De inmigrantes anónimos en los parques a héroes deportivos en la India

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Nueva Delhi, 6 abr.- Un grupo de emigrantes indios que se reúne los sábados en un parque de Barcelona compone la primera “selección” española de “kabaddi”, un curioso deporte que concita estos días a decenas de miles de espectadores en el noroeste de la India.
El capitán, Malkit Singh, y sus muchachos han viajado hasta la región india de Punjab, donde su “selección” se está enfrentando con solvencia pero sin suerte a potentes equipos de la disciplina, como Canadá o Pakistán, en la Copa del Mundo Kabaddi-Punjab 2010.
“Jugamos en un parque cerca de la Plaza de España de Barcelona. Nuestra nacionalidad es india. Lo que pasa es que el Gobierno de España no nos ayuda. En España sólo interesa el fútbol, y a mí me gusta, pero mi deporte es el kabaddi”, dijo a Efe el capitán, contactado telefónicamente.
Todos los integrantes del equipo “español” se apellidan Singh, como es tradicional entre los fieles de la religión sij, concentrada en el Punjab, y reparten su residencia entre Barcelona, Alicante o Palma de Mallorca.
Su afición, el “kabaddi”, es un deporte de contacto en el que, por turnos, un equipo de cinco a siete miembros dispuesto en una mitad del campo intenta atrapar a un atacante solitario del equipo contrario, cuya tarea es “eliminar” con un “toque” a cada uno de sus oponentes.
Durante sus maniobras en terreno del contrincante, el atacante debe contener la respiración, por lo que es tradicional que el jugador repita sin cesar la palabra “kabaddi” como forma de demostrar que no respira, antes de volver a su campo.
Esta versión sofisticada del “pilla-pilla” hispano está atrayendo a los estadios, según la organización de la Copa de Punjab, una media de 22.000-25.000 espectadores, aficionados a un juego que concitará, si acaso, la atención de algunos curiosos en los parques de Barcelona.
Y quizá porque su único requisito es disponer de un campo abierto, el “kabaddi” es popular sobre todo en las áreas rurales de Punjab, donde el Gobierno regional ha decidido organizar el primer mundial para “apartar a los jóvenes de las drogas”, según la organización.
“Hay pueblos donde el 50 por ciento de los jóvenes consumen drogas, así que pensamos en el deporte como alternativa. Además, así podemos unir a nuestra gente de la diáspora”, dijo a Efe por teléfono el director de Deportes de Punjab, Pargat Singh.
Según el director, la organización se vio obligada a contactar con equipos no profesionales en áreas del mundo con presencia significativa de la comunidad punjabí, ya que el “kabaddi“, de amplia tradición en varias zonas de Asia, sigue siendo desconocido en Occidente.
Por eso, dice la organización, los equipos se ajustan como un guante a las zonas del mundo con más emigrantes punjabíes, y aparte de la India y Pakistán, provienen de los países receptores tradicionales de esta etnia, como Canadá o EEUU.
Aunque digna, la andadura de estos “españoles de adopción” está siendo insuficiente: el equipo cayó ante Canadá por 68-28 en el partido inaugural del campeonato y más tarde fue derrotado por el Reino Unido, aunque con un más ajustado 37-28.
“Sí, hemos perdido los dos primeros partidos, pero es que tuvimos problemas con el equipo. Muchos no han podido venir porque habrían perdido sus trabajos”, se lamentó el capitán, que ha pasado tres años en España pero tiene aún dificultades con el idioma.
El campeonato comenzó el pasado día 3 y acabará el 12 con un suculento premio de diez millones de rupias (unos 167.000 euros) para el ganador, aunque el equipo de Malkit Singh se embolsará 500.000 rupias por el mero hecho de participar.
Y luego, llegará la vuelta a sus vidas: “Me gusta jugar al kabaddi, pero lo que de verdad necesito es ayuda para conseguir un empleo”, dijo a Efe el jugador “español” Shamsher Singh, pocas horas antes de enfrentarse hoy a los “kabaddistas” de Pakistán

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Se cumplen 25 años del asalto al Templo Dorado, el “peor día” de los sijs

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Nueva Delhi, 4 jun 2009.- Los “sijs” de la India recuerdan estos días con ceremonias y manifestaciones los 25 años del episodio más oscuro de su historia reciente, la entrada a sangre y fuego del Ejército indio en el sagrado Templo Dorado de Amritsar, que se saldó con más de 500 muertos.
“Los devotos vienen de todo el mundo a rezar al Templo Dorado, nuestro lugar más sagrado. Por eso no podemos olvidar el peor día. Los sijs de la India queremos vivir en paz, pero también con honor”, dijo a Efe por teléfono Darmegh Singh, secretario del Comité Shiromani Gurdwara Parbhandak (SGPC, siglas en inglés).
El SGPC es un mini-parlamento electivo que controla las gurudwaras del Punjab (noroeste), el principal bastión religioso del sijismo, una minoría de unos 20 millones de fieles en la India y una diáspora de otros 5 millones de personas.
“Nuestra ceremonia será este sábado en el complejo del Templo Dorado. Será un momento de recuerdo para esa horrible entrada del Ejército”, continuó Singh.
Corría junio de 1984 cuando la entonces primera ministra, Indira Gandhi, ordenó al Ejército que tomara el principal centro del culto sij, donde se habían atrincherado cientos de independentistas armados bajo mando del radical Jarnail Singh Bhindranwale.
En la llamada “Operación Blue Star”, las tropas rodearon el templo un 3 de junio -día de peregrinación-, y lo atacaron durante cuatro días, con lo que muchos civiles murieron en los combates, que además se cobraron la vida de más de 400 independentistas.
Ya meses después, la propia Indira Gandhi fue asesinada en venganza por dos guardaespaldas de religión sij, lo que desencadenó graves disturbios y una nueva matanza callejera de sijs en la capital india, durante la que murieron 3.000 personas.
Punjab, ya más calmado hoy en día, fue escenario de un violento levantamiento armado que causó 25.000 muertos entre los años 1981 y 1995, siguiendo la demanda de los radicales sijs para crear un Estado independiente, el Khalistán (“tierra de los puros”).
Aunque las elecciones regionales de 1992 marcaron el fin de la administración directa por parte del Gobierno central y la vuelta a la normalidad en la región, en el Punjab todavía hay grupos que consideran un héroe a Bhindranwale y dan vivas al Khalistán.
“Las heridas que dejó el ataque contra el templo siguen vivas y no lo olvidaremos. Nuestros héroes vivirán en la memoria durante generaciones”, aseguró a Efe desde Amritsar H.S. Dhami, presidente del grupo radical más emblemático, el Dal Khalsa.
Su organización acusa al mayoritario y moderado SGPC de no hacer lo suficiente para instalar un memorial que recuerde a los caídos en el asalto “en un lugar cercano” al Templo Dorado, hoy renovado y a salvo del tráfago reinante en la capital espiritual del sijismo.
Vestidos con camisetas negras, decenas de activistas del Dal Khalsa recorrieron este miércoles las calles de Amritsar en una “marcha de recuerdo al genocidio”, con la petición de aprobar una ley que impida al Ejército entrar en recintos religiosos.
Aunque por vez primera en su historia, la India está gobernada por un sij, el primer ministro Manmohan Singh -que ha pedido “pasar página”-, el Dal Khalsa dice no tener ninguna expectativa respecto a él porque, dice Dhami, “es sólo un producto del sistema”.
“Los sijs que votan al Partido del Congreso (al que pertenece Singh) lo hacen para evitar la victoria de los radicales hindúes. No tenemos expectativas con él y no respetamos a Indira Gandhi. Nuestro héroe es Bhindranwale”, remató Dhami.
Han pasado 25 años, pero el radical Bhindranwale no sólo es pasto de artículos de mercadotecnia, como pegatinas, pósters, camisetas o llaveros para venta en romerías, sino que hasta cuenta con un retrato en el museo del Templo Dorado, según la agencia india IANS.
Más de dos décadas después del “peor día” para los sijs, todavía recorren los pasillos de los tribunales indios decenas de familiares de las víctimas de los disturbios que siguieron al asesinato de Indira Gandhi; en busca de justicia.

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Se casa la mujer paquistaní violada en masa que denunció a sus agresores

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Nueva Delhi, 19 mar 2009.- Fue violada en masa por orden de un consejo tribal pero, a diferencia de muchas mujeres paquistaníes, Mukhtar Mai lo denunció y acudió a los tribunales de Pakistán, donde, tras años de lucha contra el tabú de la violación, acaba de casarse con el policía que la protegía.
“Es el sueño de cada mujer: casarse y tener una vida normal y asentada”, dijo a Efe en entrevista telefónica Mukhtar Mai, de 37 años, desde su casa en el pueblo de Meerwala, situado en la provincia oriental paquistaní del Punjab.
El sueño de vida normal de Mukhtar se esfumó el día de junio de 2002 cuando fue secuestrada para pagar un “crimen de honor” de su hermano adolescente, acusado de mantener relaciones sexuales con una chica de un clan más poderoso.
Su hermano fue sodomizado como castigo y Mukhtar fue encerrada y violada en serie por varios hombres, pero en lugar de guardar silencio -por vergüenza- o suicidarse, como marca alguna tradición en Pakistán, esta mujer decidió llevar a sus agresores a los tribunales.
Tras años en distintas cortes y recursos para obtener justicia, Mukhtar elevó su caso hasta las altas instancias del Gobierno y se convirtió en un símbolo de la lucha femenina para acabar el estigma social que una violación lleva consigo.
Su matrimonio, contraído este domingo, es ya parte de los tabúes rotos por Mukhtar, pero no ha estado exento de turbulencias, porque su flamante marido, un policía encargado de su protección, ya está casado con otra mujer.
“Nos conocimos durante el caso. Hablábamos mucho. Un día, acudió a mis padres y les dijo que quería casarse conmigo. Mis padres intentaron convencerme de que era lo mejor para mí, pero yo me negué en un principio”, aseguró a Efe Mukhtar.
Esa negativa llevó al policía, Nasir Abbas Gabol, a intentar suicidarse, según cuenta esta brava paquistaní, que ha hablado ante Naciones Unidas, ha visto publicada su biografía y fue nombrada Mujer del Año por una revista estadounidense.
A raíz del intento de suicidio, a casa de Mukhtar acudieron la mujer y los hijos del policía con el fin de que aceptara la propuesta -legal en el Islam-, pero Mukhtar sólo dio el sí cuando la primera esposa le explicó que su marido abandonaría a su familia de no conseguir el amor de la activista.
“Mi familia decía que era lo mejor para mí, y al final yo misma sentía que no había nada malo en ello. No puse condiciones, salvo que mantengo el derecho de divorciarme”, dijo Mukhtar.
Según la activista, el matrimonio no pondrá en peligro su organización social, que incluye una escuela de niñas en Meerwala desde la que promueve la educación femenina y lucha para erradicar los crímenes de honor, comunes en las áreas rurales del sur de Asia.
Según la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, cada ocho horas se produce una violación en serie en el país, a menudo como consecuencia de castigos ordenados por consejos rurales para pagar por crímenes cometidos por parientes masculinos de las mujeres.
“Por nada del mundo -adujo Mukhtar- dejaré la lucha. Mi marido tiene su propio espacio y yo tengo el mío, así que no vamos a romper el lugar del otro. Y además, todos en la familia de mi marido están dispuestos a apoyarme. Esa es mi misión”.
Tras romper con sus acciones el tabú de la violación y a la espera de que el Tribunal Superior de Pakistán decida qué hacer con los acusados en el caso, ahora Mukhtar Mai se prepara para un nuevo desafío: la vida en familia.
“Mantengo muy buenas relaciones con la otra esposa de mi marido. Yo ahora estoy en mi pueblo y ella vino a visitarme ayer. Estoy muy contenta”, concluyó.

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Más de 2,5 millones de niñas indias desaparecen cada año

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Nueva Delhi, 18 dic 2006.- El feticidio y los asesinatos causan cada año la “desaparición”, denunciada por UNICEF, de 2,5 millones de niñas en la India, sobre todo en las zonas más desarrolladas y mejor educadas del país, según desveló un estudio de la Universidad sueca de Lund.
El acceso a la tecnología por parte de las clases alfabetizadas ha significado, de acuerdo con el estudio, que las familias puedan conocer con antelación el sexo del bebé.
Y, si es niña, muchos deciden acabar con el feto antes de que nazca.
Según declaró hoy a Efe la directora de la ONG “Centre for Social Research” (CSR), Ranjana Kumari, “la educación ha hecho poco por cambiar las mentalidades tradicionales”, para las que en muchos casos una niña, más que una alegría, es un problema.
El asesinato y el feticidio de niñas forman parte en la India de un drama silencioso pero escalofriante, cuya dimensión asciende, de acuerdo con datos de UNICEF, a 50 millones de desaparecidas durante el siglo pasado, “una estimación -dice Kumari- un poco conservadora”.
La propia ministra de la Mujer, Renuka Chowdhury, reconoció en un seminario la semana pasada la muerte de “diez millones de niñas en los últimos 20 años”, a manos de “sus padres”. “Estamos -añadió- ante una crisis nacional”.
Lejos de mejorar, el drama se ha agudizado, según desveló el diario “The Times of India“, hasta el punto de que en el 80 por ciento de los distritos del país se ha producido un declive de la población femenina con respecto a la masculina desde el año 1991.
El séptimo estudio oficial All India Education puso de manifiesto en 2002 cifras alarmantes: una de cada seis niñas indias no llega a celebrar su decimoquinto cumpleaños, y, de los 12 millones de niñas que nacen en el país al año, un millón muere antes de cumplir doce meses.
Los datos, recogidos por el diario “Hindustan Times” y recién publicados por el departamento de Economía Histórica de la Universidad de Lund tras una labor de cuatro años en cinco estados indios señalan un amplio abanico de factores para explicar el problema.
“Desde que las parejas apuestan por tener un solo hijo, predomina la preferencia por el varón. Los padres piensan que es más beneficioso invertir en la educación de un hijo, dado que, como marca la tradición, la niña se irá a vivir tras la boda con la familia de su marido”, declaró Mattias Larsen, promotor del estudio.
En la India, el hijo varón perpetúa el linaje, hereda la propiedad y tiene el deber de cuidar de sus padres cuando envejezcan, mientras la hija “significa” el pago, durante su matrimonio, de una dote tan costosa que muchas familias apenas sí pueden sufragarla.
Las niñas acceden con más dificultades a la educación, tienen menos posibilidades en el mercado laboral porque “de todos modos, cuando se casen, se irán”, y sufren durante la infancia un trato secundario con respecto al varón en el seno de la familia.
El estudio sueco señala el caso de dos pequeños pueblos del distrito de Uttara Kannada, en el estado meridional de Karnataka, donde ciertas familias de la aldea más rica y con más nivel educativo mataron a sangre fría a sus recién nacidas, mientras los “dalits” (intocables) del pueblo vecino tenían un mayor equilibrio entre los dos géneros.
El feticidio y, directamente, el asesinato, han hecho que en la India haya en estos momentos 927 mujeres por cada 1.000 hombres, un índice que en Punjab se despeña hasta un 728 por mil.
Fruto de la política “informativa” del Gobierno, en las calles de muchas ciudades hay gigantescos carteles que muestran dibujos con una niña eligiendo marido entre cuatro hombres, y un mensaje: “Si matáis niñas, no tendréis el amor de las mujeres”.
Sin embargo, eso no es suficiente para la directora del CSR, Kumari: “yo creo que habría que declarar el ‘Estado de Emergencia’ y mejorar la aplicación de las leyes: no puede ser que hasta ahora hayan sido castigados sólo dos doctores, cuando existen 7.000 feticidios al día” (2,5 millones al año).

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