Un militar retirado quiere ser presidente afgano a golpe de pedal

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Kabul, 19 ago 2009.- Al viejo militar retirado Sangin Mohamed Rahmani le niegan el paso en los puestos de control de Kabul, sin saber que pese a su sencillo aspecto y su vehículo, una bicicleta de segunda mano, es uno de los candidatos a la Presidencia afgana en las elecciones de mañana.
Con una pensión de 825 dólares al año, Rahmani se ha embarcado en la quijotesca tarea de conquistar a los electores a golpe de pedal, y atiende las llamadas con un viejo móvil descatalogado y con poca cobertura.
“No tengo donde quedarme en Kabul, así que no puedo recibirle en ningún lugar. La entrevista tendrá que ser donde usted lo decida”, se excusa Rahmani minutos antes de aparecer frente a la casa de huéspedes en la que se aloja Efe, caminando con su bicicleta.
Viene vestido con un traje gris avejentado y una camisa blanca abrochada hasta el cuello, y con un aire cansino pero resuelto saca de la funda reciclada de un portátil -“su oficina”, como la llama él mismo- un fajo de sellos y papeles.
Rahmani es uno más entre los 41 de los candidatos -dos de ellos mujeres- que se presentaron a las elecciones pero, a diferencia de otros que se retiraron o decidieron apoyar a los grandes favoritos, continúa al pie del pedal por las calles afganas.
“Pues sí, estoy todo el día en la bici y el número de kilómetros que habré hecho es ilimitado. Algunos ya me conocen, y cuando voy por ahí los taxistas y los conductores de autobús me señalan”, cuenta ufano el viejo Rahmani, oriundo del noreste del país.
La mayoría de los candidatos eran desconocidos para la opinión pública afgana, y de hecho el jefe de la Comisión Electoral, Azizulá Ludín, dijo al comienzo de la campaña que algunos “no merecían ser presidente”.
Pese a su peculiar y modesta manera de entender la campaña, Rahmani, que ha gastado unos 5.000 dólares -la mayoría, dice, prestados- expone sus ideas ordenadamente: detención de criminales, trabajo para evitar que los jóvenes se enrolen con los talibanes…
“El día que el Ejército afgano -prosigue este viejo militar ciclista- pueda valerse por sí mismo, tomaré una decisión sobre las tropas extranjeras en consenso con la ONU. Pediría que se marchen, pero ahora no es el caso”.
Rahmani, con estudios universitarios y autor de dos libros de poemas -uno se titula “Lucha sin dinero”- trabajó en la sección de logística e ingeniería del Ejército hasta que los talibanes se auparon al poder y recibió una carta de despido.
Con la llegada de las tropas extranjeras y la toma de posesión del hoy presidente, Hamid Karzai, fue rehabilitado y comenzó a recibir una pensión mensual, aunque considera que el Gobierno “no ha hecho nada para acabar con los talibanes”.
Así que hace unos meses se decidió a recorrer el país en coche en busca de firmas de apoyo “para que la gente pudiera tener una oportunidad de participar en el Gobierno y que Afganistán pudiera desarrollarse de una vez”. Logró 10.000.
Rahmani no ha sufrido ataques de los insurgentes y dice haber llevado a cabo su campaña con libertad, aunque se queja de la escasa atención de los medios y acusa a los candidatos más pudientes de pagar a la gente para que asista a los mítines.
“Si las elecciones son transparentes y no hay fraude, les superaré. A mí los medios me han dado la espalda y ellos sólo enseñan mítines repletos de gente con gorras y camisetas que han recibido dinero por asistir”, comenta.
“El problema de los candidatos como Rahmani es su ingenuidad, no sus ideas. No es ningún loco, sino un buen hombre que tiene una manera propia de expresar sus opiniones”, manifiesta a Efe un estudiante kabulí, Yusuf, tras escuchar al candidato.
Hace cinco meses, a Rahmani le robaron la bicicleta. Era la hora del rezo y la dejó aparcada fuera de la mezquita, una jugosa ocasión para los rateros de Kabul, que le obligaron a comprar otra, también con dinero prestado.
Pese a los sinsabores de su campaña, en la que él mismo ha pegado sus carteles, Rahmani no desiste: “Algunos me preguntan: ¿cómo vas a ser presidente, tú que vas en bicicleta? Y les digo: ¿por qué no? No soy rico, pero conozco los problemas de este país”

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