Víctimas aún sufren secuelas del escape industrial de Bhopal 25 años después

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Nueva Delhi, 2 dic 2009.- La demanda de justicia y las secuelas que continúan sufriendo las víctimas marcan el 25 aniversario del escape tóxico en la ciudad india de Bhopal, considerado por muchos como la peor catástrofe industrial de la Historia.
“La situación es muy mala. En muchos sentidos, es peor de lo que era antes. El Gobierno protege los intereses de las grandes corporaciones”, dijo a Efe el jefe del Grupo de Información y Acción de Bhopal, Satinath Sarangi.
Su organización, según cuenta él mismo por teléfono, atiende diariamente a unas 150 víctimas de un suceso que causó la muerte inmediata de 3.000 personas, aunque la cifra total de fallecidos podría rondar los 25.0000.
A las 00.05 del 3 de diciembre de 1984, 40 toneladas de “humo blanco” -una mezcla tóxica de metisocianato– provenientes de la planta de la empresa de pesticidas Unión Carbide llenaron el aire en los barrios cercanos con efectos devastadores.
Miles de ciudadanos de Bhopal se echaron aterrados a las calles para huir del gas y alcanzar los hospitales, aunque los centros quedaron pronto sobrepasados y muchas personas agonizaron durante horas mientras el aire tóxico penetraba en sus pulmones.
Una investigación posterior halló varios fallos de seguridad en la planta, donde las alarmas sonoras estaban apagadas cuando ocurrió el accidente, aunque Unión Carbide mantiene que el escape fue causado por un “sabotaje deliberado”.
“Alguien echó agua deliberadamente en el tanque de almacenamiento del gas y esto causó una masiva reacción en cadena”, afirma sobre los hechos Unión Carbide, que se deshizo en 1994 de la fábrica, que hoy está en manos de la estadounidense Dow Chemical.
El escape tóxico causó la muerte inmediata de 3.000 personas, según el Tribunal Supremo de la India, aunque varias asociaciones médicas han elevado hasta 25.000 los fallecidos desde entonces debido a las dos tragedias: el escape y la polución subsiguiente.
“Aquel 3 de diciembre, quienes murieron, murieron. Pero esperábamos al menos que los demás se recuperarían en el futuro. Nunca sucedió”, cuenta a Efe Rashida Bee, una superviviente que dirige hoy en día la fundación Chingari, de ayuda a las víctimas.
Pese a los esfuerzos de limpieza, se calculan en unas 5.000 las toneladas de residuos tóxicos en la zona afectada, y unas 30.000 personas continúan todavía hoy consumiendo agua envenenada de los alrededores por falta de acceso a agua potable.
“Muchos de los elementos químicos encontrados en el suministro de agua son agentes cancerígenos conocidos o sospechados”, afirmó esta semana la organización británica Bhopal Medical Appeal en un estudio sobre la calidad de los acuíferos que rodean la planta.
Veinticinco años después de los hechos y tras incontables retrasos y trabas, son ya 572.000 personas las que han recibido compensaciones, aunque según Sarangi esta cifra no incluye a los niños que han ido naciendo con malformaciones.
La actual dueña de la planta, Dow Chemical, insiste en que no tiene responsabilidad sobre el accidente, ya que Unión Carbide aceptó en 1989 un acuerdo extrajudicial para pagar 470 millones de dólares, que fueron usados para compensar a las víctimas.
Pero los activistas exigen a la actual propietaria que limpie la zona de vertidos contaminantes, proporcione cuidados médicos a las víctimas y colabore en la extradición del responsable de Unión Carbide Warren Anderson, hoy prófugo de la justicia india.
“El Gobierno no ha hecho nada. La gente todavía utiliza el agua. Queríamos que el Gobierno presionara a Dow Chemical porque es la compañía que debe asumir la responsabilidad, pero lo triste es que les están protegiendo”, dijo a Efe Rashida Bee.
Las autoridades de Madhya -la región de Bhopal- anunciaron en noviembre que aprovecharían el aniversario para abrir la planta al público y demostrar que era segura, pero luego dieron marcha atrás excusándose en un código de conducta que rige en período electoral.
“La fábrica abrirá, pero quizá en enero, una vez que termine el proceso electoral (municipal)”, dijo la semana pasada el ministro de Ayuda y Rehabilitación regional, Babulal Gaur.
Autoridades y activistas defienden la construcción de un memorial para recordar la tragedia, aunque estos últimos critican que el Gobierno regional presupueste para el monumento un coste cuatro veces mayor que lo gastado estas décadas en ayudar a las víctimas.

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