiente para sobornar a la Policía. Sólo quiere nuestro dinero”, dijo a PTI Pappu Lal, padre de un niño de ocho años desaparecido en abril.
Pappu había denunciado a los acusados en varias ocasiones, pero la Policía se negó a actuar hasta que el obrero encontró en compañía de otros padres, restos de ropa infantil tras la casa de Mohinder.
Pese a que los lugareños habían denunciado con anterioridad que las desapariciones ocurrían en un radio de 100 metros, la condición humilde de los afectados es para muchos la razón de la lentitud policial en investigar los casos, Aunque las fuerzas de seguridad se apresuraron a negar las críticas, más tarde fueron suspendidos de empleo seis policías del área de Nithani, mientras el Partido del Congreso reclamó hoy ayudas de 17.000 euros y empleos públicos para las familias afectadas, informó la cadena de televisión NDTV.
El caso del “Carnicero de Noida” tiene estos días una amplia cobertura en los medios del país, que hoy recogieron el caso de varios niños que deben estar vivos a no haber aceptado la chocolatina que les ofrecía un desconocido.

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Conmoción en la India por el hallazgo de quincena niños violados y asesinados

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Nueva Delhi, 30 dic 2006.- La India amaneció hoy conmocionada tras nuevos hallazgos de restos óseos en la casa de Noida, ciudad cercana a Nueva Delhi, donde ayer aparecieron los cadáveres de 15 niños que fueron violados y asesinados, sin que la detención de dos personas haya servido para aplacar la ira popular.
Decenas de padres y madres se desplazaron a la casa, situada en un área popular repleta de humildes trabajadores, esgrimiendo fotografías de sus hijos desaparecidos y observando la labor de la Policía, que descubrió hoy una nueva bolsa con huesos en un desagüe, informó la cadena de televisión NTDV.
En las cercanías de la vivienda hay todavía arremolinadas cientos de personas, algunas de las cuales han lanzado piedras a la casa y han tratado de entrar en ella, mientras la Policía continúa con las tareas de exhumación de los cuerpos y no descarta que aumente el número de asesinados.
Las fuerzas de seguridad detuvieron ayer a un empleado del hogar de 30 años, Satinder, que ha confesado el asesinato y la violación de doce niños.
Además, también fue detenido el empresario Mohinder Singh, que asumió hoy que los crímenes fueron cometidos por el empleado con “su conocimiento y consentimiento”, según la policía.
Ambos han pasado a disposición judicial, acusados formalmente de asesinato, ocultación de pruebas y conspiración, lo que en la India puede acarrear la pena de muerte.
Las detenciones no han servido para aplacar la ira de los habitantes de Noida, que habían registrado 38 desapariciones de niños en los dos últimos años, si bien la mitad de los casos no fueron denunciados porque muchos afectados eran inmigrantes que residían ilegalmente en el municipio y tenían miedo de la Policía.
Sin embargo, algunos familiares de los niños habían llegado sin éxito a formular denuncias contra Satinder, padre de una niña de tres años y descrito por la Policía como “mentalmente enfermo”, que confesó ayer haber violado y asesinado seis menores de 12 años “tras atraerlos con chocolatinas”.
“Las fuerzas de seguridad no nos hicieron caso”, dijo el tío paterno de un niño desaparecido en febrero al rotativo “Hindustan Times“, mientras otro lugareño aseguró haber avisado a la policía de que “los niños desaparecían siempre en un radio de 100 metros”.
En el barrio que registró los crímenes, Nithari, es frecuente la presencia de niños en las calles, porque la mayoría de la población es inmigrante y se dedica a tareas humildes, lo que ha llevado a muchos habitantes de la población a sugerir que la Policía no se ocupaba del caso por la baja condición social de los afectados.
La Policía se ha apresurado a negar las acusaciones de inacción, alegando que en los últimos meses había varios equipos de investigación en ciudades como Calcuta, Bombay y Madrás, siguiendo la pista de los niños desaparecidos. informó la cadena de televisión IBN-CNN.
Junto a los dos detenidos, la Policía ha interrogado además al vecino de la casa contigua, implicado hace unos meses en un caso de tráfico de órganos, ya que se sospecha que tiene relación con el suceso, hasta el punto de que los agentes iniciaron también excavaciones su casa.
Los restos de los niños fueron encontrados en sacos enterrados en una zona de desagüe del patio de la casa del empresario detenido, durante la investigación por la desaparición de una niña llamada Payal.
La Policía detuvo a Satinder porque utilizó el teléfono móvil de la pequeña después de asesinarla, lo que permitió a los agentes dar con él rastreando las llamadas.
Sin embargo, los habitantes del pueblo ya lo sospechaban desde hace tiempo.
“Creíamos que Satinder podía estar implicado porque los niños siempre desaparecían cuando venía al pueblo”, declaró Jhabulal al periódico “Hindustan Times“, antes de asegurar que los niños muertos “ascienden por lo menos a 50”, aunque la policía ha encontrado sólo 15 calaveras.
Mientras la India continúa sumida en el estupor, los principales diarios llevaron el crimen a sus portadas, donde ya han otorgado al presunto asesino el abominable título de “Carnicero de Noida“.

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