031 El día que quebró la fábrica de juguetes

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El día que quebró la fábrica de juguetes
se produjo en el río un vertido brutal de patitos de goma.

Las cosas ya nunca fueron lo mismo después de aquel día.

Una gran mancha de patos de goma avanzó río abajo
lenta procesión de aves silenciosas.

“Tardaremos años en recuperar el río”, decían por televisión.
“Estos patos de goma parecen tener propósitos a la deriva”.

Enseguida las autoridades lanzaron dos operaciones:
una para limpiar el río
la otra para limpiar su imagen.

La mayoría de los patos fueron interceptados por los agentes del gobierno.
Unos pocos miles quedaron varados en alguna orilla sentimental.
Unos pocos cientos terminaron ahogados por alguna corriente creativa.
Unas pocas decenas acabaron en las estanterías de los hijos de los pescadores.
Unos pocos patitos de goma fueron devorados por depredadores que nadie sabe.

Un patito de goma llegó al mar.

Quienes lo vieron afirmaron que iba navegando lentamente,
con la vista puesta en el horizonte, sin ningún gesto de emoción.

“Es un visionario”, decían las noticias
“por su apostura y su elegante navegación,
por su determinación en el rumbo,
por su segura velocidad y su bella estampa,
no hay ninguna duda:
este pato era el mejor de todos ellos”.

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El habitante del tiempo (2017)

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¡Noticias, noticias!

Mi nuevo libro de poemas, titulado “El habitante del tiempo“, saldrá a la venta en próximas semanas. Al igual que el anterior (“Acto de creación“), está primorosamente editado por la casa madrileña “Cuadernos del Laberinto”, dentro de su sello ‘Anaquel de poesía”. Pronto actualizaré esta entrada con algunos puntos de venta, pero antes querría compartir la sinopsis del libro así como su diseño de portada:

el habitante del tiempo “Unos versos del poeta clásico Lucrecio adornan el frontispicio de estos poemas: Todo, nos recuerda, se renueva sin cesar. Unos mortales crecen, otros decrecen, y en un corto lapso las generaciones van sucediéndose y se pasan, igual que corredores, la antorcha de la vida.

El flujo del tiempo, que es algo casi siempre más constatado que percibido, es el nexo común de los poemas reunidos en este libro, pero no como melancólicos cantos de nostalgia ni recuerdos del pasado, sino desde la emoción simbólica y el sentido de lo maravilloso.

Encerrados en estas páginas combaten como dos boxeadores el amor y la muerte; murmuran las piedras de una silenciosa abadía; se pierden los niños en el laberinto de espejos. El fuego vive en la muerte de lo que arde y como cometas también arden, contigo, los poemas”.

En “El habitante del tiempo” reúno 55 poemas de estructura variada y diferentes aproximaciones al sentido de lo pasajero. Alguno de estos poemas, como el que da comienzo al libro, está disponible en esta página. Podéis encontrar más información en la página web de la editorial.

Ahora os dejo con el poema n°9 de “El habitante del tiempo”. Espero que os guste:

 09. COSMOS

El universo es un gran desierto oscuro.
Su materia, igual que las arenas movedizas
va devorando los astros
y tu nombre en ellos.

Dentro se encienden y apagan las vidas,
pequeños latigazos eléctricos.
Ponen en la luz toda su pequeña armonía,
su esperanza, su asombro,
pero es que la luz pronto se marcha
sin centro ni deseo,
y en su hueco anochece.

Como un monte de ceniza el universo vuela;
los astros lejanos flotan en silencio,
pavesas apenas;
los conatos de piedad, temprano
se deshacen.

Amar, ese milagro.

 

 

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01. Silencio, sol, pájaros (~2007)

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SILENCIO, sol, pájaros, que nada os arrebate.
Pisan las palabras resbaladizas tierras:
con sonidos vamos dibujando nuestras redes
creando contornos de labial geometría.
La luz viaja atrapada en su velocidad
La luna va dejando de serlo en su redondel.
Abro la boca y levanto muros de aire,
soplos de posesión, mi herramienta del mundo.
A veces en la más bella forma,
las cosas las hago mías por un momento
pero las pierdo para siempre como son.
Arduo el precio en la labor de abrir grietas,
nuestras aristas de sol no son el sol.
Por eso al llamarlo el silencio se esconde
y cuando toco la flor, ella se marcha.
No podemos nombrar nada sin cambiarlo
y nuestra ambición va siguiendo rastros,
llenando el espacio de las sombras
pincel a cincel, sílaba a sílaba,
hasta la total destrucción del poema total.

 

(“Silencio, sol, pájaros’ es el poema inaugural del libro ‘El habitante del tiempo‘)   

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Fragmentaria (2003)

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I
Voy de los ojos a los labios
y a los labios
de viaje en tránsito perpetuo
rujo en tu cuerpo y rojo el amor
como epidemia deseada
como en carne el rayo abre
sin fondo el hondo túnel
hasta por dentro acariciar la permanencia.

Así mi corazón vuela hacia el tuyo,
necesario y mortal como el latido.
Queriendo, ungido en ti, agarrar la vida
sólo unas aguas, solo el cuerpo doble
entre el aire acelerado
la inocencia envejecida
entre las sábanas
ajada en la erosión de esos arroyos.

El gran conocimiento cómo cansa
envuelto en el viaje
en esta velocidad de nuestra música
girando alrededor todo y
al precio del cansancio
inventándose el sonido
total,
la respiración primera
el nacimiento de las cosas.
Para las hebras de mi cosmología
sin fondo abierto el hondo túnel
puedo ensimismarme y naufragar,
hecho a la vez canción y espada
y hundirme poco a poco en este océano
de sangre nueva y nuestra
más allá de donde alcanza nuestra voz y nuestro lecho

II
En la creación del mundo estoy,
en pleno abrazo árbol y tierra,
agua y semilla voraz
que da puro vivir a cuanto mira
y lo que cree, lo crea

III
Pero se une y se parte
y de nuevo he de viajar.
Ahora que todo cogió nombre
puedo admirarlo: no eres sólo tú
pero estás en cada alta vibración
y en cada callejón oscuro
allí también tú estabas.
Aún tanto por andar en el amor
para luego dormir siempre
Voy de los ojos a los labios
y a los labios
y que en todo lo que nazca
haya otra luz, otros destellos
otras cosas futuras en su nuevo desarrollo
todo hecho amor, también los túneles
para luego siempre dormir,
siempre.

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