El Ejército ceilanés divulga las primeras imágenes del cadáver de Prabhakaran
September 4, 2009
Nueva Delhi, 19 may 2009.- El Ejército ceilanés divulgó hoy las primeras imágenes del cadáver del jefe de la guerrilla tamil (LTTE), Vellupillai Prabhakaran, horas después de que el presidente de Sri Lanka anunciara oficialmente el fin de 26 años de guerra.
“El cadáver de V. Prabhakaran, líder psicópata de la más bárbara organización terrorista del mundo, los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE), ha sido encontrado hace poco”, aseguró el ministerio de Defensa en un comunicado.
El vídeo difundido por Defensa mostraba a un grupo de soldados en torno al cadáver del líder guerrillero, dispuesto en uniforme rebelde sobre unas parihuelas y atacado por las moscas, con la cara hinchada y aparentes heridas de bala en la cabeza.
El hallazgo fue realizado por el Ejército en las cercanías del lago Nanthikadal, donde las tropas rechazaron este lunes un último intento de los guerrilleros por escapar del cerco que sufrían, lo que causó, según la versión oficial, 352 muertos en las filas rebeldes.
“La victoria que hemos alcanzado derrotando al LTTE es la victoria de nuestro país, nuestra patria. Proteger a la población tamil es mi responsabilidad y mi deber”, dijo Rajapaksa en su comparecencia ante el Parlamento, recibida por continuos aplausos.
Rajapaksa pidió ayuda a la comunidad internacional para reconstruir el norte del país, asolado por la guerra, pero rechazó “importar” una solución política para dotar de autonomía a los minoritarios tamiles, las grandes víctimas del conflicto.
“No tenemos tiempo para experimentar con las soluciones sugeridas por otros países”, dijo Rajapaksa, tras brindar por la reconciliación nacional y abogar por la integración de todos.
Los combates de la guerrilla y el Ejército en los últimos meses han causado la muerte de al menos 6.500 civiles, según datos de la ONU, mientras que otros 265.000 se encuentran confinados en campamentos instalados por el Gobierno sin poder salir de ellos.
“Nuestro objetivo era proteger a los tamiles de las garras del LTTE. Para proteger a los civiles tamiles inocentes nuestros soldados sacrificaron sus vidas”, dijo Rajapaksa, que decretó un día festivo para mañana en conmemoración de la “derrota del terrorismo”.
Durante su discurso, Rajapaksa se mantuvo en silencio sobre Prabhakaran, lo que alimentó durante unas horas la especulación acerca de su muerte, reforzada además porque un alto cargo de la guerrilla en el exilio negó la muerte de su líder.
“El Gobierno de Sri Lanka hace reivindicaciones no verificadas. Sólo puedo decir que nuestro líder nacional está vivo y a salvo”, dijo en entrevista para el portal Tamilnet -afín a la guerrilla- el jefe de relaciones internacionales del LTTE, S. Pathmanathan.
Distintas fuentes oficiales confirmaron este lunes la muerte de Prabhakaran, quien supuestamente intentaba huir de la zona a bordo de un vehículo blindado y una ambulancia acompañado de su número dos, Pottu Amman, y del jefe de la división naval, Soosai.
La guerrilla se encontraba desde hace semanas rodeada por el Ejército en una pequeña franja del noreste del país donde también se hacinaban decenas de miles de civiles, víctimas de bombardeos de las tropas y de la represión rebelde en caso de intentar la huida.
Tras el combate final del lunes, el Ejército publicó una lista con 18 nombres de líderes guerrilleros muertos en la que no se encontraba Prabhakaran, aunque sí sus colaboradores más cercanos y su hijo primogénito, Charles Anthony, jefe del área tecnológica.
Hoy, Pathmanathan acusó a las tropas de haber cometido un “crimen contra la Humanidad” por los “asesinatos” del líder político del LTTE, B. Nadesan, y del jefe de la secretaría de paz (LTTEPS), S. Puleedevan, quienes intentaban negociar con las tropas desarmados y con banderas blancas.
“Lo que ocurrió el lunes fue una masacre bien planeada de varios oficiales civiles desarmados del LTTE con el propósito de aniquilar su estructura política”, destacó el portal Tamilnet, que apuntó a una “alta figura de Defensa” como responsable.
El LTTE inició un levantamiento armado contra Sri Lanka en 1983 en reivindicación de un estado independiente en el norte y el este de la isla, controlada por la mayoría cingalesa, y desde entonces han muerto más de 80.000 personas víctimas de la violencia.
La comunidad internacional centra ya su atención en el destino de los civiles confinados en los campos del Gobierno, a la espera de la visita este viernes a la isla del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
Ejército ceilandés proclama derrota de guerrilla tamil tras 26 años en guerra
September 4, 2009
Nueva Delhi, 18 may 2009.- El Ejército de Sri Lanka dio hoy por concluidos los cerca de 26 años de guerra en el país tras acabar con la cúpula y los últimos guerrilleros de los “tigres” tamiles, en una ofensiva de varios meses durante la que han muerto miles de civiles.
“Todos los líderes del LTTE (Tigres para la Liberación de la Patria Tamil) han muerto”, dijo a Efe por teléfono el director de información del Gobierno, Anusha Palpita.
Poco después, el jefe del Estado mayor ceilanés, Sarath Fonseka, declaró en un comunicado difundido por el Ministerio de Defensa que las tropas han “derrotado militarmente” al LTTE y “liberado a la nación de tres décadas de terror”.
La guerrilla estaba cercada desde hace semanas en una pequeña franja costera del noreste de Sri Lanka, donde además se hacinaban decenas de miles de civiles que han sido víctimas de duros bombardeos militares y de disparos rebeldes si trataban de huir.
Este fin de semana, el Ejército logró aislar a los últimos guerrilleros en menos de un kilómetro cuadrado, hasta que esta mañana los Tigres tamiles llevaron a cabo una operación desesperada para lograr la huida de la cúpula dirigente.
“Intentar escapar era su única oportunidad. Ahora todos están muertos y no hay ningún superviviente en la zona”, dijo a Efe el portavoz del Ejército, Udaya Nanayakkara, quien anunció que los militares controlan ya “todo el territorio”.
Durante ese último combate, las tropas acabaron con las vidas de unos 250 guerrilleros, según el portavoz, quien dio por hecho que entre los fallecidos figuran tanto el líder guerrillero supremo, Vellupillai Prabhakaran, como su número dos, Pottu Amman.
El líder guerrillero, de 54 años, intentó salir de la zona de combate junto a Amman y al jefe de la marina guerrillera, Soosai, en un convoy formado por una ambulancia y una furgoneta que fueron tiroteadas por el Ejército.
La noticia de su muerte llegó horas después de que el Ejército anunciara la del primogénito de Prabhakaran, Charles Anthony, y la de otros seis conocidos líderes de este longevo y sanguinario grupo guerrillero que lucha por la independencia tamil en la isla.
Entre ellos estaban el máximo encargado de asuntos políticos, B. Nadesan; el responsable de la Secretaría de Paz (LTTEPS), S. Puleedevan, y el director de la policía rebelde, Ilango.
“Esta es la primera vez que un grupo terrorista ha sido completamente aniquilado por un Gobierno democrático”, comentó a Efe por teléfono el secretario ceilanés de Exteriores, Palitha Kohona, quien restó credibilidad a las denuncias sobre muertos civiles.
En un comunicado publicado hoy en Tamilnet -un portal afín al LTTE-, la guerrilla denunció hoy que el Ejército ha llevado a cabo una “masacre decidida” contra el último reducto tamil, donde apenas quedaban “1.000 guerrilleros heridos, funcionarios y civiles”.
“Colombo ha decidido no permitir ninguna oportunidad para que el LTTE negocie y aniquilar su liderazgo”, mantuvo la guerrilla, con conexiones en el exterior del país.
Este domingo, los Tigres tamiles ya declararon que la batalla había llegado a su “amargo final” y anunciaron un cese unilateral de los combates para evitar un derramamiento de sangre mayor entre los civiles.
Era la respuesta al anuncio del Gobierno acerca del “rescate” de los 50.000 civiles que continuaban en las últimas áreas guerrilleras y que han sido trasladados a los campamentos instalados por las autoridades para acoger a los desplazados.
“Creemos que el Ejército ha tomado entre 50.000 y 80.000 civiles en los últimos días y los está trasladando a campamentos. Ha ganado la guerra, pero se levanta una cuestión obvia: ¿y ahora qué”, dijo a Efe el portavoz de la ONU en el país, Gordon Weiss.
Los violentos combates han causado desde comienzo de año la muerte de más de 6.500 civiles, según cálculos de la ONU, a falta de añadir los datos de las últimas semanas, ya con la guerrilla cercada junto a miles de personas que usaba para protegerse.
Y en los campamentos, según Kohona, hay en este momento 250.000 personas a la espera de que el Gobierno rehabilite sus zonas de procedencia, aunque las organizaciones de ayuda denuncian que los tamiles no tienen permiso para salir de ellos.
La muerte de los líderes guerrilleros que luchaban por obtener la independencia tamil marca el fin de una etapa en este antiguo conflicto asiático de Asia y fue saludada hoy con celebraciones en Colombo por parte de la mayoría cingalesa.
El “tigre” tamil Prabhakaran, líder de una guerrilla sanguinaria y resistente
September 4, 2009
Nueva Delhi, 18 may 2009.- El escurridizo líder Vellupillai Prabhakaran, muerto hoy a manos del Ejército de Sri Lanka tras 26 años de lucha, ha sido el rostro de la guerrilla tamil, un cuerpo sanguinario que llegó a tener una aviación propia y patentó los ataques suicidas como arma de combate.
El inflexible fundador de los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE) y el resto de líderes de la guerrilla “están todos muertos”, aseguró hoy a Efe un portavoz militar, quien dijo que sólo falta confirmar oficialmente el reconocimiento del cadáver.
Héroe para sus adeptos y terrorista para el Gobierno ceilandés, Prabhakaran lideró con mano de hierro una guerrilla bien entrenada y disciplinada que puso en jaque durante décadas al Ejército, que hoy aseguró haber acabado con lo que quedaba del LTTE, unos cientos de hombres que resistían acorralados en menos de un kilómetro cuadrado.
Lejos queda el tiempo en que Prabhakaran llegó a controlar dos tercios de las costas y un tercio del territorio total de Sri Lanka.
Durante dos décadas y media de lucha, el “tigre” Prabhakaran no ha dudado en eliminar por cualquier medio cualquier atisbo de disidencia entre la comunidad tamil, y hasta el final sus hombres dispararon contra la población que quería huir de los combates.
Nacido en noviembre de 1954 en la península de Jaffna (norte) como el menor de cuatro hermanos, su vida puede resumirse en una sanguinaria carrera para lograr la independencia de los tamiles de la isla tras décadas de discriminación por parte de la mayoría cingalesa.
Aunque durante su mando ha concedido muy pocas entrevistas, se dice de Prabhakaran que era un estudiante tímido que, enfadado por los malos tratos que sufrían los tamiles, se apuntó a artes marciales e inició su militancia en movimientos independentistas.
En 1975, fue acusado de asesinar a bocajarro al entonces alcalde de Jaffna, Alfred Duraiappah, poco tiempo después de fundar una organización denominada Nuevos Tigres Tamiles (TNT), el germen de lo que sería el LTTE.
Ya renombrado, los guerrilleros del LTTE emprendieron una campaña de violencia de baja intensidad que contó con un apreciable apoyo popular y desembocó en 1983 en una guerra abierta contra el Gobierno de Sri Lanka que ha causado más de 70.000 muertos (casi 6.500 de ellos este año, según cálculos de la ONU).
Prabhakaran construyó una organización de tipo totalitario preparada para llevar a cabo audaces ataques terroristas y golpes de efecto, pero también para gestionar un Estado de hecho, con hospitales, Policía y hasta un servicio propio de aduanas.
Líder indiscutible del LTTE, Prabhakaran se mostró inflexible ante la disidencia en el movimiento armado, que ha dirigido desde sus búnkeres y redes de túneles excavados en las áreas selváticas ahora conquistadas por el Ejército.
“Prabhakaran no es el tipo de hombre que vive en la superficie. Estoy seguro de que está viviendo bajo tierra”, dijo a la prensa sólo hace unos días el brigadier Shavendra Desilva, que dio por descontado que el “tigre” iba a luchar “hasta el último momento”.
Cada año, el jefe del LTTE pronunciaba un discurso con motivo del día de los Héroes de la Patria Tamil.
“Hay tres fundamentos: la patria tamil, la nacionalidad tamil y el derecho a la autodeterminación de los tamiles. Esas son las demandas fundamentales de los tamiles”, dijo en una multitudinaria y excepcional rueda de prensa en 2002, cuando el LTTE alcanzó un alto el fuego con el Gobierno.
Objeto de constantes rumores y especulaciones, se dice que el histórico líder guerrillero, que sufría de diabetes, sobrevivió a varios intentos de asesinato y captura, y que llevaba colgada del cuello una cápsula de cianuro para evitar que lo atrapasen con vida.
Prabhakaran estaba casado con Mathivathani Erambu y tiene tres hijos, dos varones y una chica.
Según el Ejército ceilanés, su mujer, su hija y su hijo menor están fuera del país, pero el mayor, de 23 años y que seguía a su padre en el frente, murió hoy también poco antes de su progenitor.
Prabhakaran estaba buscado por la Interpol por terrorismo, asesinato, crimen organizado y conspiración terrorista.
ONU denuncia un “baño de sangre” civil en combates en el noreste de Sri Lanka
September 4, 2009
Nueva Delhi, 11 may 2009.- Los últimos combates en el reducto de la guerrilla tamil en el noreste de Sri Lanka han causado este fin de semana un “baño de sangre”, según denunció hoy la ONU, que cifró en 380 los civiles muertos, un centenar de ellos niños.
“Damos por buenos los datos de doctores del Gobierno presentes en la zona, que denunciaron la muerte de 380 personas. Más de 100 niños están entre los fallecidos”, dijo a Efe por teléfono el portavoz de la ONU en Sri Lanka, Gordon Weiss.
Weiss aseveró que la ONU “no atribuirá” la responsabilidad por la matanza, de la que Gobierno y guerrilla se acusan mutuamente, pero recordó que la organización ya “había avisado de que habría un baño de sangre” porque los civiles están en medio de los combates.
El Ejército de Sri Lanka lanzó hace algunas semanas su ofensiva final contra el último reducto de los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE), una franja costera del norte en la que se hacinan entre 50.000 y 100.000 civiles, según la ONU, aunque el Gobierno asegura que son entre 15.000 y 20.000.
Un trabajador humanitario en Sri Lanka dijo a Efe que es “imposible” saber lo que está pasando en la zona de combates porque no hay observadores en ella, pero recordó que el único bando “con capacidad militar para bombardear desde el aire es el del Gobierno”.
El pasado 27 de abril, el Gobierno ceilanés ordenó al Ejército limitar sus operaciones, y poner fin al uso de armas pesadas y bombardeos aéreos, a pesar de que con anterioridad había desmentido repetidamente la utilización de ese tipo de armamento.
Pese a la orden, los combates continuaron y se recrudecieron este fin de semana en las áreas de Mullivaaykaal y Vadduvaakal, las últimas bajo control de la guerrilla, cercada por las tropas en un territorio de unos cuatro kilómetros cuadrados.
El jefe de la Organización para la Rehabilitación de los Tamiles (TRO) -también ligada a la guerrilla-, Lawrence Christy, dijo hoy que más de 3.200 civiles han muerto desde el domingo por la tarde y pidió una intervención internacional para detener el “genocidio”.
Un portal afín a la guerrilla, Tamilnet, publicó fotografías supuestamente tomadas este fin de semana con víctimas de bombardeos y edificios ardiendo.
Las acusaciones de la guerrilla han sido desmentidas por el Ministerio ceilanés de Defensa, que afirmó hoy que es el propio LTTE el que está atacando a la población tamil en el área bajo su control para propiciar una intervención internacional.
“Están bombardeando a sus propios civiles con armas pesadas para echar la culpa a las fuerzas de Sri Lanka. En su cálculo, creen que esto llevará a otros países a lanzar una cuerda de salvamento que redima sus almas”, aseveró Defensa en un comunicado.
Los “Tigres” tamiles “son impotentes para resistirse a las fuerzas de Sri Lanka. Necesitan a sus amigos internacionales y recurrirán a cualquier cosa para atraerlos. Así que de nuevo los civiles son el objetivo”, añadió.
En las últimas semanas ha crecido la preocupación por el estado de los civiles atrapados, quienes, según dijo a Efe la portavoz de Cruz Roja en Sri Lanka, Sarasi Wijeratne, se enfrentan a una escasez aguda de agua, medicinas o personal médico que los atienda.
“Desde febrero pasado hemos llevado a la zona 2.350 toneladas de comida. Esa cantidad es incluso insuficiente para atender las necesidades básicas de la población atrapada”, dijo la fuente.
Según la portavoz, la Cruz Roja ha sacado de la zona desde febrero a 13.769 civiles heridos o enfermos en 31 operaciones de evacuación naval, que en ocasiones se han visto entorpecidas por los constantes combates.
El Gobierno de Sri Lanka ha rechazado hasta ahora todas las peticiones internacionales para detener su ofensiva contra la guerrilla tamil, que lucha desde hace más de 25 años para obtener un Estado independiente en el este y el norte de la isla.
Tanto el LTTE como el Gobierno mantienen una activa propaganda para ganar apoyos en el conflicto, pero la mayoría de las reivindicaciones carecen de comprobación independiente porque está prohibido el acceso a los frentes de batalla.
La organización Human Rights Watch ha pedido ya al Consejo de Seguridad una investigación para averiguar si se están produciendo “crímenes de guerra” en Sri Lanka, extremo sobre el que el portavoz de la ONU rehusó opinar.
Sri Lanka asegura que dejará de bombardear el reducto de la guerrilla tamil
September 4, 2009
Nueva Delhi, 27 abr 2009.- El Gobierno de Sri Lanka aseguró hoy que sus tropas dejarán de bombardear o usar armas pesadas contra el último reducto guerrillero tamil, tras una semana de presiones internacionales por la muerte de unos 2.000 civiles en su ofensiva contra la guerrilla.
“El Gobierno de Sri Lanka ha decidido que las operaciones de combate han alcanzado su conclusión”, aseguró el Ejecutivo ceilanés en un comunicado.
“Nuestras fuerzas de seguridad han recibido órdenes de poner fin al uso de armas de grueso calibre, aviación de combate y armas aéreas que podrían causar bajas civiles”, añadió el Ejecutivo, que por primera vez admitió que las ha empleado en su ofensiva.
El Ejército de Sri Lanka lanzó hace una semana un ataque final contra los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE) en una franja costera del distrito norteño de Mullaitivu, el último foco de resistencia guerrillera tras más de 25 años de guerra.
En esa pequeña franja, de unos 17 kilómetros cuadrados y declarada previamente “zona segura” por el Gobierno, se habían concentrado hasta 190.000 civiles (cálculos de la ONU), muchos huidos de otras zonas de combate.
El Ejército ceilanés asegura que 110.000 civiles han sido “rescatados” de ese territorio en la última semana y que quedan entre 15.000 y 20.000 junto a unos cientos de miembros de los LTTE, rodeados ahora en unos seis kilómetros cuadrados.
Según el comunicado de hoy, las tropas limitarán de ahora en adelante sus actividades al rescate esos civiles “mantenidos como rehenes” por los “Tigres” tamiles, aunque un portavoz militar aclaró a Efe por teléfono que esto no supondrá un freno de sus operaciones en la zona.
“El LTTE está confinado en una pequeña área. Lo que el Gobierno quiere decir es que los combates se limitarán al rescate de esas personas”, dijo el portavoz, Udaya Nanayakkara, en alusión a la población tamil.
En la misma línea, una fuente de Defensa desmintió que el anuncio gubernamental signifique un alto el fuego por presión internacional, y aclaró que se enmarca en una política de “cero bajas civiles” cuando las misiones de combate “están alcanzando su fin”.
La ONU calcula que 50.000 personas siguen en el interior de la franja costera, aunque el LTTE eleva la cifra a 165.000 y advierte de que son “inminentes” las muertes por hambre porque el Gobierno bloquea los suministros alimentarios desde principios de mes.
Un representante de los “Tigres”, S. Puleedevan, acusó hoy al Gobierno ceilanés de intentar “engañar” a la comunidad internacional, ya que los bombardeos continuaron en la zona después del anuncio gubernamental, informó el portal web afín a la guerrilla, Tamilnet.
La guerrilla acusó también a las tropas ceilanesas de causar nuevas muertes de civiles en un ataque esta mañana -calificado por Nanayakkara como “maniobras de rescate”- y luego aseguró que hubo dos bombardeos más contra objetivos civiles tras el anuncio de que éstos cesarían.
Acosado por el Ejército, el LTTE declaró ayer, domingo, un “alto el fuego unilateral” con efectos inmediatos aludiendo a la mala situación humanitaria en la zona, pero el Gobierno lo consideró un mero intento de la guerrilla de ganar tiempo y reagruparse.
El “alto el fuego” guerrillero y el anuncio del Gobierno han coincidido con la presencia en la isla del subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, John Holmes, quien pidió ayer a ambos bandos una “pausa” humanitaria.
Holmes, que tiene previsto marcharse esta noche, se reunió con el ministro ceilanés de Asuntos Exteriores, Rohitha Bogollagama, y visitó Vavuniya (norte) para comprobar las condiciones de los civiles tamiles recluidos por el Gobierno en campos de desplazados, donde falta de todo para cubrir sus necesidades básicas.
También tiene previsto entrevistarse esta tarde con el presidente, Mahinda Rajapaksa, informó a Efe un portavoz de Exteriores contactado por teléfono.
Rajapaksa se permitió hoy mandar un recado a la comunidad internacional aprovechando la masiva victoria que obtuvo este fin de semana su partido en unas elecciones regionales.
“La Provincia Oeste ha enviado un mensaje decisivo a la comunidad internacional. Ha declarado categóricamente que ningún poder tiene derecho o justificación moral para pagar la fianza del brutal terrorismo cuando se escriben las últimas líneas de su capítulo final”, dijo Rajapaksa.
Sri Lanka conmemora independencia con 52 civiles muertos en combates en norte
March 6, 2009
Nueva Delhi, 4 feb 2009.- La ONU denunció hoy la muerte de 52 civiles en los duros combates que se registran en el norte de Sri Lanka, país que conmemora hoy su independencia embarcado en una violenta ofensiva del Ejército contra la debilitada guerrilla tamil.
“Al menos 52 civiles han muerto en ataques registrados anoche en el sector de Suranthapuram. Estamos pendientes de saber más detalles”, aseguró a Efe por teléfono el portavoz de la ONU en Sri Lanka, Gordon Weiss.
Weiss denunció además un ataque con bombas de racimo contra el hospital de Puthukudiyirippu, que ha sido objeto de bombardeos desde el pasado domingo y está cerca de varias áreas de combate entre el Ejército y el LTTE (Tigres para la Liberación de la Patria Tamil).
Por el momento se desconoce si ha habido víctimas en este último ataque, en tanto que en los registrados hasta el pasado lunes, según datos de la Cruz Roja, al menos doce civiles han muerto y otros 30 han resultado heridos y las bombas han dañado las cocinas, la iglesia, el pabellón femenino e infantil y la sala de operaciones.
“Creemos que los civiles han empezado a abandonar el centro a la búsqueda de un lugar seguro. Estamos a la espera de conocer si hay más muertos en este último ataque”, aseguró a Efe por teléfono la portavoz de la Cruz Roja, Sarasi Wijeratne.
Aunque todas las miradas apuntan al Ejército como responsable, un portavoz militar negó a Efe que los ataques contra el hospital hayan sido obra de la aviación ceilanesa, en línea con la versión oficial del Gobierno, que dice no actuar contra objetivos civiles.
“Nunca hemos usado ni tenemos bombas de racimo. Sabemos que viola normas internacionales -dijo a Efe el portavoz Udaya Nanayakkara-. Respecto a Suranthapuram, hay combates contra la guerrilla. En todo caso, los muertos serían guerrilleros vestidos de civiles”.
Este domingo expiró un plazo de 48 horas fijado por el Gobierno para que los civiles que continúan en áreas del LTTE entraran en una zona de seguridad como “única forma” de quedar a salvo durante los combates que enfrentan al Ejército con la guerrilla.
Desde finales de 2007, el Ejército se ha embarcado en una poderosa ofensiva que le ha permitido arrebatar a la guerrilla sus bastiones principales y el grueso de su territorio, hasta rodearla en un área selvática de unos 200 kilómetros cuadrados en el noreste.
De ese logro se congratuló el presidente ceilanés, Mahinda Rajapaksa, quien asistió hoy al desfile militar celebrado en Colombo con motivo del aniversario de la independencia del país, obtenida en el año 1948 de manos del Imperio Británico.
“Confío en que en unos pocos días derrotaremos decisivamente a la fuerza terrorista que muchos decían que era invencible”, aseveró Rajapaksa en su discurso ante los asistentes al desfile, entre ellos los principales dirigentes castrenses.
“Hemos logrado derrotar casi por completo a las cobardes fuerzas del terror que mantenían atemorizada nuestra nación.(…) Nuestras heroicas Fuerzas Armadas nos han dado la oportunidad de celebrar el aniversario de la Independencia libres de la sombra del terrorismo”, añadió.
Su Ejecutivo se enfrenta, sin embargo, a una creciente presión internacional para respetar a la población civil atrapada en zona de guerra, que Sri Lanka estima en 120.000 personas frente a las 250.000 calculadas por las organizaciones internacionales.
Desde el inicio en 1983 de la guerra abierta de la guerrilla tamil contra el Estado, han muerto en la isla del Índico casi 100.000 personas víctimas del conflicto étnico, y cientos de miles se encuentran desplazadas.
Ante la precaria situación de la guerrilla tamil, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Noruega instaron ayer a los rebeldes a abandonar las armas y negociar con el Gobierno el fin de la guerra civil, para evitar así más derramamiento de sangre.
El LTTE mantiene bajo su control los pequeños núcleos urbanos de Visuamadu y Puthukudiyirippu, tras perder en enero el estratégico paso del Elefante, la ciudad de Kilinochchi -su capital de facto-, y la ciudad de Mullaitivu, que era su último gran bastión.
Los “tigres” tamiles luchan por proclamar un estado independiente en el norte y el este de la isla, donde su etnia tiene mayor presencia, frente a la cingalesa, mayoritaria en el país.
Dos reyes en Lanka
February 13, 2009
El poema histórico “Mahavamsa”, un recuento de ocho siglos sobre los reyes de Sri Lanka, recoge el combate legendario que el rey cingalés Dutugamunu sostuvo contra un rey tamil usurpador, Elara, que se había apoderado del norte tras invadir la isla desde la India con sus tropas. En plena batalla, Dutugamunu se plantó ante su enemigo y los dos se enfrentaron a lomos de sus elefantes, hasta que el cingalés hirió mortalmente con un dardo a Elara, más viejo y menos ágil.
“El agua del tanque se tintó de rojo con la sangre de los muertos”, clama el poema sobre la batalla. De aquella historia han pasado más de 2.100 años, pero Dutugamunu es hoy uno de los personajes más queridos por los elementos nacionalistas de la mayoría cingalesa, que domina el estado en la isla del Índico. En Sri Lanka sigue corriendo sangre. Y no es un secreto que su presidente, Mahinda Rajapaksa, sueña con emular al mítico Dutugamunu, en vista de la ofensiva militar que ha puesto de rodillas en el norte a la guerrilla tamil.
“Si no hubiera civiles ahí dentro, no tardaríamos ni un día en destruirla”, responde al otro lado del hilo telefónico el portavoz del Ejército de Sri Lanka, Udaya Nanayakkara. En el último año y medio, las tropas han conquistado un territorio mayor que la provincia de Sevilla –unos 14.800 kilómetros cuadrados- y han arrinconado a los Tigres tamiles (LTTE) en una esquina selvática en el noreste de Sri Lanka.
Pero su ofensiva exitosa –apoyada en una abrumadora superioridad armamentística y un Ejército 15 veces más numeroso que la guerrilla- se enfrenta ahora a la barrera humanitaria que las organizaciones de ayuda y varias potencias recuerdan al Gobierno: dice la ONU que en los últimos bastiones guerrilleros hay unos 250.000 civiles atrapados e indefensos ante los bombardeos de la aviación gubernamental, los combates incesantes y las supuestas presiones –y disparos- de la guerrilla para que no huyan de las últimas áreas bajo su control.
“No nos podemos dar un plazo, porque tenemos que minimizar el daño causado a los civiles”, comenta Nanayakkara. Esa es también la versión oficial del Gobierno ceilanés, aunque hasta ahora el factor civil no ha detenido anteriores avances. Y las versiones independientes son muy poco amables: el portavoz de la ONU en el país, Gordon Weiss, acusó la semana pasada al Ejército de una masacre con 52 muertos civiles. Razón por la que los halcones del Gobierno piden la evacuación de los cooperantes extranjeros: los testigos corren riesgos porque suponen un riesgo.
“Tenemos unos 20 trabajadores en el terreno, pero no puedo precisar dónde se encuentran. Algunos están con los pacientes, otros han sido desplazados. Estamos preocupados por la higiene, los refugios, las medicinas. Desde finales de enero no ha sido posible llevar ayuda humanitaria a las áreas de guerra”, cuenta la portavoz de la Cruz Roja, Sarasi Wijeratne. Su organización es la única autorizada por los contendientes para operar.
La antipatía de ambos bandos por las versiones independientes cristaliza en las difíciles condiciones de trabajo que afronta la Cruz Roja en sus tareas de asistencia a los civiles o la prohibición de que los reporteros accedan a los campos de batalla. En el ambiente pesan también las amenazas y asesinatos contra periodistas, como el sonado caso del editor Lasantha Wickramatunga. Crítico con el Gobierno y sabedor del peligro que corría, Wickramatunga, tiroteado de camino al trabajo el 8 de enero, dejó preparado un demoledor artículo para que fuera publicado a su muerte:
Otros caminaron –dejó escrito en referencia al presidente, Mahinda Rajapakasa- en la sombra de la muerte que tu presidencia ha supuesto para la libertad por la que una vez luchaste duramente. Nunca podrás olvidar que mi muerte sucedió ante tus ojos. Tan angustiado como sé que estarás, también sé que no tendrás más elección que la de perdonar a mis asesinos”.
“No es más que otro asesinato”, dijo luego a la BBC el secretario de Defensa, Gotabhaya Rajapaksa (hermano de sangre del presidente). Él mismo, considerado uno de los más duros defensores de la solución final contra la guerrilla, fue objeto de un intento de asesinato por parte del LTTE. Como también lo fue el actual jefe del Estado mayor ceilanés, Sarath Fonseka, que dirige las operaciones del Ejército.
La ofensiva de Fonseka y el clan Rajapaksa ha tenido hasta ahora un éxito indiscutible: el LTTE ha pasado de controlar amplias franjas costeras del este y el norte –donde los tamiles tienen mayor presencia- a quedar arrinconado en un espacio de 140 kilómetros cuadrados en las áreas selváticas de Mullaitivu, el feudo histórico al que siempre se ha replegado cuando las cosas contra el Ejército se ponían feas.
Pero la situación pinta mal para la guerrilla, peor que otras veces: según el Ejército, el LTTE apenas cuenta con 600 guerrilleros “en disposición de lucha directa”, que se encuentran rodeados por unos 50.000 soldados que cubren todos los flancos. Hasta se especula con la posible huida vía marítima de su líder supremo, Velupillai Prabhakaran, mientras sus antiguos escondites caen uno tras otro en manos de las tropas.
Los Tigres tamiles son conscientes de su obvia inferioridad militar, así que su estrategia hasta el momento se ha basado en resistirse lo más posible al avance de las tropas y replegarse llevándose consigo a los civiles cuando sus posiciones eran insostenibles. Siguiendo esta técnica –limitando sus bajas, dicen-, han perdido hasta ahora sus feudos principales: su capital de facto, Kilinochchi, el estratégico Paso del Elefante y la ciudad de Mullaitivu.
La estrategia cuenta con el apoyo de una de sus alas más experimentadas: la división de propaganda, experta en comunicación y contra-información desde portales como Tamilnet, en inglés, o Puthinam, en tamil, con los que intenta atraer la atención de la diáspora y de la comunidad internacional para lograr un alto el fuego o una mediación. Estos días, los medios tamiles se recrean en ataques contra hospitales, disparos contra civiles y, en resumen, la palabra “genocidio”.
En esta hermosa isla que cuelga de la India en los mapas y en los despachos, la acusación levanta viejos fantasmas en la memoria de la comunidad tamil. Componen el 18 por ciento de la población, es decir, unos dos millones de personas (no hay censos fiables) pero han visto cómo desde la independencia el estado era levantado por la mayoría cingalesa siguiendo criterios exclusivistas y hasta discriminatorios. Un ejemplo muy citado es la declaración del cingalés como única lengua oficial.
Por eso la guerrilla apuntala sus mensajes con referencias a la discriminación, al genocidio. Y sin embargo, aparte de que no existe comprobación independiente de sus reivindicaciones, una posible mediación de la comunidad internacional o un alto el fuego se antojan difíciles. Principalmente porque el Gobierno de Sri Lanka siente demasiado cercana la victoria militar como para aceptar una zanahoria diferente, pero también porque la India, la principal potencia regional, se frota las manos con la posibilidad de obtener la cabeza de Prabhakaran, el responsable del asesinato del ex primer ministro Rajiv Gandhi.
Pero la presión sobre el Gobierno aumenta. La India, que proporciona un callado suministro armamentístico a la isla, no puede permitirse apoyar demasiado abiertamente a Rajapaksa porque con ello se ganaría la furia de su propia población tamil, 66 millones de personas que comparten cultura y costumbres con sus “hermanos” del norte de Sri Lanka. Y Estados Unidos, la Unión Europea Japón y Noruega han pedido una tregua momentánea para permitir la huida de los civiles atrapados. Rajapaksa recibió incluso una llamada del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, quien le pidió parar los combates unas horas. “Gracias por su interés, señor, pero no es posible”, respondió Rajapaksa.
En el cálculo gubernamental, los ataúdes de soldados que llegan cada mes a Colombo, la crisis humanitaria o la posible regañina internacional son un precio que vale la pena pagar: por primera vez en varias décadas, Rajapaksa ha conseguido convencer a la población de que es posible barrer militarmente a la guerrilla, que a sus 25 años de existencia es una de las organizaciones más sangrientas del mundo y ha mantenido al país partido en dos con su violento desafío.
Desde el inicio de la guerra en 1983 han muerto casi 100.000 personas, según contaba por teléfono el ministro de Minorías, Dev Gunasekara, entre brotes esporádicos de violencia étnica, en acciones militares o en atentados de la división de suicidas de la guerrilla, los Tigres Negros, que se fotografían con su líder supremo antes de acudir a la muerte cierta y arrastrar con ellos a quien se ponga por delante.
Los guerrilleros tamiles gustan de cultivar la mística de la revolución: su símbolo es un tigre rugiente y van uniformados como si ellos mismos lo fueran. Con el uniforme, reciben una pastilla de cianuro que deben ingerir en caso de ser capturados.Cuentan -o contaban- con una fuerza aérea (un par de avionetas de fabricación checa) y una Armada.Hasta esta ofensiva del Ejército, habían montado un mini estado de facto con hospitales, policía, tribunales y aduanas propias.
Y a la vez, mantenían la disciplina entre sus filas con mano de hierro y alimentaban la fidelidad con una llamativa atención por la mercadotecnia (hasta venden canciones patrióticas por internet), gracias en parte a los fondos reunidos con aportaciones de la poderosa diáspora tamil en el extranjero, donde desarrollaron una poderosa red clientelar con conexiones que van desde París a Toronto y que fue golpeada con fuerza a partir del 11-S en Nueva York.
El propio Prabhakaran ha mostrado desde siempre un desprecio ofensivo contra los derechos humanos. Militante desde el origen de la guerrilla, ha cometido él mismo varios asesinatos, ha ordenado otros, como el mencionado de Rajiv Gandhi- y es buscado por la Interpol por múltiples cargos. De su sequedad da idea la orden de expulsión de 80.000 musulmanes residentes en las áreas tamiles, a quienes dio un plazo (cumplido) de 24 horas. Se marcharon con lo puesto.
En su despiadada carrera para obtener la independencia de la minoría tamil y erigirse en voz única de la etnia en Sri Lanka, Prabhakaran no ha dudado en eliminar a sus adversarios políticos –cercanos o lejanos-, usar niños soldado, y en recurrir a los atentados suicidas o los tiros en la nuca para terminar con cualquier disidencia o amenaza.
Así que Capturar al líder tamil traería el mejor titular para coronar la ofensiva militar de Rajapaksa. Sería un golpe definitivo, la derrota total y simbólica que un violento Dutugamunu asesta a un Elara despojado de su antigua justicia. Pero cuando el rey cingalés le clave el dardo final a la guerrilla, llegará el verdadero desafío: hacer que los tamiles se sientan cómodos en Sri Lanka.
Y no es fácil. Para el día después, el Gobierno prepara ya varios campos de detención para acoger a los refugiados tamiles, similares a otros en los que languidecen los musulmanes. En el ámbito tamil, el LTTE ha dominado la vida política hasta tal punto que su desarticulación militar dejará probablemente un vacío peligroso para la comunidad, que quedará desorganizada. Para los tamiles, el desafío estribará en construir un movimiento político alejado de la violencia.
Dicho de otro modo: dependerán de su propia capacidad para adaptarse al día después, pero también de las hasta ahora inexistentes compasión y la magnanimidad de Rajapaksa, cuando deje de correr la sangre.
Por si al presidente le faltara voluntad, la historia ofrece pistas: pese a su derrota, el invasor rey Elara pasó a la historia como un rey justo y respetado, que logró garantizar la convivencia entre sus súbditos con independencia de su etnia. Tras vencerlo en el campo de batalla, el propio Dutugamunu se arrepintió de su acción y ordenó cremar al rey caído con honores. La pena fue tanta que ordenó construir un túmulo. “Nunca conoció la alegría, recordando la destrucción tanto de sus enemigos como de sus propios soldados”, dice el “Mahavamsa”. Veamos.
Sri Lanka celebra 60 años de independencia con guerra abierta en el norte
February 3, 2009
Nueva Delhi, 4 feb 2008.- Sri Lanka celebró hoy con desfiles, discursos y estrictas medidas de seguridad sus 60 años de independencia, marcados por las operaciones militares de las tropas gubernamentales en el norte del país contra la guerrilla tamil.
Ante la perspectiva de posibles atentados terroristas, las autoridades cortaron las principales arterias viarias de Colombo y las operadoras de móviles anunciaron la suspensión de los servicios de mensajería durante seis horas.
“Hemos incrementado las medidas de seguridad para beneficio de los ciudadanos de este país”, dijo a Efe una fuente del Ministerio ceilanés de Defensa.
El presidente de Sri Lanka, Mahinda Rajapaksa, acudió al paseo marítimo capitalino de Galle Face Green, donde asistió a un desfile militar y escuchó en pie las notas del himno nacional en un acto boicoteado por los principales partidos de la oposición.
“Hay ante nosotros dos desafíos principales -dijo el presidente en su mensaje a la nación-. Uno es el desafío de erradicar el terrorismo y el otro es el desafío de erradicar la pobreza. Respecto al primero, es un motivo de satisfacción que la Provincia del Este haya sido liberada”.
El Ejército terminó 2007 con la moral en alza tras una ofensiva exitosa que confinó a la guerrilla del LTTE (Tigres para la Liberación de la Patria Tamil) en sus bastiones del norte del país.
El LTTE tiene un dudoso historial en materia de derechos humanos y es considerado una organización terrorista por 32 países, pero a la vez gestiona un pequeño Estado de facto en su territorio, con un aparato judicial independiente, servicios sanitarios y de policía, y una autoridad aduanera.
La guerrilla lucha desde hace más de dos décadas por un Estado independiente en el este y norte del país, donde los tamiles son mayoría, y resiste por el momento a los ataques del Ejército en las líneas de búnkeres que conforman el frente de batalla.
Aunque ya sólo existía sobre el papel, el alto el fuego suscrito en el año 2002 por ambos bandos quedó anulado el 16 de enero por el Gobierno, con vistas a iniciar una nueva ofensiva en el norte con, según dijo hoy Rajapaksa, “buenas expectativas de éxito”.
Desde entonces, el Ejército informa diariamente de la muerte de decenas de combatientes rebeldes, aunque no existe una comprobación independiente porque los reporteros no tienen acceso al frente de batalla.
“Nuestro objetivo por el momento no es conquistar nuevos territorios, sino debilitar al enemigo lo máximo posible, destruyendo búnkers y matando rebeldes. Pero estaremos en el lugar oportuno en el momento oportuno”, dijo a Efe el portavoz del Ejército, Udaya Nanayakkara, contactado telefónicamente.
Pese a que las tropas anunciaron a comienzos de enero un avance en el distrito norteño de Mannar, Nanayakkara reconoció que todas las líneas del frente se mantienen estables, y no quiso hacer declaraciones respecto a una ofensiva inminente.
El LTTE ha respondido al recrudecimiento de los combates con un incremento de los ataques terroristas, como el que este domingo acabó con la vida de once civiles y causó heridas a 92, obra de una mujer suicida que hizo estallar la carga explosiva que portaba en una estación de trenes de Colombo.
Y hoy la ciudad sufrió la explosión de un otro artefacto junto a un transformador eléctrico, sin que se produjeran víctimas.
Con unos índices de educación y salud que son la envidia del subcontinente, la isla del Índico es sin embargo víctima de un conflicto que enfrenta desde hace décadas a tamiles y cingaleses y que ha dejado ya más de 65.000 muertos.
Hoy, el presidente Rajapaksa aseguró que esos problemas serán sólo “transitorios”, que las dificultades a corto plazo servirán para traer un futuro más brillante y que Sri Lanka tiene la confianza de la comunidad internacional.
Sin embargo, aunque el Gobierno recogió en un comunicado que había “celebraciones jubilosas a lo largo del país”, la situación en la capital de hecho de los rebeldes, Kilinochchi, puso bien de manifiesto la existencia de dos Sri Lankas.
“Aquí todo está hoy normal. La gente ha ido a trabajar como cualquier otro día. No hay ninguna celebración especial. Esto es tierra tamil”, dijo a Efe un responsable de una ONG local que pidió el anonimato.



















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