El Ejército ceilanés divulga las primeras imágenes del cadáver de Prabhakaran

September 4, 2009

Nueva Delhi, 19 may 2009.- El Ejército ceilanés divulgó hoy las primeras imágenes del cadáver del jefe de la guerrilla tamil (LTTE), Vellupillai Prabhakaran, horas después de que el presidente de Sri Lanka anunciara oficialmente el fin de 26 años de guerra.
“El cadáver de V. Prabhakaran, líder psicópata de la más bárbara organización terrorista del mundo, los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE), ha sido encontrado hace poco”, aseguró el ministerio de Defensa en un comunicado.
El vídeo difundido por Defensa mostraba a un grupo de soldados en torno al cadáver del líder guerrillero, dispuesto en uniforme rebelde sobre unas parihuelas y atacado por las moscas, con la cara hinchada y aparentes heridas de bala en la cabeza.
El hallazgo fue realizado por el Ejército en las cercanías del lago Nanthikadal, donde las tropas rechazaron este lunes un último intento de los guerrilleros por escapar del cerco que sufrían, lo que causó, según la versión oficial, 352 muertos en las filas rebeldes.
“La victoria que hemos alcanzado derrotando al LTTE es la victoria de nuestro país, nuestra patria. Proteger a la población tamil es mi responsabilidad y mi deber”, dijo Rajapaksa en su comparecencia ante el Parlamento, recibida por continuos aplausos.
Rajapaksa pidió ayuda a la comunidad internacional para reconstruir el norte del país, asolado por la guerra, pero rechazó “importar” una solución política para dotar de autonomía a los minoritarios tamiles, las grandes víctimas del conflicto.
“No tenemos tiempo para experimentar con las soluciones sugeridas por otros países”, dijo Rajapaksa, tras brindar por la reconciliación nacional y abogar por la integración de todos.
Los combates de la guerrilla y el Ejército en los últimos meses han causado la muerte de al menos 6.500 civiles, según datos de la ONU, mientras que otros 265.000 se encuentran confinados en campamentos instalados por el Gobierno sin poder salir de ellos.
“Nuestro objetivo era proteger a los tamiles de las garras del LTTE. Para proteger a los civiles tamiles inocentes nuestros soldados sacrificaron sus vidas”, dijo Rajapaksa, que decretó un día festivo para mañana en conmemoración de la “derrota del terrorismo”.
Durante su discurso, Rajapaksa se mantuvo en silencio sobre Prabhakaran, lo que alimentó durante unas horas la especulación acerca de su muerte, reforzada además porque un alto cargo de la guerrilla en el exilio negó la muerte de su líder.
“El Gobierno de Sri Lanka hace reivindicaciones no verificadas. Sólo puedo decir que nuestro líder nacional está vivo y a salvo”, dijo en entrevista para el portal Tamilnet -afín a la guerrilla- el jefe de relaciones internacionales del LTTE, S. Pathmanathan.
Distintas fuentes oficiales confirmaron este lunes la muerte de Prabhakaran, quien supuestamente intentaba huir de la zona a bordo de un vehículo blindado y una ambulancia acompañado de su número dos, Pottu Amman, y del jefe de la división naval, Soosai.
La guerrilla se encontraba desde hace semanas rodeada por el Ejército en una pequeña franja del noreste del país donde también se hacinaban decenas de miles de civiles, víctimas de bombardeos de las tropas y de la represión rebelde en caso de intentar la huida.
Tras el combate final del lunes, el Ejército publicó una lista con 18 nombres de líderes guerrilleros muertos en la que no se encontraba Prabhakaran, aunque sí sus colaboradores más cercanos y su hijo primogénito, Charles Anthony, jefe del área tecnológica.
Hoy, Pathmanathan acusó a las tropas de haber cometido un “crimen contra la Humanidad” por los “asesinatos” del líder político del LTTE, B. Nadesan, y del jefe de la secretaría de paz (LTTEPS), S. Puleedevan, quienes intentaban negociar con las tropas desarmados y con banderas blancas.
“Lo que ocurrió el lunes fue una masacre bien planeada de varios oficiales civiles desarmados del LTTE con el propósito de aniquilar su estructura política”, destacó el portal Tamilnet, que apuntó a una “alta figura de Defensa” como responsable.
El LTTE inició un levantamiento armado contra Sri Lanka en 1983 en reivindicación de un estado independiente en el norte y el este de la isla, controlada por la mayoría cingalesa, y desde entonces han muerto más de 80.000 personas víctimas de la violencia.
La comunidad internacional centra ya su atención en el destino de los civiles confinados en los campos del Gobierno, a la espera de la visita este viernes a la isla del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Ejército ceilandés proclama derrota de guerrilla tamil tras 26 años en guerra

September 4, 2009

Nueva Delhi, 18 may 2009.- El Ejército de Sri Lanka dio hoy por concluidos los cerca de 26 años de guerra en el país tras acabar con la cúpula y los últimos guerrilleros de los “tigres” tamiles, en una ofensiva de varios meses durante la que han muerto miles de civiles.
“Todos los líderes del LTTE (Tigres para la Liberación de la Patria Tamil) han muerto”, dijo a Efe por teléfono el director de información del Gobierno, Anusha Palpita.
Poco después, el jefe del Estado mayor ceilanés, Sarath Fonseka, declaró en un comunicado difundido por el Ministerio de Defensa que las tropas han “derrotado militarmente” al LTTE y “liberado a la nación de tres décadas de terror”.
La guerrilla estaba cercada desde hace semanas en una pequeña franja costera del noreste de Sri Lanka, donde además se hacinaban decenas de miles de civiles que han sido víctimas de duros bombardeos militares y de disparos rebeldes si trataban de huir.
Este fin de semana, el Ejército logró aislar a los últimos guerrilleros en menos de un kilómetro cuadrado, hasta que esta mañana los Tigres tamiles llevaron a cabo una operación desesperada para lograr la huida de la cúpula dirigente.
“Intentar escapar era su única oportunidad. Ahora todos están muertos y no hay ningún superviviente en la zona”, dijo a Efe el portavoz del Ejército, Udaya Nanayakkara, quien anunció que los militares controlan ya “todo el territorio”.
Durante ese último combate, las tropas acabaron con las vidas de unos 250 guerrilleros, según el portavoz, quien dio por hecho que entre los fallecidos figuran tanto el líder guerrillero supremo, Vellupillai Prabhakaran, como su número dos, Pottu Amman.
El líder guerrillero, de 54 años, intentó salir de la zona de combate junto a Amman y al jefe de la marina guerrillera, Soosai, en un convoy formado por una ambulancia y una furgoneta que fueron tiroteadas por el Ejército.
La noticia de su muerte llegó horas después de que el Ejército anunciara la del primogénito de Prabhakaran, Charles Anthony, y la de otros seis conocidos líderes de este longevo y sanguinario grupo guerrillero que lucha por la independencia tamil en la isla.
Entre ellos estaban el máximo encargado de asuntos políticos, B. Nadesan; el responsable de la Secretaría de Paz (LTTEPS), S. Puleedevan, y el director de la policía rebelde, Ilango.
“Esta es la primera vez que un grupo terrorista ha sido completamente aniquilado por un Gobierno democrático”, comentó a Efe por teléfono el secretario ceilanés de Exteriores, Palitha Kohona, quien restó credibilidad a las denuncias sobre muertos civiles.
En un comunicado publicado hoy en Tamilnet -un portal afín al LTTE-, la guerrilla denunció hoy que el Ejército ha llevado a cabo una “masacre decidida” contra el último reducto tamil, donde apenas quedaban “1.000 guerrilleros heridos, funcionarios y civiles”.
“Colombo ha decidido no permitir ninguna oportunidad para que el LTTE negocie y aniquilar su liderazgo”, mantuvo la guerrilla, con conexiones en el exterior del país.
Este domingo, los Tigres tamiles ya declararon que la batalla había llegado a su “amargo final” y anunciaron un cese unilateral de los combates para evitar un derramamiento de sangre mayor entre los civiles.
Era la respuesta al anuncio del Gobierno acerca del “rescate” de los 50.000 civiles que continuaban en las últimas áreas guerrilleras y que han sido trasladados a los campamentos instalados por las autoridades para acoger a los desplazados.
“Creemos que el Ejército ha tomado entre 50.000 y 80.000 civiles en los últimos días y los está trasladando a campamentos. Ha ganado la guerra, pero se levanta una cuestión obvia: ¿y ahora qué”, dijo a Efe el portavoz de la ONU en el país, Gordon Weiss.
Los violentos combates han causado desde comienzo de año la muerte de más de 6.500 civiles, según cálculos de la ONU, a falta de añadir los datos de las últimas semanas, ya con la guerrilla cercada junto a miles de personas que usaba para protegerse.
Y en los campamentos, según Kohona, hay en este momento 250.000 personas a la espera de que el Gobierno rehabilite sus zonas de procedencia, aunque las organizaciones de ayuda denuncian que los tamiles no tienen permiso para salir de ellos.
La muerte de los líderes guerrilleros que luchaban por obtener la independencia tamil marca el fin de una etapa en este antiguo conflicto asiático de Asia y fue saludada hoy con celebraciones en Colombo por parte de la mayoría cingalesa.

El “tigre” tamil Prabhakaran, líder de una guerrilla sanguinaria y resistente

September 4, 2009

Nueva Delhi, 18 may 2009.- El escurridizo líder Vellupillai Prabhakaran, muerto hoy a manos del Ejército de Sri Lanka tras 26 años de lucha, ha sido el rostro de la guerrilla tamil, un cuerpo sanguinario que llegó a tener una aviación propia y patentó los ataques suicidas como arma de combate.
El inflexible fundador de los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE) y el resto de líderes de la guerrilla “están todos muertos”, aseguró hoy a Efe un portavoz militar, quien dijo que sólo falta confirmar oficialmente el reconocimiento del cadáver.
Héroe para sus adeptos y terrorista para el Gobierno ceilandés, Prabhakaran lideró con mano de hierro una guerrilla bien entrenada y disciplinada que puso en jaque durante décadas al Ejército, que hoy aseguró haber acabado con lo que quedaba del LTTE, unos cientos de hombres que resistían acorralados en menos de un kilómetro cuadrado.
Lejos queda el tiempo en que Prabhakaran llegó a controlar dos tercios de las costas y un tercio del territorio total de Sri Lanka.
Durante dos décadas y media de lucha, el “tigre” Prabhakaran no ha dudado en eliminar por cualquier medio cualquier atisbo de disidencia entre la comunidad tamil, y hasta el final sus hombres dispararon contra la población que quería huir de los combates.
Nacido en noviembre de 1954 en la península de Jaffna (norte) como el menor de cuatro hermanos, su vida puede resumirse en una sanguinaria carrera para lograr la independencia de los tamiles de la isla tras décadas de discriminación por parte de la mayoría cingalesa.
Aunque durante su mando ha concedido muy pocas entrevistas, se dice de Prabhakaran que era un estudiante tímido que, enfadado por los malos tratos que sufrían los tamiles, se apuntó a artes marciales e inició su militancia en movimientos independentistas.
En 1975, fue acusado de asesinar a bocajarro al entonces alcalde de Jaffna, Alfred Duraiappah, poco tiempo después de fundar una organización denominada Nuevos Tigres Tamiles (TNT), el germen de lo que sería el LTTE.
Ya renombrado, los guerrilleros del LTTE emprendieron una campaña de violencia de baja intensidad que contó con un apreciable apoyo popular y desembocó en 1983 en una guerra abierta contra el Gobierno de Sri Lanka que ha causado más de 70.000 muertos (casi 6.500 de ellos este año, según cálculos de la ONU).
Prabhakaran construyó una organización de tipo totalitario preparada para llevar a cabo audaces ataques terroristas y golpes de efecto, pero también para gestionar un Estado de hecho, con hospitales, Policía y hasta un servicio propio de aduanas.
Líder indiscutible del LTTE, Prabhakaran se mostró inflexible ante la disidencia en el movimiento armado, que ha dirigido desde sus búnkeres y redes de túneles excavados en las áreas selváticas ahora conquistadas por el Ejército.
“Prabhakaran no es el tipo de hombre que vive en la superficie. Estoy seguro de que está viviendo bajo tierra”, dijo a la prensa sólo hace unos días el brigadier Shavendra Desilva, que dio por descontado que el “tigre” iba a luchar “hasta el último momento”.
Cada año, el jefe del LTTE pronunciaba un discurso con motivo del día de los Héroes de la Patria Tamil.
“Hay tres fundamentos: la patria tamil, la nacionalidad tamil y el derecho a la autodeterminación de los tamiles. Esas son las demandas fundamentales de los tamiles”, dijo en una multitudinaria y excepcional rueda de prensa en 2002, cuando el LTTE alcanzó un alto el fuego con el Gobierno.
Objeto de constantes rumores y especulaciones, se dice que el histórico líder guerrillero, que sufría de diabetes, sobrevivió a varios intentos de asesinato y captura, y que llevaba colgada del cuello una cápsula de cianuro para evitar que lo atrapasen con vida.
Prabhakaran estaba casado con Mathivathani Erambu y tiene tres hijos, dos varones y una chica.
Según el Ejército ceilanés, su mujer, su hija y su hijo menor están fuera del país, pero el mayor, de 23 años y que seguía a su padre en el frente, murió hoy también poco antes de su progenitor.
Prabhakaran estaba buscado por la Interpol por terrorismo, asesinato, crimen organizado y conspiración terrorista.

Dos reyes en Lanka

February 13, 2009

El poema histórico “Mahavamsa”, un recuento de ocho siglos sobre los reyes de Sri Lanka, recoge el combate legendario que el rey cingalés Dutugamunu sostuvo contra un rey tamil usurpador, Elara, que se había apoderado del norte tras invadir la isla desde la India con sus tropas. En plena batalla, Dutugamunu se plantó ante su enemigo y los dos se enfrentaron a lomos de sus elefantes, hasta que el cingalés hirió mortalmente con un dardo a Elara, más viejo y menos ágil.

“El agua del tanque se tintó de rojo con la sangre de los muertos”, clama el poema sobre la batalla. De aquella historia han pasado más de 2.100 años, pero Dutugamunu es hoy uno de los personajes más queridos por los elementos nacionalistas de la mayoría cingalesa, que domina el estado en la isla del Índico. En Sri Lanka sigue corriendo sangre. Y no es un secreto que su presidente, Mahinda Rajapaksa, sueña con emular al mítico Dutugamunu, en vista de la ofensiva militar que ha puesto de rodillas en el norte a la guerrilla tamil.

“Si no hubiera civiles ahí dentro, no tardaríamos ni un día en destruirla”, responde al otro lado del hilo telefónico el portavoz del Ejército de Sri Lanka, Udaya Nanayakkara. En el último año y medio, las tropas han conquistado un territorio mayor que la provincia de Sevilla –unos 14.800 kilómetros cuadrados- y han arrinconado a los Tigres tamiles (LTTE) en una esquina selvática en el noreste de Sri Lanka.

Pero su ofensiva exitosa –apoyada en una abrumadora superioridad armamentística y un Ejército 15 veces más numeroso que la guerrilla- se enfrenta ahora a la barrera humanitaria que las organizaciones de ayuda y varias potencias recuerdan al Gobierno: dice la ONU que en los últimos bastiones guerrilleros hay unos 250.000 civiles atrapados e indefensos ante los bombardeos de la aviación gubernamental, los combates incesantes y las supuestas presiones –y disparos- de la guerrilla para que no huyan de las últimas áreas bajo su control.

“No nos podemos dar un plazo, porque tenemos que minimizar el daño causado a los civiles”, comenta Nanayakkara. Esa es también la versión oficial del Gobierno ceilanés, aunque hasta ahora el factor civil no ha detenido anteriores avances. Y las versiones independientes son muy poco amables: el portavoz de la ONU en el país, Gordon Weiss, acusó la semana pasada al Ejército de una masacre con 52 muertos civiles. Razón por la que los halcones del Gobierno piden la evacuación de los cooperantes extranjeros: los testigos corren riesgos porque suponen un riesgo.

“Tenemos unos 20 trabajadores en el terreno, pero no puedo precisar dónde se encuentran. Algunos están con los pacientes, otros han sido desplazados. Estamos preocupados por la higiene, los refugios, las medicinas. Desde finales de enero no ha sido posible llevar ayuda humanitaria a las áreas de guerra”, cuenta la portavoz de la Cruz Roja, Sarasi Wijeratne. Su organización es la única autorizada por los contendientes para operar.

La antipatía de ambos bandos por las versiones independientes cristaliza en las difíciles condiciones de trabajo que afronta la Cruz Roja en sus tareas de asistencia a los civiles o la prohibición de que los reporteros accedan a los campos de batalla. En el ambiente pesan también las amenazas y asesinatos contra periodistas, como el sonado caso del editor Lasantha Wickramatunga. Crítico con el Gobierno y sabedor del peligro que corría, Wickramatunga, tiroteado de camino al trabajo el 8 de enero, dejó preparado un demoledor artículo para que fuera publicado a su muerte:

Otros caminaron –dejó escrito en referencia al presidente, Mahinda Rajapakasa- en la sombra de la muerte que tu presidencia ha supuesto para la libertad por la que una vez luchaste duramente. Nunca podrás olvidar que mi muerte sucedió ante tus ojos. Tan angustiado como sé que estarás, también sé que no tendrás más elección que la de perdonar a mis asesinos”.

“No es más que otro asesinato”, dijo luego a la BBC el secretario de Defensa, Gotabhaya Rajapaksa (hermano de sangre del presidente). Él mismo, considerado uno de los más duros defensores de la solución final contra la guerrilla, fue objeto de un intento de asesinato por parte del LTTE. Como también lo fue el actual jefe del Estado mayor ceilanés, Sarath Fonseka, que dirige las operaciones del Ejército.

La ofensiva de Fonseka y el clan Rajapaksa ha tenido hasta ahora un éxito indiscutible: el LTTE ha pasado de controlar amplias franjas costeras del este y el norte –donde los tamiles tienen mayor presencia- a quedar arrinconado en un espacio de 140 kilómetros cuadrados en las áreas selváticas de Mullaitivu, el feudo histórico al que siempre se ha replegado cuando las cosas contra el Ejército se ponían feas.

Pero la situación pinta mal para la guerrilla, peor que otras veces: según el Ejército, el LTTE apenas cuenta con 600 guerrilleros “en disposición de lucha directa”, que se encuentran rodeados por unos 50.000 soldados que cubren todos los flancos. Hasta se especula con la posible huida vía marítima de su líder supremo, Velupillai Prabhakaran, mientras sus antiguos escondites caen uno tras otro en manos de las tropas.

Los Tigres tamiles son conscientes de su obvia inferioridad militar, así que su estrategia hasta el momento se ha basado en resistirse lo más posible al avance de las tropas y replegarse llevándose consigo a los civiles cuando sus posiciones eran insostenibles. Siguiendo esta técnica –limitando sus bajas, dicen-, han perdido hasta ahora sus feudos principales: su capital de facto, Kilinochchi, el estratégico Paso del Elefante y la ciudad de Mullaitivu.

La estrategia cuenta con el apoyo de una de sus alas más experimentadas: la división de propaganda, experta en comunicación y contra-información desde portales como Tamilnet, en inglés, o Puthinam, en tamil, con los que intenta atraer la atención de la diáspora y de la comunidad internacional para lograr un alto el fuego o una mediación. Estos días, los medios tamiles se recrean en ataques contra hospitales, disparos contra civiles y, en resumen, la palabra “genocidio”.

En esta hermosa isla que cuelga de la India en los mapas y en los despachos, la acusación levanta viejos fantasmas en la memoria de la comunidad tamil. Componen el 18 por ciento de la población, es decir, unos dos millones de personas (no hay censos fiables) pero han visto cómo desde la independencia el estado era levantado por la mayoría cingalesa siguiendo criterios exclusivistas y hasta discriminatorios. Un ejemplo muy citado es la declaración del cingalés como única lengua oficial.

Por eso la guerrilla apuntala sus mensajes con referencias a la discriminación, al genocidio. Y sin embargo, aparte de que no existe comprobación independiente de sus reivindicaciones, una posible mediación de la comunidad internacional o un alto el fuego se antojan difíciles. Principalmente porque el Gobierno de Sri Lanka siente demasiado cercana la victoria militar como para aceptar una zanahoria diferente, pero también porque la India, la principal potencia regional, se frota las manos con la posibilidad de obtener la cabeza de Prabhakaran, el responsable del asesinato del ex primer ministro Rajiv Gandhi.

Pero la presión sobre el Gobierno aumenta. La India, que proporciona un callado suministro armamentístico a la isla, no puede permitirse apoyar demasiado abiertamente a Rajapaksa porque con ello se ganaría la furia de su propia población tamil, 66 millones de personas que comparten cultura y costumbres con sus “hermanos” del norte de Sri Lanka. Y Estados Unidos, la Unión Europea Japón y Noruega han pedido una tregua momentánea para permitir la huida de los civiles atrapados. Rajapaksa recibió incluso una llamada del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, quien le pidió parar los combates unas horas. “Gracias por su interés, señor, pero no es posible”, respondió Rajapaksa.

En el cálculo gubernamental, los ataúdes de soldados que llegan cada mes a Colombo, la crisis humanitaria o la posible regañina internacional son un precio que vale la pena pagar: por primera vez en varias décadas, Rajapaksa ha conseguido convencer a la población de que es posible barrer militarmente a la guerrilla, que a sus 25 años de existencia es una de las organizaciones más sangrientas del mundo y ha mantenido al país partido en dos con su violento desafío.

Desde el inicio de la guerra en 1983 han muerto casi 100.000 personas, según contaba por teléfono el ministro de Minorías, Dev Gunasekara, entre brotes esporádicos de violencia étnica, en acciones militares o en atentados de la división de suicidas de la guerrilla, los Tigres Negros, que se fotografían con su líder supremo antes de acudir a la muerte cierta y arrastrar con ellos a quien se ponga por delante.

Los guerrilleros tamiles gustan de cultivar la mística de la revolución: su símbolo es un tigre rugiente y van uniformados como si ellos mismos lo fueran. Con el uniforme, reciben una pastilla de cianuro que deben ingerir en caso de ser capturados.Cuentan -o contaban- con una fuerza aérea (un par de avionetas de fabricación checa) y una Armada.Hasta esta ofensiva del Ejército, habían montado un mini estado de facto con hospitales, policía, tribunales y aduanas propias.

Y a la vez, mantenían la disciplina entre sus filas con mano de hierro y alimentaban la fidelidad con una llamativa atención por la mercadotecnia (hasta venden canciones patrióticas por internet), gracias en parte a los fondos reunidos con aportaciones de la poderosa diáspora tamil en el extranjero, donde desarrollaron una poderosa red clientelar con conexiones que van desde París a Toronto y que fue golpeada con fuerza a partir del 11-S en Nueva York.

El propio Prabhakaran ha mostrado desde siempre un desprecio ofensivo contra los derechos humanos. Militante desde el origen de la guerrilla, ha cometido él mismo varios asesinatos, ha ordenado otros, como el mencionado de Rajiv Gandhi- y es buscado por la Interpol por múltiples cargos. De su sequedad da idea la orden de expulsión de 80.000 musulmanes residentes en las áreas tamiles, a quienes dio un plazo (cumplido) de 24 horas. Se marcharon con lo puesto.

En su despiadada carrera para obtener la independencia de la minoría tamil y erigirse en voz única de la etnia en Sri Lanka, Prabhakaran no ha dudado en eliminar a sus adversarios políticos –cercanos o lejanos-, usar niños soldado, y en recurrir a los atentados suicidas o los tiros en la nuca para terminar con cualquier disidencia o amenaza.

Así que Capturar al líder tamil traería el mejor titular para coronar la ofensiva militar de Rajapaksa. Sería un golpe definitivo, la derrota total y simbólica que un violento Dutugamunu asesta a un Elara despojado de su antigua justicia. Pero cuando el rey cingalés le clave el dardo final a la guerrilla, llegará el verdadero desafío: hacer que los tamiles se sientan cómodos en Sri Lanka.

Y no es fácil. Para el día después, el Gobierno prepara ya varios campos de detención para acoger a los refugiados tamiles, similares a otros en los que languidecen los musulmanes. En el ámbito tamil, el LTTE ha dominado la vida política hasta tal punto que su desarticulación militar dejará probablemente un vacío peligroso para la comunidad, que quedará desorganizada. Para los tamiles, el desafío estribará en construir un movimiento político alejado de la violencia.

Dicho de otro modo: dependerán de su propia capacidad para adaptarse al día después, pero también de las hasta ahora inexistentes compasión y la magnanimidad de Rajapaksa, cuando deje de correr la sangre.

Por si al presidente le faltara voluntad, la historia ofrece pistas: pese a su derrota, el invasor rey Elara pasó a la historia como un rey justo y respetado, que logró garantizar la convivencia entre sus súbditos con independencia de su etnia. Tras vencerlo en el campo de batalla, el propio Dutugamunu se arrepintió de su acción y ordenó cremar al rey caído con honores. La pena fue tanta que ordenó construir un túmulo. “Nunca conoció la alegría, recordando la destrucción tanto de sus enemigos como de sus propios soldados”, dice el “Mahavamsa”. Veamos.