La India se queda sin su fiesta taurina
January 31, 2009
Nueva Delhi, 12 ene 2008.- Los habitantes de la ciudad india sureña de Madurai, el único reducto taurino del país, se quedarán sin sus tradicionales espectáculos de toros por orden del Tribunal Supremo indio, que los calificó hoy como una práctica “bárbara” e “inconstitucional”.
“No vamos a levantar la prohibición sobre el espectáculo”, sentenció hoy el juez K.G. Balakrishnan, a la cabeza de un panel de jueces del Tribunal Supremo de la India.
Las “corridas” indias, llamadas “jallikattu”, son en realidad una “caza” y dominación del toro que se celebra en el cuarto día de la fiesta sureña del Pongal, justo antes de la cosecha: los aficionados dejan suelto a un bravo astado y decenas de personas intentan atraparlo y amansarlo progresivamente.
Este año, los aficionados de Madurai y los alrededores, en la región de Tamil Nadu, esperaban con expectación la orden del Tribunal Supremo sobre la fiesta, que debía celebrarse el próximo 17 de enero.
Y el Supremo fue claro: para decepción de los aldeanos, no habrá “jallikattu” este año, porque es una práctica “bárbara” que atenta contra la Constitución india, donde los derechos de las vacas se cuentan entre sus principios directivos.
La “caza del toro”, que se cobró en 2007 la vida de una persona y causó heridas a otras 65, cuenta además con la oposición de los grupos ecologistas y también del Comité de Bienestar Animal de la India (AWBI, siglas en inglés), un singular organismo gubernamental que llevó el caso a los tribunales.
“La noticia es una decisión gloriosa para todos los amantes de los animales de la India”, dijo a Efe por teléfono el secretario de la organización, Rajesh Sekar.
En la zona de Madurai, sin embargo, muchos han recibido la prohibición con pesar, porque alegan que el “jallikattu” es más antiguo que las hispanas corridas de toros -dicen que la caza data del siglo III- y, sobre todo, que celebrarlo es fundamental para tener buenas cosechas, según sus creencias.
“Si no festejamos el ‘jallikattu’, este pueblo pasará tiempos difíciles: enfermedades y cosas así”, relató un enfadado y bigotudo aldeano a la cadena de televisión india NDTV.
“Nuestro propósito no es ir contra las tradiciones, sino contra la crueldad -contraatacó Sekar-. Diez tipos saltando sobre el toro… Eso no es un deporte”.
Aunque los toros indios no mueren durante la “fiesta”, Sekar asegura que los asistentes les echan pimienta en los ojos, los emborrachan con licor y les cortan los cuernos para, a la vez, inyectar bravura a la res y aminorar el peligro que conlleva haberlo “enfadado”.
Tras soltar al toro, decenas de “valientes” se lanzan sin armas a capturarlo, a la busca de un premio atado entre las astas, mientras el público apuesta por uno u otro competidor y festeja el Pongal sin hacer mucho caso al estatus sagrado que para los hindúes tiene el ganado vacuno.
“Como solía haber heridos, declaramos ganador a la persona capaz de coger al toro por los cuernos durante 100 metros”, relató P. Raghupathy, el apesadumbrado alcalde del pueblo de Alanganallarur, uno de los centros de la fiesta.
Aunque con el tiempo el “jallikattu” se ha convertido en una fiesta de hermandad rural, en realidad comenzó siendo una ceremonia amorosa en la que los pretendientes de una joven casadera debían hacerse con los cuernos del toro para obtener su mano.
Poco sensible al “amor”, el Comité de Bienestar Animal había denunciado en 2004 el sufrimiento del toro al Tribunal Superior de Chennai, en Tamil Nadu, con lo que comenzó un largo tira y afloja entre los seguidores de la fiesta y los defensores de los animales que ha acabado en el Supremo.
Al final, los habitantes de Madurai no podrán ver las hazañas de sus cazadores, aunque los taurófilos indios todavía podrán consolarse con las “reklas”, unas populares carreras de carros tirados por bueyes que sí han pasado el examen del Supremo.
O eso, o ir preparando una visita a las fiestas de verano de algún pueblo español.
“No puedo hablar de las corridas españolas, porque nunca he visto una”, se inhibió echando un capote el ecologista Sekar.
El “tercer sexo” indio busca su espacio entre hombres y mujeres
December 14, 2008
Nueva Delhi, 22 dic 2006.- El caso de Soundarajan Santhi, la atleta india que perdió su medalla en los recientes Juegos Asiáticos por dudas sobre su feminidad, ha reavivado el debate sobre la violenta exclusión social que sufre en el país el llamado “tercer sexo“.
“Santhi tiene toda nuestra solidaridad, y esto debería servir para que la gente detenga la discriminación que sufre la gente con ‘sexo ambiguo‘. Si las minorías sexuales quieren participar en una competición, ¿existe una categoría?”, se quejó Asha Barathi, presidente de la asociación de transexuales del estado sureño indio de Tamil Nadu.
Santhi, de 25 años, aún no ha alcanzado la pubertad pese a que su certificado de nacimiento reza que al nacer era “una niña“, de ahí que su caso haya atraído la atención de las organizaciones de un grupo estigmatizado en la India: los “hijra“.
Apenas un puñado son verdaderos hermafroditas entre los no más de cinco millones de “hijra” (literalmente, impotentes), en su mayoría varones de nacimiento que más tarde deciden operarse sus genitales y vestir “saris” y ropa de mujer.
Los miembros del “tercer sexo” indio tienen una vida paralela que se organiza por barrios, con un maestro encargado de cuatro o cinco “chelas” (aprendices) que van ascendiendo escalones de “feminidad” hasta llegar a la castración, dentro de un mundo marginal y cercano al hampa.
Casi todos ellos, transexuales, eunucos y hermafroditas, comparten la misma situación de prostitución y discriminación laboral y social, que lleva a los hospitales a “no atenderles cuando solicitan ayuda”, denuncia Manvendra Singh, de la ONG Lakshya Trust.
“No es sólo que estén criminalizados, es que siendo uno de los colectivos más vulnerables al sida no tienen acceso a medicinas y la gente, en lugar de prestarles ayuda, se ríe de ellos tanto como les teme”, dice a Efe Singh, que se ocupa de los “hijra” de la ciudad de Surat, en la región de Gujarat.
En Bombay, por ejemplo, la mitad de los “hijra” están infectados de SIDA, sin que el Gobierno escuche sus “problemas”, denunció a Efe Lata Guru, presidenta de la principal asociación del grupo en la ciudad, la Dai Welfare.
“En la ciudad somos 30.000 “hijra”, la mayoría dedicados al espectáculo y la prostitución, y sufrimos una situación muy grave: necesitamos cartas de racionamiento, casas, medicamentos, doctores y también ayuda policial, para acabar con los grupos de suplantadores que bailan en nuestro nombre y se quedan las ayudas”, asegura Lata.
Con “baile”, Lata se refiere a la costumbre de muchos “hijra” de acudir a nacimientos y bodas para pedir cuantiosas sumas, que los afectados casi siempre pagan por temor tanto a una maldición como a soportar gestos obscenos o incluso sufrir la pérdida del bebé a manos de los “hijra” con el argumento de que el niño es “uno de ellos”.
En la India, la tradición de este colectivo se pierde en la historia, y de hecho su existencia está reconocida en una gramática en sánscrito de hace 2.200 años, el Mahabasya, donde se afirma que “los tres géneros gramaticales (del sánscrito) se basan en los tres sexos naturales“.
Hoy en día, sin embargo, entre el temor y el desprecio de la supersticiosa sociedad india, los “hijra” son objeto de rumores como el que les adscribe a extraños funerales nocturnos, en los que la comitiva golpea al muerto a zapatazos mientras le felicitan por haberse librado del “castigo” sufrido en esta vida.
En línea con estas supuestas atribuciones, los miembros del “tercer sexo” se mueven por los bajos fondos y al margen de las instituciones, sometidos a maltratos públicos y haciendo de la prostitución y el crimen su medio de vida.
Aunque el Gobierno indio reconoció su existencia añadiendo a sus pasaportes la letra “e” (“eunuco“), los “hijra” indios tienen por delante un largo trecho, al menos hasta lograr que los médicos no les echen de los hospitales alegando que no pueden ingresarlos ni junto a los hombres ni junto a las mujeres.
El futuro de la humanidad está escrito en hojas de palmera
December 14, 2008
Nueva Delhi, 15 dic 2006.- Los manuscritos de palma, que recogen el saber ancestral indio, son causa de litigio entre los científicos, que buscan la conservación de los milenarios documentos, y los astrólogos “Nadi“, que han convertido en negocio su habilidad para leer en ellos el futuro de las personas.
En la actualidad existen unos 400.000 documentos escritos en hojas de palma, muchos de los cuales se encuentran “muy deteriorados”, dijo a Efe el director del Instituto de Estudios Asiáticos, John Samuels.
“El clima tropical permite que un manuscrito de palma tenga una vida útil de unos 350 años, pero gracias a las generaciones de copistas que se esforzaron en la preservación del saber, hay contenidos con una antigüedad de 2.500 años”, agregó el experto.
Siguiendo una tradición que recuerda a los monasterios medievales, los copistas de Tamil Nadu, en el sur de la India, recogieron conocimientos como la carpintería o la medicina ayurvédica sobre el soporte que tenían más a mano, hasta que la llegada de la imprenta causó el declive de su uso en el siglo XIX.
Parte de los manuscritos están ya ordenados, microfilmados, tratados químicamente y en museos, pero todavía existen, sólo en el sur de la India, unos 100.000 documentos albergados en depósitos sin medidas de conservación.
“Muchos manuscritos están en peligro, y aunque la UNESCO se ha implicado en conservarlos, lo cierto es que disponemos de fondos limitados para una tarea gigantesca”, advierte Samuels.
Un problema mayor para el experto radica en que sólo un puñado de personas en el mundo entero puede descifrar el significado de las viejas lenguas muertas que sirvieron para canalizar el saber milenario indio.
Por esa razón, el Instituto de Estudios Asiáticos, con sede en Madrás, enseña cada año a 25 estudiantes el “vatta ezhuthu“, una lengua clásica dravítica, un número claramente insuficiente ante la riqueza de contenidos existente.
Leyendo las palmas, los estudiosos pueden bucear en la medicina, el arte, la astronomía, el yoga o incluso las artes marciales tradicionales, pero sin duda el saber más popular se articula en torno a los “sabios” del templo de Vaitheeswaran, que afirman leer en ellas el pasado y el futuro de las personas.
En virtud del sistema conocido como “Nadi” (“en búsqueda”), los “iniciados” aseguran que el destino de los individuos fue escrito en las hojas de palmera hace cientos de años, de ahí que pueda leerse su futuro, pero también su pasado.
Los astrólogos articulados en torno al templo estiman que el 40 por ciento de la humanidad “tiene escrita la línea entera de su vida en una hoja de palmera”.
“A partir de una huella dactilar -afirma a Efe desde Delhi el astrólogo “Nadi” Khousik Mahashiva- obtenemos la hoja con el pasado y el futuro de la persona. La lengua del escrito es muy vieja, pero la traducimos al hindi. Kya ap aiymana chahate he? (‘¿Quieres probar?’)”.
La mera mención de Vaitheeswaran y de la astrología “Nadi” despierta la indignación de John Samuels, para quien los astrólogos del templo son, sencillamente, unos “timadores” que se han negado a permitirle “ver las hojas con las que trabajan”.
“A mí -asegura-, me dijeron que sus manuscritos tenían mil años, pero las palmas no resisten tanto. En realidad, inventan lecturas sobre una base folklórica para timar a la gente”.
La astrología es apenas uno de las materias recogidas en las hojas de palmera, pero tiene una importancia especial debido a que cada año miles de extranjeros acuden a Tamil Nadu para obtener una lectura sobre su destino.
Sin embargo, como dice a Efe un bibliotecario de la Universidad de Madrás, “esos supuestos sabios no saben ‘vatta ezhuthu’, pero sí ganar dinero: se las arreglarán para averiguar tu nombre y el de tus padres y los escribirán sobre una hoja”.
“Mejor no perder el tiempo. No hay nada en los manuscritos -concluye-, aparte de toda la historia cultural de la civilización india”.
Los suicidios en la India no entienden de castas
December 14, 2008
Nueva Delhi, 27 oct 2006.- Agricultores arruinados, soldados bajo presión, ancianos cansados de vivir o escolares marcados por la competitividad son algunas de las caras del suicidio en India, un problema creciente que nadie sabe muy bien cómo afrontar.
Los 1.021 agricultores que se han suicidado en el centro de la India desde julio de 2005 son botón de muestra de un fenómeno que ha convertido también la región de Tamil Nadu, en el sur, en el lugar del planeta con mayor índice de suicidio adolescente.
Los diarios indios no tienen normalmente recato en tratar este asunto, tabú en otras culturas, y suelen informar de los suicidios de adolescentes en las páginas de sucesos dando toda clase de detalles.
En Tamil Nadu, por ejemplo, la tasa de suicidios entre los jóvenes es de 103 por cada 100.000 habitantes, nueve veces más que la media mundial, y más del 50 por ciento de las muertes de mujeres jóvenes se deben a esta causa.
Allí y en el estado vecino de Kerala se producen la mitad de las 100.000 muertes auto inducidas anuales registradas en la India, que han aumentado un 60 por ciento en apenas una década.
Kerala, según las estadísticas, es el estado más culto y alfabetizado de toda la India.
Según dijo a Efe el sociólogo Nandu Ram, “en Tamil Nadu y otras regiones del sur hay un culto al líder que conduce a la gente a matarse, como ocurrió tras la muerte de M.G. Ramachandran“, un actor y primer ministro de la región que murió en 1984 y arrastró a más de 100 personas al suicidio.
Mientras, los estudiantes son proclives a crisis de autoestima debido a problemas familiares, la violencia doméstica, amores fracasados o enfermedades mentales, también les afecta el sistema educativo indio, que apuesta fuertemente por la competitividad de cara a la inserción laboral.
“Muchos chicos no son capaces de afrontar las exigencias de sus padres o del colegio y eso les genera complejos y les hace pensar que no existe otra salida”, aseguró el sociólogo.
En el caso de los agricultores, el suicidio se ha convertido en una respuesta a un campo sin futuro, sobre todo en Vidarbha, donde las deudas generadas por la caída de los precios del algodón y la sequía son las causas más citadas por los analistas locales.
La mayoría de los campesinos son analfabetos en la India, de ahí que para muchos sea más complicado lograr préstamos bancarios que acudir a usureros ilegales, aunque ello suponga el pago de unos intereses que pueden alcanzar el 60 por ciento y son cobrados a veces con métodos coercitivos.
El Gobierno indio aprobó una serie de medidas para mejorar la situación los campesinos, pero las tasas de suicidios han aumentado porque las ayudas, de acuerdo con la versión de los sindicatos, no llegan.
Según el portavoz de la organización agrícola Vidarbha Jan Andolan Samiti (VJAS), Kishor Tivari, los suicidios tienen una traza común: ocurren entre pequeños campesinos endeudados que se enfrentan a alguna enfermedad familiar, una hija en edad casadera o un hijo desempleado, además de una caída de los precios o la producción.
Ahora, el VJAS contempla la organización de “gandhigiris“, una suerte de huelgas que siguen los principios “gandhianos” de la verdad, la tolerancia, la no violencia y la unidad, con el fin de alcanzar un “precio justo“, de unos 45 euros por quintal de algodón.
Por su parte, el Ejército indio, menos dado a “gandhigiris” que los campesinos, ha anunciado la contratación de psicólogos contra la plaga de suicidios entre sus filas, estimados en unas 500 desde 2002 y concentrados sobre todo en la región en disputa de Cachemira.
De todos modos, la controversia en torno al suicidio es la misma: determinar cuál es el valor de la vida en un país que tiene 1.100 millones de habitantes y ha comenzado apenas a desarrollarse.
Y es que en la India, algo tan individual como el suicidio se ha convertido en un problema de masas y no entiende de castas.



















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